Iglesias y Montero se reparten el protagonismo

Irene Montero (i) y Pablo Iglesias. /AFP
Irene Montero (i) y Pablo Iglesias. / AFP

Centrarán sus actos electorales en las grandes ciudades en detrimiento de las provincias pequeñas

Ander Azpiroz
ANDER AZPIROZMadrid

Al igual que hicieron con el permiso de paternidad, Pablo Iglesias e Irene Montero se repartirán a partes iguales el protagonismo en la campaña electoral del 28-A. El papel destacado de la portavoz parlamentaria da sobrada muestra de quién es el número dos del partido, y también incrementa la incertidumbre acerca del futuro liderazgo del partido, que se da por hecho celebrará un Vistalegre 3 tras las citas electorales para «reiniciarse», como señaló semanas atrás Juan Carlos Monedero.

Unidas Podemos abrirá la campaña en Madrid y la cerrará también en Madrid. Nada que ver con lo que ocurrió en 2015. Entonces, Iglesias viajó al pequeño pueblo zamorano de Villaralbo para la pegada de carteles. Lo hizo para reivindicar el voto rural, el mismo al que ahora parece renunciar a tenor las ciudades que visitarán los principales dirigentes de la formación morada.

El secretario general y la portavoz parlamentaria de Podemos centrarán sus actos en la Comunidad de Madrid y Valenciana, Cataluña y el País Vasco. Según el calendario, Iglesias y Montero no pisarán Castilla y León, Castilla-La Mancha o Extremadura. Tampoco, y es algo más significativo, Andalucía, la comunidad autónoma que más diputados aporta más diputados al Congreso. El cierre del 26 de abril también será en Madrid, cuando en 2015 se eligió Valencia.

Las cloacas

Podemos ya ha dejado entrever las temáticas sobre las que girarán sus discursos. La primera, repetida hasta la saciedad desde el regreso de Iglesias a la primera línea política, es que una confabulación de los poderes corruptos del Estado han maniobrado desde el nacimiento del partido para que no alcanzase el poder. El segundo, es que la coalición izquierdista se presenta como la única que defiende de verdad las políticas sociales frente a un PSOE al que, sí los números dan, podría inclinarse por tratar de reeditar el pacto con Ciudadanos que fracasó en marzo de 2016.

Marcar distancia con los socialistas es un objetivo prioritario para los podemistas, que sufren la fuga de buena parte de su electorado hacia los de Pedro Sánchez. Será un complicado juegos de equilibrios ya que Podemos ha dejado claro que, olvidado el 'sorpasso', su meta es coaligarse con el PSOE para gobernar.