Roca Rey o los argumentos del cura de Villalpando

«Exhibición de dominio a pesar de encontrarse medio inconsciente»

Roca Rey sale por la puerta grande tras cortar las dos orejas al sexto de la tarde tras el noveno festejo de la Feria de San Isidro, en la Monumental de Las Ventas, en Madrid./Efe
Roca Rey sale por la puerta grande tras cortar las dos orejas al sexto de la tarde tras el noveno festejo de la Feria de San Isidro, en la Monumental de Las Ventas, en Madrid. / Efe
Gonzalo Santonja
GONZALO SANTONJAValladolid

Repuesto en un santiamén de una cogida fea en el saludo con el capote a la espalda de un sobrero del Conde de Mayalde, toros mitad segovianos, mitad toledanos, Roca Rey se plantó en los medios y haciendo de tripas corazón se afirmó rotundamente en el sitio de privilegio que con empaque y con los argumentos doctrinales del famoso cura de Villalpando, a la limeña redivivos en Las Ventas el pasado miércoles, se tiene mucho más que sobradamente ganado. Permítaseme recordarlos en el román paladino del refranero: «Los cojones del cura de Villalpando,/ cuatro bueyes los llevan, y van sudando».

Estatuarios de escalofrío, indiferente el diestro a la embestida irregular y cruzada de un animal áspero, derechazos ajenos a sus derrotes y naturales indiferentes a sus tarascadas. Exhibición de dominio a pesar de encontrarse medio inconsciente. Que el toro no humillaba, que no humillase. Que levantaba la cara, pues buenas tardes. Que la soltaba, que la soltase. Faena larga, antes de entrar a espadas sonó el aviso. Y cuando se obró el milagro de que Roca Rey pasará por su propio pie a la enfermería sobre la plaza, se extendió el pesar de que allí se quedaba. Porque llevaba un puntazo que, a pesar de su impavidez, parecía de consideración.

Sin embargo, le cosieron –se dice pronto: le cosieron– y regresó a la cara de 'Maderero', el último de la tarde, un parladé negro listón de 565 kilos y a pocos meses de los seis años, acapachado de pitones, rajadito en el capote, aventado en el caballo y a por uvas en banderillas, al cual, contra todo pronóstico, metió de inmediato en la muleta. Por abajo y con categoría. El toro, de justito, pasó a soberbio, demostrando, para decirlo con palabras de Tirso de Molina, que «en nuestro siglo terrible/ lo que parece imposible» a veces hasta sucede.

Veintidós años y segunda puerta grande clamorosa en Las Ventas. Y el próximo día 30 buscará la tercera en una corrida para la que no se encuentran billetes ni por las nubes. Jornada esta de reflexión, constatemos lo obvio: descontados los intransigentes a piñón fijo, que forman parte del paisaje de Las Ventas, Roca Rey gana por mayoría abrumadora. A su estilo, puntería mañana en las urnas.