España es diferente

Cuando vivimos el problema más grave y profundo en la historia de nuestra democracia por el desafío independentista, lo peor es la falta de acuerdo entre opciones constitucionalistas

Noche electoral de Vox en Madrid. /Efe
Noche electoral de Vox en Madrid. / Efe
David Dobarco
DAVID DOBARCOValladolid

Es conocida la ambición y espíritu de supervivencia de Pedro Sánchez, pero además tiene suerte y eso es importante para todo, aunque siempre sea fundamental buscarla. Tras unos inicios conflictivos para consolidar su liderazgo, hace menos de dos años, conoció a un gran estratega, desdeñado por el Partido Popular tras conseguirle una inesperada victoria en Extremadura: Iván Redondo. El valor de sus servicios puede certificarlo Sánchez; tras su insospechada y espectacular toma de poder con una menguada base parlamentaria, ha sabido ganar tiempo para consolidarse, como certifican las últimas elecciones. En ellas ha contado con otro aliado insospechado y determinante: Vox, un partido de ultraderecha que cambió, fundamentalmente, la agenda del PP; ha funcionado como un 'troyano' y lo ha reducido a un 16,7% del electorado, privándolo de un 10,3%; Sin Vox el PP hubiera tenido una base del 27%, muy próximo al 28,7% del PSOE; que se ubicaba como fuerza de izquierda moderada y centro. Así que la estrategia era fácil: no cometer errores y que los «horribles servicios» de Vox, según expresión de un personaje de 'L.A. Confidential', asustaran a la gente, y con razón. Los temas a evitar eran el problema catalán, reducirlo a uno más, y la Unión Europea, por su incidencia en la política económica, que ya nos impuso una «reforma constitucional exprés» en 2011. Todo se ha desarrollado según la estrategia y, aunque en los debates televisivos Sánchez no fue el mejor, tampoco cometió errores de bulto y el resultado ha sido brillante, una vez diluido el bipartidismo; 123 parlamentarios dan una base mucho más sólida que los 85 previos, se ha anunciado que el PSOE intentará gobernar en solitario y es factible. Se trata de un Parlamento más operativo, pese a ser más fragmentado, aunque no surja coalición entre PSOE y Ciudadanos.

Las cuentas de la estrategia le han salido brillantemente a Pedro Sánchez. Lo que no es tan claro es que hayan salido bien para el Estado español. En Cataluña, las formaciones independentistas pasan de 17 a 22 diputados y sale reforzada la Esquerra Republicana de Rufián, protagonista de diversas broncas parlamentarias, que aumentarán con la presencia de Vox. Tras su irrupción parlamentaria, iniciada en las elecciones andaluzas, el efecto llamada del conflicto catalán viaja al País Vasco y hace que Bildu-HB duplique sus diputados (de dos a cuatro) y que el PNV pase de cinco a seis. Además han disminuido sustancialmente los votos a partidos estatales, tal vez producto del desánimo y la sensación de abandono. Durante los últimos diez meses, la Cataluña de Puigdemont y Quim Torra mantiene la tensión civil y las instituciones han dejado de ser operativas en una situación 'asilvestrada' que mantiene un proceso iniciado antes del 1-O. Como en el cuento de Monterroso, tras las elecciones, «el dinosaurio continuaba mirándole»... y se ha vuelto más grande. Más allá de la lamentable soledad del Poder Judicial para afrontar la crisis, abandonado tanto por el PP como por el PSOE por motivos diferentes, se desea un diálogo, pero son evidentes las dificultades. No bastará la resolución judicial y se precisarán brillantes estrategas para recuperar la paz civil e institucional. De momento, Pedro Sánchez debe estar poniéndole unas cuantas velas a Iván Redondo.

Europa es determinante, aunque no se ha mencionado, y preocupa lo que pueda suceder en una España desestabilizada. La fragmentación política, la irrupción de populismos de izquierda (Podemos), continuado con la aparición de Vox, un nuevo populismo de extrema derecha surgido del rechazo al sistema, como sucedió con Podemos en su día… Europa proyecta miedos generales que se está padeciendo en muchos Estados de la Unión y cuyos efectos desintegradores afectan a su existencia, en un contexto internacional de hostilidad creciente, tanto económica como geopolítica. Tras las elecciones del 28 de abril, los resultados han sido tranquilizadores, aunque el conflicto nacionalista sigue abierto, la irrupción de la extrema derecha ha sido menor de la temida, incluso Podemos parece entender que la Constitución de 1978 es útil. Pero no puede cantarse victoria, pues en las elecciones europeas un 10,3% es muy peligroso. Cuando en la mayoría de las elecciones europeas triunfan opciones conservadoras y se diluye la socialdemocracia, bastión histórico del Estado de bienestar, España apuesta por ella y le da un impulso vital. Ciertamente se confirma el viejo 'España es diferente'.

Los nuevos líderes pertenecen a una generación ajena al franquismo y solo conocen la democracia, cuyo logro supuso el acuerdo entre españoles para superar importantes dificultades. Ahora, cuando vivimos el problema más grave y profundo en la historia de nuestra democracia por el desafío independentista, lo peor del momento es la falta de acuerdo entre opciones constitucionalistas, como lo hubo entonces, pues se trata de la principal fortaleza independentista y los españoles tenemos motivos para preocuparnos: fuera de la Constitución solo hay incertidumbre.