La banca se vale del tirón del consumo para obtener más rentabilidad

La banca se vale del tirón del consumo para obtener más rentabilidad

El Banco de España cree que los altos tipos del crédito al consumo han «inducido» al sector a lanzarse a este mercado a pesar de que ve «riesgos»

José María Camarero
JOSÉ MARÍA CAMAREROMadrid

De los más de 13.800 millones de euros de beneficios que ha logrado el conjunto de la banca entre enero y septiembre, el pulmón de esas ganancias -al menos en lo que respecta en sus negocios en España- es el del crédito al consumo. No es que el activo acumulado por los balances de las entidades en préstamos personales supere al de las hipotecas, el producto de financiación por antonomasia del negocio bancario. Pero a lo largo de los últimos meses, las diferentes líneas de crédito al consumo se han convertido en un pilar de salvación para que muchas corporaciones mejoren o, al menos, no hayan sucumbido ante un contexto de tipos que se mantienen en mínimos, más amortizaciones hipotecarias que concesiones y unos márgenes que siguen siendo menores frente a los que realmente precisa el sector.

Tal es la vinculación que se ha generado con esta actividad que el Banco de España apunta en su último informe de estabilidad financiera cómo las entidades están «buscando oportunidades» para obtener «mayores rentabilidades» en créditos domésticos. Y lo estarían haciendo «inducidas» por lo que el propio supervisor reconoce que son unos «elevados tipos de la cartera crediticia» ligada al consumo, con intereses que superan ampliamente el 7%.

En ese análisis, el Banco de España advierte a las entidades financieras que esa estrategia que están llevando a cabo, aunque beneficiosa para sus balances a corto y medio plazo, «puede llevar a su vez asociados unos mayores riesgos». Y lo hace en referencia al incremento acelerado de la morosidad que ya se está registrando como consecuencia de la mayor concesión de estos préstamos en los últimos trimestres.

La necesidad de generar más rentabilidad viene determinada por un momento en el que los bancos comprueban cómo el BCE mantiene invariable el precio oficial del dinero en el mínimo históricos del 0% para la zona euro. No hay visos de que aumenten, al menos, hasta el próximo verano, y aún no es seguro que el presidente de la institución, Mario Draghi, vaya a autorizar ese incremento antes de un año.

La banca ha comprobado cómo la economía se ha desarrollado en buena medida gracias a la demanda doméstica tras la crisis. Y en ese negocio, el del crédito al consumo, ha cobrado un papel protagonista.

Avance generalizado

Aunque las entidades se han vanagloriado de la buena evolución que ha tenido la financiación doméstica en los últimos meses, ninguna quiera hablar de burbuja. «No estamos en una situación en la que el peso de este crédito en el balance sea exagerado», indicó el consejero delegado de CaixaBank, Gonzalo Gortázar, en la presentación de los resultados. Y ello a pesar de que crece a doble dígito con tasas que no se veían en la última década.

En el caso del Santander, su división de créditos al consumo ha mejorado sus beneficios hasta los 1.000 millones, un 16,6% más. Por su parte, el consejero delegado de BBVA indicó que ese negocio había evolucionado de forma «muy positiva» con un alza también cercana al 17% en cuanto a crecimiento de la actividad. La consejera delegada de Bankinter, María Dolores Dancausa, indicó sentirse «muy cómoda» con la evolución de este negocio. Las ventas de nuevos créditos al consumo e hipotecas mejoraron un 18% en Sabadell. Y Bankia también ha reforzado esa línea de financiación para hacer frente a un mercado hipotecario que aún es menguante en términos netos.

Entre otras entidades, en el caso de Kutxabank, la financiación formalizada en crédito al consumo creció un 20,9% hasta septiembre hasta los 358 millones, un récord para la corporación bancaria. La de Unicaja mejoró un 22%; y la de Liberbank un 6%.

El interés de las tarjetas de compra se mantiene por encima del 20%

Dentro del negocio de la financiación bancaria al consumo, el de las tarjetas de crédito muestras las estadísticas de una realidad ligada a las compras exacerbadas y más aún en épocas como la actual. El interés medio que aplican las entidades financieras para este tipo de medios de pago financiados -no son ni las de débito ni las de crédito con pago total mensual sin cargos- sigue rondando el entorno del 20,5%. En concreto, hasta el pasado mes de septiembre, el interés estaba fijado en el 20,48%, según los últimos registros disponibles del Banco de España.

Los tipos de estas tarjetas -muchas de las cuales funcionan como una modalidad 'revolving', esto es, con un capital concedido que se va regenerando a medida que el titular va realizando compras- llevan años anclados en un rango que va del 20% al 22%, independientemente de que durante la última década se haya pasado de un 'boom' económico a la mayor crisis de los últimos lustros, y una posterior recuperación que ahora parece que vuelve a estar amenazada por la ralentización del PIB.

Fue en el año 2014 cuando esos intereses se situaron cerca del 22%, coincidiendo con el peor momento de la recesión. Después, cuando el BCE comenzó a intervenir en la política monetaria con estímulos, bajaron tímidamente hasta el 20,5%. Durante este año han descendido en medio punto desde el 20,9% en el que iniciaron el año.

El conjunto de la banca aplica estos costes a las tarjetas en un momento en el que se ha vuelto a registrar un récord de medios de pago que se encuentran en los bolsillos, carteras y bolsos de los ciudadanos. Hasta el segundo trimestre de este año, había en vigor más de 82 millones de tarjetas en toda España, lo que supone un 6,2% más que en el mismo periodo del año pasado.

Estos medios de pago también vivieron su propia crisis desde 2009 hasta 2012. En ese año, el número de tarjetas activas descendió hasta los 67,6 millones. Desde ese año, el incremento ha sido imparable con 14 millones más de tarjetas.

 

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