Aguilar ve el origen de las galleteras en su ubicación y su tradición confitera

Enrique Bravo, Javier Moreno, César del Valle, Sandra Ibáñez y Alberto Corada. /Nuria Estalayo
Enrique Bravo, Javier Moreno, César del Valle, Sandra Ibáñez y Alberto Corada. / Nuria Estalayo

Las IV Jornadas de Historia despiertan gran interés para escuchar las conferencias y disfrutar del mejor patrimonio molinar harinero

NURIA ESTALAYOAguilar de Campoo

Las Jornadas de Historia de Aguilar volvieron a despertar un gran interés en su cuarta edición y muchos seguidores se dieron cita en el cine Amor para poder escuchar a los conferenciantes y no perderse el didáctico recorrido por el patrimonio molinar harinero más rico de España. El historiador Alberto Corada y el biblioteconomista Enrique Bravo, organizadores de este evento cultural que cuenta con el apoyo del ayuntamiento aguilarense, presentaron las jornadas acompañados de la concejala de Cultura, Sandra Ibáñez. Del mismo modo, fueron los encargados de presentar a los ponentes: el historiador y coordinador del Centro Expositivo ROM César del Valle, y el catedrático palentino y doctor en historia económica Javier Moreno.

César del Valle habló del Monasterio de Santa María la Real desde su nacimiento hasta su rehabilitación, centrándose sobre todo en el expolio (legal e ilegal) y saqueo de sus restos tras la desamortización de Mendizábal. Explicó cuáles son las piezas (capiteles, sarcófagos, pilares, basas) que se conservan en el Museo Arqueológico de Madrid, exaltando la calidad de estos trabajos que fueron elaborados por excelsos maestros canteros. También mencionó la existencia de un capitel del monasterio aguilarense en la Universidad de Harvard, en Estados Unidos. Igualmente, recordó la donación a la Asociación de Amigos del Monasterio de dos capiteles arrancados del claustro bajo que fueron reubicados en su lugar primigenio: uno de ellos entregado por el Museo Arqueológico de Palencia y el otro (con figuras de grifos), por Eugenio Fontaneda.

«La Mejor María del país»

Por su parte, Javier Moreno, gran conocedor de la vida actual y pasada de los aguilarenses disertó sobre el nacimiento de la industria galletera en la villa y de su trayectoria hasta el comienzo de la Guerra Civil Española. El catedrático aclaró que, al contrario de los que algunos aún creen, la galleta María no fue creada por Fontaneda ni tuvo su origen en España, ya que vino del otro lado del Canal de la Mancha.

Tampoco fue la primera en fabricarse en España, aunque que la Fontaneda sí fue, según destacó, «la mejor galleta María del país», además de la más popular. Igualmente, comentó la buena calidad que se puede encontrar hoy en la galleta María Dorada de Gullón, que calificó de «muy buena».

Javier Moreno explicó el origen de este simbólico producto que deriva de una especie de pan al que se le había extraído el agua (para que durase más) que llevaban los marineros. A este pan náutico posteriormente se le añadió azúcar y nació la galleta. En sus inicios, la galleta era consumida sobre todo por soldados, marineros y también por los mineros. Luego se extendió a la población infantil y siguió difundiéndose su consumo por el resto de la población.

En Aguilar –explicó el doctor en Historia– había una arraigada tradición confitera, los obradores chocolateros invadían los soportales de la Plaza de España. Este enraizado oficio, el clima (frío y seco), las buenas comunicaciones y la facilidad para obtener, gracias al acceso al puerto de Santander, tanto la materia prima como los envases metálicos (los de cartón no se comenzaron a utilizar hasta la década de los 60), convirtieron la localidad aguilarense en el enclave ideal para la elaboración de galletas.

Antes que en Aguilar comenzó en Alar del Rey la industria galletera con Palacios. En la villa aguilarense fueron varios los empresarios que comenzaron su fabricación con desigual suerte y con mayor o menor permanencia en el tiempo.

Molino Turruntero.
Molino Turruntero. / Nuria Estalayo

Además de todas las beneficiosas condiciones que proporcionaba la villa para la elaboración de este dulce, el catedrático palentino indicó otro contexto favorable que añadir: la que existía en la cercana localidad cántabra de Reinosa de una 'escuela' de formación de confiteros. Allí se formaron dos hermanos Fontaneda (Juan y Eugenio, los primeros en Aguilar de la famosa saga empresarial) quienes instalaron sus obradores en la localidad a finales del siglo XIX. Juan en 1876 y Eugenio, en 1881. Posteriormente Juan cedió a su hermano el negocio y Eugenio Fontaneda se convirtió en el mayor chocolatero de Aguilar, comenzando posteriormente a fabricar galletas.

Una visita guiada por Javier Moreno a dos molinos de la localidad completó la jornada. El primero en visitarse fue el Molino Malla situado junto al puente Mayor al inicio del Paseo de la Cascajera, que además de fábrica de harinas generaba energía eléctrica. El otro, el Molino Turruntero, situado cerca del homónimo puente y de Peña Aguilón.