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RTVE debería empezar a tomárselo en serio y encargar a nuestros compositores que creen una canción que nos represente en Eurovisión de forma digna

Miki interpreta 'La venda' en la final de Eurovisión de Tel Aviv./AFP
Miki interpreta 'La venda' en la final de Eurovisión de Tel Aviv. / AFP
Roberto Carbajal
ROBERTO CARBAJALValladolid

España tiene problemas más importantes que quién la representa en Eurovisión, naturalmente, pero mientras sigamos participando en este festival de la canción debemos hacerlo con dignidad. La maltraída 'Marca España' engloba todas las actividades que nos otorgan una buena imagen como país, por eso este concurso forma parte de ella y hemos de tomárnoslo como un asunto de cierta relevancia. No es que debamos aplicarle el marchamo de una cuestión de Estado, aunque es innegable que por nuestros actos nos conocerán. Recordemos que el certamen cuenta con una audiencia de más de doscientos millones de espectadores.

Una vez más, la canción española, que en esta ocasión participaba en Tel Aviv, terminó de nuevo en un puesto bochornoso. Merecidamente, como estaba previsto. Por eso es preciso revertir la tendencia. Dicen que el pueblo es soberano; no obstante, no se puede dejar en sus manos todas las decisiones. Una de ellas es la que nos ocupa. La audiencia eligió 'La venda', una pieza musical patética que no aporta nada al sufrido mundo artístico. Por consiguiente, dejemos que la gente se divierta con otros menesteres y pongamos a los profesionales a trabajar. España atesora suficiente talento como para alumbrar un tema que pueda participar en esta exhibición de horterada sin caer en ella. Hace un par de años Portugal triunfó con una balada extraordinaria, sin una puesta en escena estúpida. En la edición de este año, Holanda se aupó al primer puesto con otra balada, aunque no contaba con la calidad de la que le otorgó el triunfo a nuestros vecinos lusos, ni por asomo.

RTVE debería empezar a tomárselo en serio y encargar a nuestros compositores que se empleen a fondo en conformar una canción digna, que aspire a ganar en serio, por muchas dificultades que entrañe la forma caprichosa de puntuar de los países. Tan solo hay que buscar una partitura de calidad que sea elegida por un jurado de expertos. Si España se quiere abonar al ridículo eurovisivo, es preferible no reptar nunca más en esta exhibición. Quitémonos la venda. Esta vez, de los oídos.