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Pedro Sánchez, líder por accidente y resistencia

Pedro Sánchez. /EP
Pedro Sánchez. / EP

En cinco años, Sánchez ha pasado de los infiernos a las alturas, cabalgando sobre una enorme fe en sí mismo

Paula De las Heras
PAULA DE LAS HERASMadrid

n la carrera política de Pedro Sánchez (Madrid, 1972) la ambición y la suerte han pesado casi a partes iguales. El secretario general del PSOE nunca tuvo, desde el punto de vista de sus mayores (ni desde el de sus coetáneos más próximos), madera de líder. Lo que sí le reconocían quienes lo habían visto trabajar, primero como pupilo del exsecretario de Organización del partido, José Blanco, bajo el mandato de José Luis Rodríguez Zapatero, y luego, a partir de 2011, para el equipo de Alfredo Pérez Rubalcaba era tesón, capacidad de sacrificio y fe en sí mismo. Gracias a esas cualidades, logró tumbar a sus enemigos internos y externos y, en junio de 2018, alcanzó la presidencia del Gobierno tras una arriesgada moción de censura contra Mariano Rajoy.

En el cargo, Sánchez ha mostrado un perfil dialogante con los independentistas, que entre fuertes divisiones internas le allanaron el camino a la Moncloa convencidos de que sería más flexible que su antecesor. También ha buscado a Podemos para desplegar su agenda social. El programa con el que se presentó a los comicios de este domingo habla, sin embargo, de un candidato más moderado que el que concurrió a las generales de 2016 y, por supuesto, que el hombre que se enfrentó a Susana Díaz en las primarias del PSOE en 2017.

Ha dejado por el camino la defensa de la España plurinacional, el impuesto a la banca para financiar las pensiones, la derogación de la reforma laboral de 2012 o la denuncia de los Acuerdos con la Santa Sede. Sánchez está ahora, como dice alguno de sus antiguos colaboradores, en su versión más «sensata».

No siempre ha mostrado el mismo rostro. En los últimos cinco años, el líder del PSOE ha rozado el cielo y los infiernos y en cada momento ha mudado la piel para sobrevivir. El poco conocido economista socioliberal que se presentó a las primarias de 2014 (cuando Susana Díaz le amadrinó con aquel «este no vale, pero nos vale») se convirtió en «Pedro, el rojo» cuando, tras haber sido obligado a dimitir, tuvo que luchar para recuperar el mando interno en 2017, apoyado en una militancia que se sitúa más a la izquierda que sus dirigentes.

Su éxito reside en no haberse rendido en circunstancias en las que otros habrían tirado la toalla. Él cultiva esa imagen. 'Manual de resistencia' se titula el libro que publicó hace unos meses. Si cuando decidió luchar por la secretaría general de su partido en 2014 se le hubiera explicado a cualquier dirigente de peso dónde acabaría Sánchez la carcajada se habría oído en Australia. Aún son muchos los que en el PSOE cuestionan su valía pero nadie osa ya retarle.