Cuenta atrás en la Unión Europea

«La Unión ha prosperado por su voluntad política y respaldada en que los países más ricos han aportado recursos a los menos desarrollados, pero se ha demostrado que las ventajas han sido muy superiores para todos»

Cuenta atrás en la Unión Europea
Jesús Ferrero
David Dobarco, Arquitecto
DAVID DOBARCO, ARQUITECTOValladolid

Oswald Spengler avanzó en 1918 'La Decadencia de Occidente', Europa debe recuperar lo mejor de sí misma para evitar el vaticinio pesimista del filósofo, más allá de las filias y fobias que despierta. El éxito, a veces, provoca vértigo y la caída al vacío. La Unión Europea es un éxito impensable hace sesenta años; ha evitado conflictos bélicos en Europa, ha generado libertad para sus ciudadanos y riqueza en la economía de sus naciones dentro de una sociedad de bienestar, etcétera. La Unión ha prosperado por su voluntad política y respaldada en que los países más ricos han aportado recursos a los menos desarrollados, pero se ha demostrado que las ventajas han sido muy superiores para todos. Sin embargo, a veces, surgen el orgullo y la avaricia como consejeros y demasiado no es suficiente. «Nuestro país merece más». «¿Por qué perder riqueza ayudando a quienes no lo agradecen?». «Nuestro país es serio, pero los hay de vagos y vividores»... El discurso no es nuevo, pues casi todas las naciones tienen diferencias internas, que una visión positiva considera enriquecedora, pero una visión negativa es un factor de división: un discurso limitado y limitante de consecuencias suicidas.

Europa podrá sobrevivir con cierta solvencia mediante la Unión en un mundo global, regido por diversos bloques económicoculturales, pero en esa lucha despiadada ya no aspira a un papel hegemónico, sino a una posición respetable: su momento pasó hace años y ahora el liderazgo se lo disputan China y Estados Unidos. Recordemos que en 1492 el entorno mediterráneo era el cogollo del mundo conocido en Occidente, la Europa del Renacimiento no era hegemónica y estaba reciente la caída del Impero Bizantino, tras la conquista turca de Constantinopla en 1453. Respecto a las culturas de Extremo Oriente, la innovadora China y la codiciada la India, su conocimiento era escaso y, tras la reducción del comercio en el Asia Central Islámica, se aventuró la vía marítima para llegar a las Indias. El viaje de Colón cambió el mundo, a favor de Europa, con un nuevo continente lleno de recursos; desplazó su eje al Atlántico y permitió algo más de cuatro siglos de hegemonía de diversos imperios europeos. Además, América se convirtió en la Nueva Tierra Prometida para una demografía europea acosada por hambrunas, y alumbró nuevas naciones de ascendiente europeo. El mundo sería muy diferente si China o el islam hubieran descubierto América. Aunque Europa perdió su hegemonía tras provocar las dos guerras más pavorosas conocidas, su papel lo heredaron los Estados Unidos, que recogieron el legado occidental con el impulso de una nueva nación sin ataduras históricas, asumiendo un papel protector sobre la Europa devastada tras la Segunda Guerra Mundial.

Treinta años después de la caída del Muro de Berlín, el orden mundial ha cambiado sustancialmente: el mundo ya es la 'aldea global' avanzada por Marshall McLuhan, la innovación tecnológica acelerada pone en crisis los modos de producción y la revolución digital diluye límites entre lo real y lo virtual. Todo ello induce a nuevos equilibrios en un mundo multipolar, donde los conflictos surgen por motivos económicos, como siempre, pero se resuelven en escenarios de terceros o mediante injerencias electrónicas sobre objetivos rivales cada vez más evidentes; la dependencia del avance tecnológico es progresiva, pero también somos más vulnerables: la frágil unidad europea es referente de ello, y el avance del populismo, la principal evidencia. La UE afrontó la profunda crisis económica de 2008 con graves dificultades, tras una ampliación reciente y coordinando economías muy diferentes; el impacto social fue enorme y, tras una terapia económica brutal, se empobreció un amplio sector de población, base de un malestar social, a pesar de cierta recuperación desde 2014. Lo preocupante es que el bienestar europeo compite con un capitalismo salvaje de poderes emergentes.

El malestar social es el caldo de cultivo del populismo, sus movimientos explotan la frustración ciudadana en los sistemas democráticos y remiten situaciones complejas a soluciones simples bajo el ascendente de 'caudillos', que absorben y suplantan el necesario liderazgo social, como cuerpo de ideas y personas que dirigen el funcionamiento de la sociedad. Los indignados iniciales, por las políticas económicas contra la crisis, han dejado paso a los votantes del 'brexit', provocado por la 'ludópatía' irresponsable de Cameron; a la Liga de Salvini coligada con el Movimiento 5 estrellas, algo así como un gobierno de Vox y Podemos; a los 'chalecos amarillos' franceses, que saben destruir pero carecen de propuestas... Y otros casos conocidos que resucitan viejas patrañas sobre seguridad, antisemitismo, exclusiones sociales… Steve Bannon el principal agitador y teórico populista, inductor del 'brexit' desde Breitbart News y antiguo estratega de Trump, se ha instalado en Italia para contemplar la evolución de los acontecimientos, a la sombra de Matteo Salvini. Mientras su antiguo jefe y detractor de la UE, Donald Trump, vive su mundo más feliz tras el tibio informe de Robert Mueller, y Europa sentirá los resultados. En este contexto enrarecido por aromas de los años 30, entre polos populistas eurófobos de 'podemitas' y 'paleoconservadores', Europa decide su futuro en las elecciones del 23-26 de mayo al Parlamento Europeo, que nunca fueron tan decisivas. Es la cuenta atrás de un escenario de vértigo con fuertes llamadas al vacío.