«Los españoles lo estamos pasando igualito que los venezolanos»

Juan Guaidó se dirige a la multitud en Caracas./EFE
Juan Guaidó se dirige a la multitud en Caracas. / EFE

En una economía que dificulta la cotidianidad, los emigrantes reciben medicinas y pañales de los gobiernos regionales, y sin embargo retornan a sus lugares de origen en los últimos años

Doménico Chiappe
DOMÉNICO CHIAPPEMadrid

En el corazón de Caracas Javier Pérez avisa: «Oye la bulla, están pasando Guaidó y Leopoldo López». Hijo de los andaluces Consolación y Fulgencio, que llegaron en los años cincuenta, ahora es uno más en la multitud que, asegura, se une al llamado del presidente de la Asamblea Nacional, Juan Guaidó. Uno de esos 167 mil españoles por los que abogó la portavoz del Gobierno, la ministra Isabel Celáa, en su llamado a evitar un «derramamiento de sangre» y a activar «todos los cauces consulares de protección». En la capital venezolana su padre se asoció con un vasco y fundó una litografía, que 60 años después él mantiene en pie. «Se veía venir», reflexiona Pérez, sobre la acción con la que el presidente encargado sorprendió a los venezolanos al amanecer.

«Tenía que ser de una forma o de otra. La gente lo está pasando muy mal». Un ejemplo de la economía chavista surge en el fragor de la protesta: Pérez compró una botella de agua de 600 cc. Pagó un dólar. Así, en moneda norteamericana. No había conexión para hacerlo con tarjeta de débito o crédito en divisa nacional. Tampoco billetes para sumar los 4.500 bolívares. La denominación más alta del papel moneda es de 500. Los bancos sólo suelen dar 5.000 por cliente al día. «Los españoles lo estamos pasando igualito que los venezolanos, aunque vivimos un poco mejor, porque los gobiernos nunca se han olvidado de sus ciudadanos, sobre todo los de autonomías como la gallega, la canaria o la asturiana», mantiene Pérez.

Se trata de ayudas económicas y de productos, como pañales, medicinas o insumos de higiene personal. «Es una bocanada de oxígeno», describe José Antonio Alejandro, presidente de la Hermandad Gallega caraqueña. Allí se agrupan casi 12.000 personas de la colonia formada por los emigrantes gallegos, muchos de los cuales fundaron casas de comidas, las conocidas 'tascas' en el centro de la ciudad. «Cada día es más difícil sostener los negocios», afirma Alejandro. «En un restaurante sostener los menús es bien complicado. Se trabaja con gran incertidumbre porque los precios del plato de comida se fijan para recuperar el coste de los ingredientes del día siguiente, y no están al alcance de cualquiera. Es una pelea diaria».

El retornados alcanzaron cerca de 25.000 españoles en 2018. «No solo españoles de origen, sino también de segunda y tercera generación», acota Alejandro, cuyos orígenes están en una aldea de Ourense, región a la que sus padres volvieron hace dos años. Igual que otras personas, como Consolación, la madre de Javier Pérez, que vive desde hace tres años en Barcelona. «A ella le gusta estar aquí. No es fácil quitarse seis décadas de arraigo y está loca por volver», comenta Pérez. Los números entre los asociados a los distintos centros sociales de la comunidad española, como la Hermandad Gallega, el Centro Asturiano o el Hogar Canario rozaban hace un lustro los 300.000 miembros. Ahora apenas supera la mitad. Un número similar al oficial de 167.255 españoles que viven en Venezuela, censados en 2018. Tres años antes eran unos 190.000.

Los familiares y retornados que están fuera ayudan. En España hay 137.589 venezolanos, según los datos del INE de 2019. Personas que han emigrado desde Venezuela y se han empadronado con esa nacionalidad. No se cuentan en esta estadística los que tienen doble nacionalidad. Los hijos de españoles u otros europeos que han salido del país. «Si antes a los españoles en Venezuela les mandaban una remesa de 100 euros para el mes, desde enero tienen que recibir 300, porque todo se ha encarecido y hay menos productos», saca cuentas Pérez. Los españoles en Venezuela, así como los venezolanos con pasaporte español, viven, como el resto de la población, un «sin-vivir». La percepción es que el 99% es «antichavista» aunque «no nos sentimos especialmente amenazados. Estamos en la calle y todos estamos en riesgo», asegura Pérez, que se mueve en moto por la zona de reunión de manifestantes desde las 8 horas. «Esto está 'full' pero la concentración no es fácil hoy. Nos tienen corriendo de arriba abajo, con tanto bomba lacrimógena. Pero cada vez hay más gente y más molesta».

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