La ley y la trampa

«La orden ministerial está cargada de buenas intenciones, no lo pongo en duda, pero conociendo la naturaleza de nuestro país habrá quien chantajee a sus empleados y falsee los registros»

Identificador de huellas digitales./Jorge Peteiro
Identificador de huellas digitales. / Jorge Peteiro
Roberto Carbajal
ROBERTO CARBAJALValladolid

Nuestra querida España siempre ha sido un país de pícaros. De hecho, existe todo un género novelesco en el que se describen las aventuras y desventuras de estos individuos. Quevedo, en 'El buscón'; Cervantes, en 'Rinconete y Cortadillo', o la anónima 'Lazarillo de Tormes' constituyen solo algunos ejemplos de una prolífica literatura que retrata ese lado entre oscuro y divertido del carácter español.

Hace meses el Gobierno aprobó un decreto-ley que acaba de entrar en vigor para evitar en parte el avasallamiento a los trabajadores. Se trata de controlar las horas extraordinarias que realiza todo hijo de vecino en las empresas privadas, sin importar su tamaño. Las cifras que se han publicado a cargo de la EPA reflejan que en nuestro país se regalan millones de horas de trabajo para lucro del empresario y que, en muchos casos, producen la explotación del empleado. El Ministerio de Trabajo ha anunciado que sancionará con contundencia a quienes no lleven un registro fiable de los horarios del personal a su servicio. También ha reconocido que la redacción de la norma podría haberse hecho mejor y que dará un periodo de gracia a los empresarios a fin de que demuestren que hacen todo lo posible para crear un registro de entrada y de salida que refleje la limpieza del horario de los asalariados. O sea, todo el mundo a fichar. Trabajo ha ampliado hasta el 13 de agosto el plazo para que los implicados pongan orden en sus casas. Si no, cuando te visiten los inspectores, prepara la cartera.

La orden ministerial está cargada de buenas intenciones, no lo pongo en duda, pero conociendo la naturaleza de nuestro país habrá quien chantajee a sus empleados y falsee los registros. Esto no es necesario explicarlo. Y la forma de hacerlo es muy sencilla, como todo quisque sabe. Otra cosa es que los empleados denuncien ante la Inspección las presiones a las que van a ser sometidos para manipular esta especie de dietario. Hay cierto escepticismo entre los agentes sociales sobre este asunto. Solo nos queda esperar y ver los resultados. Aunque hecha la ley, hecha la trampa.

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