La fórmula de Andalucía

Pablo Casado (i) y Juanma Moreno. /EP
Pablo Casado (i) y Juanma Moreno. / EP
QUICO CHIRINO

Lo dijo Pablo Casado el 7 de abril en Córdoba cuando se dirigió a Juanma Moreno: «Queremos hacer en España lo que tú haces en Andalucía». No se refería a la singular campaña electoral que protagonizó el ahora presidente de la Junta andaluza -cuando se fotografió susurrando a las vacas y le trajo suerte-, sino a la posterior alianza con Ciudadanos y al apoyo tácito de Vox que permitieron una alternancia de gobierno en la comunidad tras 36 años. Casado sabe que sus expectativas dependen de la suma de las derechas y también de que su partido no se desplome en su propio campo de ensayo, en Andalucía, donde las encuestas pronostican que los populares podrían dejarse la mitad de los diputados que obtuvieron en las últimas generales, cuando fue la fuerza más votada en la región. Justo ahí empezó la derrota de Susana Díaz.

Casado cuenta con un handicap que no ha medido convenientemente. Ninguna provincia andaluza estaba con él originalmente en el pasado congreso nacional y Moreno -declarado sorayista- es ahora un barón del PP. Casado ha renovado a siete de los ocho cabezas de lista andaluces al Congreso y muchas direcciones provinciales -al menos, tres- no se ven representadas en esas candidaturas.

También Pedro Sánchez pretende la fórmula de Andalucía. Del resultado en esta comunidad dependerá su margen para formar gobierno. El objetivo -con todas las lecturas internas que conlleva- es mejorar el porcentaje de votos de Susana Díaz hace cinco meses. Atentos a la participación en campaña de la ministra María Jesús Montero.

En Ferraz dicen que le salen las cuentas, aunque no presentarán el reto como sencillo para evitar una desmovilización. Los socialistas piensan que les beneficiarán los restos en varias provincias y subirán hasta ocho diputados en Andalucía. Aun así, se quedarían muy lejos de los 38 que obtuvo el PSOE en 2004, en la primera victoria de Zapatero.

Eran otros tiempo. Entonces, Andalucía era un feudo socialista inquebrantable. El 28 de abril, sus 61 diputados volverán a ser decisivos. En Andalucía ya no se ganan unas elecciones generales. Pero sí se pierden.