Un urinario con vistas al Sena

Un hombre simula usar el 'Uritrottoir' a la orilla del Sena. /Thomas SAMSON (AFP)
Un hombre simula usar el 'Uritrottoir' a la orilla del Sena. / Thomas SAMSON (AFP)

La instalación de baños portátiles, incluyendo uno frente al río, en varias zonas de París genera las protestas de los vecinos

Álvaro Soto
ÁLVARO SOTOMadrid

En la ciudad más chic del planeta no se aceptan soluciones imaginativas si no tienen un poco de glamur. Por eso, los habitantes de París se han levantado en armas contra los nuevos urinarios que el Ayuntamiento está colocando en la capital. «Feos», «horrorosos» o «impúdicos» son algunos de los adjetivos que está recibiendo la nueva instalación, una caja de color rojo, abierta en el frente, con una señal sobre la cabeza del usuario y no demasiado discreta. Hasta un grupo de vecinos se ha movilizado para pedir al consistorio su retirada.

El objeto de la discordia se llama 'Uritrottoir', un neologismo que une las palabras francesas urinario y acera y que define bien estos nuevos artilugios, levantados en plena calle para solucionar las urgencias de los peatones. Por ahora, se han colocado cuatro: en el boulevard de Clichy, junto a la estación de Lyon, en la plaza Tino-Rossi y en la isla de Saint-Louis (distrito IV), y este último es el que más polémica ha generado. Se encuentra a 20 metros de un colegio, junto al precioso Hotel de Lauzun, donde el poeta Baudelere vivió y escribió, y a la vista de todos los que pasean por la zona, incluso de los turistas que se montan en los 'bateaux-mouches' que surcan el río Sena.

«No entiendo que se ponga algo así en un lugar tan bello como este, enfrente de un edificio tan bonito como el hotel. Con estas cosas París se ridiculiza», asegura la italiana Paola Pellizzari en declaraciones al diario 'Le Parisien'. Pellizari cree, además, que un urinario situado tan cerca de una escuela «puede fomentar el exhibicionismo». «Es horrible. Nos dijeron que teníamos que aguantarnos, pero esto es absolutamente inaceptable. Está destruyendo el legado de la isla de Saint-Louis», se lamenta en el mismo periódico el propietario de una galería de arte de la zona que prefiere mantener el anonimato.

Las quejas llegan de todas partes. Gwendoline Coipeault, portavoz del grupo feminista Mujeres Solidarias, protesta porque opina que se trata de una iniciativa «sexista». «El mensaje que se está mandando es: 'Los hombres no pueden controlar sus vejigas y toda la sociedad tiene que adaptarse a ello', así que nos dicen que hay que transformar el espacio público para que los señores no tengan ninguna incomodidad», afirma.

En el Ayuntamiento de París, gobernado por la socialista de origen español Anne Hidalgo, se muestran conciliadores, pero no ven las cosas de la misma manera. Ariel Weil, concejal responsable del distrito IV, defiende la necesidad de instalar estos baños portátiles. «Si no hacemos nada, los hombres van a seguir haciendo pis en la calle», asegura Weil, que, además, resalta el valor ecológico de la instalación: todo lo recogido se transformará en compost, que a su vez se utilizará para embellecer los jardines de la capital francesa. Y en cualquier caso, Weil se muestra abierto a cambiar la ubicación de las cajas «si molesta a los vecinos».

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