Expertos del Incibe trabajan para descifrar los 400 audios del excomisario Villarejo con información sensible de las élites

Sede del Incibe en León. /leonoticias
Sede del Incibe en León. / leonoticias

En juez que instruye el caso contra el excomisario envía a León los documentos incautados y que podrían provocar una avalancha de nuevas investigaciones y la apertura de nuevas piezas si se aprecian indicios de delito

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El Incibe podría tener la clave en el 'caso Villarejo' y desvelar el secreto mejor guardado: los audios que amenazan a la élite política, judicial y empresarial de España.

Desde hace dos semanas y por encargado judicial, el Instituto Nacional de Ciberseguridad, con sede en León, intenta descifrar los códigos que abren las carpeteras que le fueron incautadas al comisario José Manuel Villarejo en la 'Operación Tándem', según desvela el diario.es.

Concretamente, a Villarejo le fueron incautadas en torno a 400 carpetas, en su mayoría encriptadas, que guardan audios que fueron bautizados con nombre con los protagonistas de las conversaciones, por encargado de un tercero al que se las vendía.

De esta forma, expertos del Incibe en León intenta descifrar esas conversaciones que podrían provocar, si se aprecian indicios de delito y no han prescrito, la apertura de nuevas piezas separadas, como ya ocurriese con King, Iron, Carol, Land, Pit y Big.

Es más, fuentes jurídicas apunta, según recoge eldiario.es, a la posibilidad de la revelación de estos audios se traduzca en una avalancha de nuevas investigaciones, con la implicación de miembros de la alta sociedad así como de la élite judicial y política de España.

Villarejo, que se encuentra en prisión desde el 5 de noviembre acusado de blanqueo, organización criminal y cohecho, además, podría ser imputado en seis nuevas piezas dentro del macrosumario 'Tándem', a raíz de las investigaciones de los últimos meses.

Una situación procesal todavía más complicada que, hace inaceptable su excarcelación. El magistrado encargado del caso argumenta que once meses después de su encarcelamiento, el riesgo de fuga de Villarejo no se ha reducido, al margen del hecho de la «gravedad de la pena» que, en vista de la marcha de la investigación, podría imponérseles.

El 25 de junio de 2017, en una entrevista concedida al programa 'Salvados' 36 años después de su última aparición televisiva, el comisario José Manuel Villarejo ya aventuraba cuál sería su destino. El 3 de noviembre siguiente fue arrestado en el marco de la 'Operación Tándem', la trama policial que presuntamente prestaba servicios privados aprovechándose de su condición, por la que lleva en prisión preventiva desde entonces.

Negocio parapolicial

esde sus orígenes como funcionario policial, Villarejo ha sido, por encima de todo, una especie de comercializador de servicios de gestión de crisis para clientes con alto poder adquisitivo. Nacido el 3 de agosto de 1951 en El Carpio (Córdoba), casado en segundas nupcias y padre de cinco hijos, su oferta se articulaba en torno a tres pilares: control mediático, servicios policiales a la carta y gestión de instrucciones procesales. Así lo han ido perfilando los investigadores -jueces, fiscales anticorrupción o la unidad de Asuntos Internos de la Policía- en procesos como 'Pujol', 'pequeño Nicolás', 'ático de Ignacio González', 'doctora Pinto', 'Banco BPA-Andorra' o 'Emperador'.

Esta estructura se ha apoyado en una presunta red de cómplices que intercambiaban favores -en 'Tándem' están siendo investigados el comisario Enrique García Castaño o el inspector jubilado Antonio Bonilla, exjefe de seguridad de la Asociación Española de Banca- y cuya máxima ha sido la obtención de información privada, su manipulación y posterior edición para su publicación. No es casualidad que Villarejo hubiera querido ser «periodista de investigación» de no haber preferido la placa. Puso en marcha la web 'informaciónsensible.com', administrada por su mujer y hoy «cerrada por mantenimiento».

Aficionado a la hípica y hermano de un sacerdote en Estepona (Málaga), Villarejo se graduó en la academia en 1972 y en 1980 tuvo su primer contacto con los medios a través de la revista 'Tribunal policial', donde ejerció como «gerente accidental» y comercializador de publicidad. Por aquel entonces ya era secretario general del sindicato policial SPP. Pero tres años después se vio obligado a coger una excedencia tras ser suspendido seis meses por la gestión irregular de esta revista. Recurrió en vano en todas las instancias, hasta el Constitucional.

Pero la aventura periodística no acabó ahí. Nació 'Policía del Estado', dirigida por el inspector Manuel Novas pero con el mismo responsable comercial que Villarejo tenía en 'Tribuna policial'. Se repitió el mismo esquema comercial y Novas fue condenado por apropiación indebida pese a defender su inocencia.

En el periodo 1984-1993, el comisario puso en marcha su proyecto mercantil aprovechando la excedencia. La más activa era la agencia de detectives RV Consultores y las empresas de hípica. El establecimiento de esta agencia coincidió con la conformación de la cúpula policial a cargo de Agustín Linares, que actuó hasta 1993 bajo la etapa del ministro socialista José Luis Corcuera.

RV Consultores hizo trabajos a los Ruiz Mateos o al exbanquero Mario Conde para mejorar su situación procesal en el 'caso Banesto'. El nicho de negocio se extendió a los servicios policiales para aseguradoras y entidades emisoras de medios de pago (eurocheques y tarjetas de crédito); también creó empresas en Sudamérica para vigilar etarras (a través del 'caso pequeño Nicolás' se ha conocido una de sus entidades secretas, la del uruguayo Martín Reyes Villa).

A su regreso al servicio en 1993 participó en la 'operación Veritas', que situaba a su amigo García Castaño en el centro de una red de corrupción policial. También en la campaña de desprestigio contra el juez Baltasar Garzón durante la instrucción del 'caso Monzer Al Kassar', empresario sirio relacionado con el tráfico de armas y hoy preso en EE UU.

Villarejo relató en una carta en 1995 dirigida a la Dirección General de la Policía, a raíz de su cese como «agente encubierto» durante la etapa de Margarita Robles -actual ministra de Defensa y entonces secretaria de Estado de Seguridad-, que actuó en equipo con la «cúpula de Linares», puso en valor su red de «infiltrados» en los medios y admitió a su manera su inmersión en los casos Roldán, Al Kassar o los GAL.

La limpia de Robles llevó a los supuestos colaboradores de Villarejo al sector privado. Unos acabaron en compañías de telecos, eléctricas, aseguradoras o bancos y otros crearon consultoras o agencias de detectives. Por su parte, Villarejo fue desterrado a la Jefatura Superior de Madrid, pero no dejó el cuerpo. Y mantuvo activa su red de influencia en Cataluña, Aragón, Andalucía Occidental o las islas hasta recuperar su estatus.

La caída aquel viernes de otoño de Villarejo fue consecuencia de su dudosa actividad como «agente encubierto» de la Policía durante varias décadas. Esa delgada línea que separa la actividad pública con los lucrativos negocios particulares que han dibujado su hoja de servicios hasta su jubilación un año antes.

Enfangado en varios procesos judiciales desde que estalló la 'operación Emperador' (Gao Ping) en la Audiencia Nacional en 2012, el comisario perdió entonces su temida coraza y se convirtió en el perejil de todas las salsas procesales. Allí donde saltaba un caso mediático, directa o indirectamente, aparecía su mano.

 

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