Memorias tóxicas

«La hipocresía como factor condicionante en el capitalismo es un campo que no se ha estudiado con la debida profundidad»

Woody Allen./ Reuters
Woody Allen. / Reuters
Eduardo Roldán
EDUARDO ROLDÁNValladolid

Lleva años y años escuchando la misma pregunta –el mismo ruego–, cuándo va a publicar sus memorias, señor Allen, usted que no deja de generar interés, que ha sido de los pocos capaces de crear no solo un personaje sino un icono, usted, que es casi un género literario en sí mismo por la cantidad de libros, de todas las materias, desde la filosofía a la música, que beben de su trabajo…

Y ahora que las tiene escritas, los editores no se dignan siquiera leerlas. Por «toxicidad». La hipocresía como factor condicionante en el capitalismo es un campo que no se ha estudiado con la debida profundidad. Hoy, en la época del magma viscoso del pensamiento políticamente correcto –que ni es pensamiento, ni es político, ni es correcto–, ha adquirido proporciones tan magníficas como descorazonadoras. Nos hemos adherido a la narrativa establecida y lo último que deseamos es que nos derriben del caballo oficial. Que los jueces hayan confirmado que no hubo abuso sexual; que nueve psiquiatras testificasen bajo juramento que Soon-Yi estaba influida por Mia Farrow cual Nerón por Agripina; que varios de los otros hijos de Farrow hayan salido en defensa de Allen… Todo esto no importa. Importa la opinión del hijo/hijo –es decir, del hijo de Frank Sinatra, según, más que sugerir, parece subrayar la fisonomía–, justiciero ciego, como todo justiciero. El artículo del hijo sobre Weinstein tuvo como víctima colateral al cineasta neoyorquino –no diremos que era el objetivo escondido–, y desde entonces el repudio de actores que habían trabajado con él (más hipocresía), y de gente que ha condenado a Allen sin leer las noticias, como antes condenaban sus películas sin verlas.

Así, a Allen no solo lo condenamos en contra del veredicto judicial, sino que además le arrebatamos el derecho a la palabra, él que tantas memorables nos ha proporcionado. Eso sí: no dejamos de airear la sacrosanta libertad de expresión, sobre todo en Internet, aunque el asunto no tenga relación.

* twitter @enfaserem