Un 'ingeniero' para la victoria de Sánchez

Iván Redondo (d), junto a Pedro Sánchez. /
Iván Redondo (d), junto a Pedro Sánchez.

Iván Redondo y el 'núcleo duro' del PSOE forjaron desde enero la estrategia de movilización del centro izquierda

ALBERTO SURIO

En la primavera de 2016, en una entrevista con Pablo Iglesias en el programa 'La tuerka', Iván Redondo afirmó que «un buen 'spin doctor' se tira por un barranco por su presidente». Es decir, le cubre siempre las espaldas. A Redondo no le ha hecho falta. Nació en San Sebastián un 14 de abril hace 38 años. Es director de gabinete de Pedro Sánchez y su estratega principal, el 'ingeniero' del coche rojo, el viejo pero poderoso Ferrari, como una vez comparó al PSOE, que competía y ganaba las carreras de Fórmula 1.

En su momento le animó a librar la batalla interna en el socialismo español para recuperar el liderazgo, le convenció para presentar la moción de censura, fue determinante en la convocatoria de elecciones el 28 de abril y ha forjado junto al 'núcleo duro' de la dirección del PSOE el relato de la polarización con el trío «de derechas» de la plaza de Colón que ha permitido a Sánchez ganar las elecciones con 123 escaños. Este equipo comenzó a preparar la estrategia en enero, ante la posibilidad de que el presidente del Gobierno tomara una decisión si se materializaba el bloqueo a los Presupuestos. El marco narrativo basado en la ecuación 'avance-retroceso' ha colocado al PSOE en el centro del tablero y ha activado el miedo sociológico a la extrema derecha. Redondo y su equipo han jugado bien sus cartas y, por ahora, ganan la partida en el ajedrez de la política.

El pasado domingo Redondo era testigo de que algo se movía en la demoscopia. En un barrio de Madrid, con mayoría del centro-derecha, una señora se le acercó y le dijo que, aunque era votante del PP, esta vez iba a apoyar a Sánchez. «Vamos bien», decía a sus colaboradores, «con esta participación nos vamos a más de 120 diputados. Y creo que las derechas no van a sumar». Él estaba convencido de que hay una España que prefiere el diálogo al insulto y que ese país moderno era el resorte sociológico necesario para llevar a Sánchez a una victoria electoral sin depender del independentismo catalán. Una España progresista a la que le asusta volver al pasado y le daba pánico la hipótesis de una alianza con Vox, sostenía ante el Comité Electoral del PSOE.

Los algoritmos del triunfo

Hacia las seis de la tarde del domingo, el equipo que Redondo dirige en la Moncloa intuía el triunfo. Lo hacía, sobre todo, por el índice de participación, que era sensiblemente mayor que en las generales de 2016. Diez puntos por encima. La especial movilización en Cataluña llamaba la atención. Un sistema de algoritmos matemáticos que disponía el Comité Electoral les hacía ver la victoria de Sánchez en función de la participación, no de los 'trackings' que habían recibido hasta el sábado y en los que se detectaba un ascenso socialista y de Vox. La ventaja, además, se veía beneficiada por el sistema electoral, que permitía al PSOE hacerse con algunos feudos tradicionales del PP gracias a la atribución, por los restos, de hasta 19 escaños a la fuerza más votada.

Antes del cierre de los colegios a las ocho de la tarde, Redondo llamaba por teléfono a Sánchez: «Presidente, enhorabuena, ganamos claramente». Se lo dice ya con las encuestas en la mano. Estaba persuadido de que de los siete millones de indecisos que calculaba, un porcentaje relevante acabaría dando el triunfo al candidato socialista.

Atrás había quedado una campaña atípica y frenética, con la guerra de nervios también instalada en el Comité Electoral, sobre todo en los últimos días. La gestión de los debates fue el momento más crítico, porque Redondo se decantó desde el primer momento por el duelo a cinco, que incluía a Vox. Un asunto polémico que provocó sus tensiones en el equipo de campaña integrado también por José Luis Ábalos, Adriana Lastra y Santos Cerdán, los pesos pesados de la Ejecutiva Federal. Sánchez se inclinaba también por esta fórmula, pero la Junta Electoral Central desbarató los planes y forzó la celebración insólita de dos debates con cuatro candidatos en 24 horas.

Redondo había comenzado la aventura tres años antes. En abril de 2019, Sánchez conoce a su futuro director de gabinete y comienza a contar con él como consultor. Conectan pronto y quedan en volver a verse. Sánchez es secretario general del PSOE, pero las encuestas son demoledoras. No despega. En algunos momentos, el PSOE llega colocarse hasta en cuarto lugar detrás del PP, Ciudadanos y Podemos. Es después de su traumática dimisión, en octubre en el Comité Federal, cuando Redondo se implica más y le anima a que resista y pelee por el liderazgo.

Redondo tenía ya una notable experiencia profesional en la consultoría política. Había trabajado como director de gabinete con José Antonio Monago, presidente de la Junta de Extremadura, del PP. Fue uno de los artífices de que Monago rompiera los moldes clásicos de la derecha extremeña. También asesoró a Xavier García Albiol como candidato a la Alcaldía de Badalona y trabajó para el PP vasco de Antonio Basagoiti. Su pasado como asesor de dirigentes del PP ha granjeado recelos en el PSOE. «Por encima de todo, Iván es de Pedro Sánchez», asegura un dirigente socialista.

Una persona discreta

Amante de la discreción entre bambalinas, encarna el poder en la sombra. «La política es el arte de lo que no se ve», sostiene. Aquel voraz consumidor de series políticas como 'El ala oeste de la Casa Blanca' -«la pusieron en la 2 y la veíamos cuatro gatos», recuerda- o 'Boss' -que relata la terrible ambición de poder de un alcalde de Chicago-, disfrutó en la Universidad George Washington aprendiendo sobre las campañas electorales norteamericanas y hoy es uno de los protagonistas estelares. La clave: fabricar un relato alternativo a los pronósticos de Steve Bannon, el exasesor de Donald Trump y gurú de la ola reaccionaria, que ha vaticinado la muerte de los «aburridos» partidos moderados europeos y la victoria del populismo más extremista.

Iglesias describió a Redondo en abril de 2016 en una entrevista llena de guiños de complicidad: «Es una pena que haya trabajado siempre con nuestros adversarios». Allí, Redondo confesó su predilección por el trabajo en la trastienda y su devoción por el ajedrez. Cultiva el 'perfil bajo', lo que le envuelve en cierto enigma.

Redondo confiesa que «el éxito es conectar; tener primero una base ideológica, un programa, pero después comunicarlo con sencillez y humildad». Es admirador de Bernie Sanders y de la capacidad de seducción de Bill Clinton. Director de gabinete de Sánchez en los últimos once meses, condensa dos mensajes como la esencia de su filosofía de trabajo: «El 80% de los votos lo produce el 20% de los mensajes» y «No es lo mismo ganar el gobierno que ganar el poder».