La caída de la demanda 'low cost' apuntala las dos Españas turísticas

Un camarero sirve una paella a los clientes en la playa de Talamanca. /Jaime Reina (AFP)
Un camarero sirve una paella a los clientes en la playa de Talamanca. / Jaime Reina (AFP)

Mientras los destinos urbanos y de interior mejoran en visitantes y gasto, la oferta de sol y playa se resiente de la guerra de precios

José Antonio Bravo
JOSÉ ANTONIO BRAVOMadrid

Como en otros ámbitos, también en el turismo se puede hablar de dos Españas, la de interior y la de costa, la de las grandes urbes y la del modelo tradicional de sol y playa. La diferencia es que hasta hace relativamente poco la primera era el patito feo del sector frente al dominio histórico de la segunda, aunque las tornas están cambiando.

Las primeras en evidenciarlo han sido las grandes compañías del sector, representadas por la alianza turística Exceltur: «se van consolidando escenarios divergentes entre dos Españas turísticas», afirma su vicepresidente ejecutivo, José Luis Zoreda. Así, contrasta el notable crecimiento de la afluencia de turistas extranjeros en la primavera (marzo-mayo) a los destinos de interior y las ciudades (un 8,6% más en pernoctaciones hoteleras), e incluso a los de la llamada España verde (8.9%) en la franja norte del país, frente al fuerte descenso en la costa mediterránea (-9,1% en la parte murciana, -6,6% en la valenciana, -6,4% en la catalana y -2,9% en la andaluza) y también Canarias (-3,2%), aunque Baleares (+1%) logró resistir.

Los datos son del último informe del 'lobby' y explicarían porque, pese al descenso de la demanda extranjera en los destinos de playa, el gasto turístico nacional sube. Por ejemplo, en mayo (último mes con datos oficiales) las llegadas de visitantes foráneos descendieron un 1,6%, aunque su gasto aumentó medio punto, e incluso el desembolso diario creció un 9,5% hasta 163 euros de promedio. La mayor conectividad aérea con mercados de larga distancia, «que son los que gastan más en destino» -apostilla Zoreda-, ha permitido distribuir sus costes fijos en menos días permitiéndoles emplear más dinero por jornada. Es decir, un efecto «contable», que a su vez les anima a invertir más en su ocio.

Así, las pernoctaciones en hoteles españoles de turistas japoneses se dispararon un 30,4% entre marzo y mayo, un 18,4% las de los rusos, un 15% las de viajeros de países del Este en general y un 14,9% las de estadounidenses. El otro pilar de esa pujanza del turismo urbano y de interior es la propia demanda nacional (según las últimas cifras del INE, en el primer trimestre sus viajes en el país crecieron un 2,1% y su gasto un 5,1%), lo que para Luis Buzzi, socio responsable de Turismo y Ocio de KPMG España, evidencia que «estamos ante un cambio de modelo».

«Ese cambio -explica- forma parte ya del nuevo paradigma del turista, ávido de vivir experiencias diferenciadoras que parten del consumo de productos de ocio, culturales, gastronómicos, etcétera». Y ahí, según él y otros expertos, «nuestras principales ciudades están cada vez más preparadas para dar respuesta a esas necesidades». Pero no ocurre igual en gran parte de los destinos nacionales de sol y playa, cuyos consumidores extranjeros «viajan teniendo el precio como una variable esencial», y la recuperación de los países competidores en el entorno mediterráneo ha desplazado parte de esa demanda, advierte Gaietá García, profesora de Marketing en la escuela de turismo Ostelea y EAE.

La competencia se recupera

«Los países ribereños están recuperando niveles de seguridad y confiabilidad», apunta en el mismo sentido Luis Buzzi , quien además ve que «todavía tienen margen de atracción» para situarlos en niveles «normales» antes del estallido desde 2014 de sus respectivos conflictos nacionales. Según Exceltur, hasta mayo la afluencia de turistas a Turquía había crecido un 11,3% (el 20% si hablamos solo de europeos) y en el caso de Egipto se disparó un 45,7%.

No es el único factor que ha penalizado la oferta española de sol y playa. El relativo estancamiento económico de los mercados tradicionalmente emisores, sobre todo Alemania y Reino Unido -donde el temor a un 'brexit' severo aún pasa factura-, junto a las olas de calor en el centro y el norte del continente, ha hecho que no necesiten buscar el buen tiempo y bastantes opten por el turismo de interior en sus países. El resultado es que las pernoctaciones en España de viajeros germanos descendieron un 8,7% la primavera y otro 7,8% entre los nórdicos.

Aunque algunos, como el catedrático de Marketing de ESADE Josep-Francesc Valls, prefieren ver la otra cara de la moneda. «Nuestra oferta es y será más cara, lo cual mejora también los márgenes demasiado reducidos que tenemos», explica este experto, quien prevé una «expulsión indirecta» de demanda a otras áreas del Mediterráneo más baratas y una «atracción de aquella que busque una oferta mejor». Las empresas tienen claro que la guerra de precios no es la solución, y por eso Exceltur «exige» a las administraciones actuaciones más decididas para revertir» esas caídas de turistas extranjeros, «graduales y cada día más estructurales desde 2018».

«Las lecturas grandilocuentes de muchos responsables turísticos, basadas sólo en el número de llegadas turísticas, ha retraído el proceso de regeneración necesaria», critica Zoreda. Además, lejos del optimismo del Gobierno que prevé un repunte del 1,7% en la llegada de turistas este verano (julio-septiembre) y del 3,2% en su gasto, el sector espera que, como mucho, sea similar al de 2018. Incluso espera una «desaceleración progresiva de la actividad turística», que llevaría su PIB a crecer por segundo año consecutivo menos que el general (1,6% frente a un 2,4%).

     

Las huelgas aprietan, aunque no ahogan

El verano de 2019 también ha vivido huelgas en el transporte, aunque en comparación con ejercicios anteriores su impacto ha sido moderado por ahora, en parte debido a los elevados servicios mínimos. Un ejemplo es la hecha en Renfe el día 15 por CC OO con un seguimiento desigual, y que aún asegurando el 72% de los servicios de AVE, el 65% de media distancia y el 50% de cercanías (el 75% en horas punta), provocó la cancelación de 320 trenes. CGT ha convocado paros parciales los días 31 de julio, 14 y 30 de agosto, y 1 de septiembre, aunque se prevé que sus efectos sean menores.

En los aeropuertos, el madrileño de Barajas viene sufriendo una huelga parcial de repostaje de combustible desde el pasado día 17, que ha provocado algunos retrasos de vuelos pero no cancelaciones. De nuevo, según UGT, los servicios mínimos (por ejemplo, el 50% para vuelos largos) habrían podido ser «abusivos».

En el aeródromo barcelonés de El Prat el personal de tierra de Iberia, que da cobertura a otras 27 aerolíneas, realizó un paro de 48 horas este fin de semana. Según AENA, se cancelaron 135 vuelos en total, la gran mayoría de Vueling. El temor ahora es que la huelga se convierta en indefinida, como la que han convocado los vigilantes de Trablisa, la compañía encargada de los controles de seguridad del aeropuerto que en el verano de 2017 ya provocaron el caos durante varios días con otro paro sin final previsto.