Isabel Sanz levanta prejuicios con su auge mundial en 'powerlifting'

Isabel Sanz posa en el Spartan Center de Segovia con 187,5 kilos, su marca personal. /Antonio Tanarro
Isabel Sanz posa en el Spartan Center de Segovia con 187,5 kilos, su marca personal. / Antonio Tanarro

La ayllonesa, campeona de Europa sub-júnior, ve el alza en su deporte como una victoria del movimiento feminista

LUIS JAVIER GONZÁLEZ

Isabel Sanz Águeda es muy supersticiosa. Antes de enfrentarse a las pesas, se pone la camiseta rosa con la que ganó su primera competición, un pompón a juego y escucha a Bocanada -un grupo de rock alternativo- y sus canciones de superación de amor y drogas, que ella se lleva a su terreno. La chica que ha batido el récord de España absoluto de 'powerlifting' no había cogido una pesa hasta hace poco más de un año. Pisó un gimnasio para ganar peso porque una enfermedad grave le había dejado en 39 kilos y ahora es un ejemplo internacional. «Cuando tienes un peso encima y lo levantas, te da esa sensación de superar cosas que aplicas al día a día».

Halterofilia y 'powerlifting' están compuestos por ejercicios diferentes. El segundo premia más la fuerza bruta mientras que el primero exige más coordinación y equilibrio. Isabel lo resume así: «En un segundo te lo juegas todo». El deporte se compone de tres movimientos de una sola repetición, desde el mas directo -peso muerto- a press banca - el más técnico y complicado para una mujer porque tiene menos fuerza en el tren superior- y sentadilla. Hay una clasificación general que suma los tres pesos y títulos separados para los dos primeros movimientos. «Al final, el peso muerto es, si no puedes con ello, lo sueltas y ya está», explica la segoviana, que ostenta a sus 19 años el récord de España absoluto en peso muerto (187,5 kilos) y es campeona de Europa sub-júnior de ese movimiento y en la clasificación global.

El potencial de Isabel no pasó desapercibido y un mes después de empezar a entrenar ya estaba compitiendo. Solo había hecho deporte en alguna clase de 'spinning' o defensa personal. Se fue a un gimnasio de Madrid, donde vive desde los 15 años junto a su hermana, y empezó en las máquinas de cardio porque la sala de pesas intimidaba. «Me daba vergüenza y miedo entrar porque no había ninguna mujer». Fue a más y su preparador le dijo un día: «La semana que viene compites». En el Nacional de Ontígola (Toledo), en diciembre de 2017, ganó su categoría entre 40 mujeres. «Yo no sabía cómo era una competición. Sabía los tres ejercicios que tenía que hacer, pero no tenía ni idea de las normas ni cómo lo evaluaban».

En febrero quedó campeona absoluta femenina. Si tres meses antes había levantado 155 kilos en peso muerto, 125 en sentadilla y 50 en press banca, entonces ya levantó 160. «Sueles empezar [hay tres intentos] con una marca que sepas que vas a levantar para asegurar un peso». En el Europeo de junio de Le Pont-de-Claix, en Francia, se proclamó campeona sub-júnior, hasta los 19 años inclusive. «Al ser tantos competidores, eran muy estrictos con la normativa y los tiempos. Es la competición más profesional a la que he ido». El récord continental estaba en 140 y ella lo subió a 180. De hecho, ya lo tenía, pero como no había competido en un evento internacional no era una marca oficial.

«Es una progresión de muchas semanas; hay meses que no subes ningún kilo porque al final el cuerpo necesita una adaptación a los pesos», resume. Y en el último Nacional, este mes en Villatobas (Toledo), ganó su categoría y batió el récord absoluto de España, que estaba en 185,5 kilos. Su título europeo le ha otorgado la clasificación para el Mundial del próximo año, ya en la categoría júnior. Ha levantado 190 kilos entrenando y para esa cita quiere superar los 200. El récord del mundo júnior está en 180 y el absoluto femenino está alrededor de los 250. «Llevando un año, no te puedes poner límites», subraya. La clasificación mundial incluye a los júnior en un ranking absoluto.

Isabel cursa el grado de nutrición en Madrid y visita los fines de semana Ayllón. «Quiero seguir estudiando, esto de momento es un hobby. Te lesionas un día y te quedas sin nada». Nació en la localidad segoviana y pasó allí su infancia. «Es un pueblo muy casero, hay muy buen ambiente y todos nos conocemos». Su vida en la capital le hace valorar más esas pequeñas cosas. «Sobre todo la tranquilidad, poder salir simplemente a darte un paseo y desconectar».

Hay pocos esfuerzos más exigentes para el físico, pero Isabel contextualiza: «En estos deportes no sabes cuándo te vas a lesionar. Te viene en un segundo. Pero ningún deporte a nivel de competición es sano. Si te gusta, asumes esos riesgos para estar ahí». Sufren mucho las articulaciones y la prevención es clave. «La gente tiene una concepción de que somos muy bestias, pero precisamente por ser tan lesivo ponemos muchos medios. Calentamos en conciencia, protegemos las rodillas, llevamos cinturón para las lumbares... No es ponerte ahí a tirar de una barra y ya está».

«Me dicen, 'no te imaginaba tan femenina'»

Isabel Sanz lidia habitualmente con comentario del tipo «Madre mía al que le des tú una hostia» entre otras perlas. «Y más, siendo mujeres. A lo mejor no me han visto nunca, solo había hablado con esa persona por teléfono o correo electrónico, y cuando me ven dicen, 'no me imaginaba que fueras tan femenina'. O, no entiendo por qué te maquillas haciendo ese deporte'. Me he encontrado a muchísima más gente de la que yo esperaba con estas ideas y también es un poco mi fin, dar visibilidad al 'power', sobre todo al femenino. Tiene una imágen de tabú». Esta ayllonesa nota un avance en participación y hace una estimación numérica: pongamos que en hombres siempre ha habido 20 levantadores; en mujeres si antes había tres, hoy hay 15. Y lo explica: « Movimiento feminista. Sientes que más parte de la sociedad te está apoyando a que hagas lo que quieras. ¿Por qué una mujer no puede levantar pesas? ¿Por qué tiene que haber distinción de sexos en el deporte?» Y lanza un mensaje: «Si realmente te gusta, hazlo».

Su labor no es solo deportiva, sino pedagógica. «Mi idea es intentar vivir de ello, pero sé que para eso voy a tener que irme fuera». La salida más clara sería Estados Unidos, por su aceptación social. «Allí es un segundo fútbol, tienen ayudas de todo tipo, la gente lo valora... En España la gente no sabe ni lo que es, por eso mi objetivo real es traerlo a España. Hacerlo crecer. Que otras chicas no se tengan que encontrar en mi situación, de no tener ayudas de ningún tipo. Mi fin es hacerlo un deporte como tal». Se ha costeado su incipiente carrera trabajando todo este año en un Mercadona para pagar el gimnasio, viajes, hoteles o el material, que no es barato. Entre 6.000 y 7.000 euros, calcula. Hay federación internacional pero no española. Es un deporte de exhibición en los Juegos y deporte de competición en los Paralímpicos.

Isabel, que tiene ahora el apoyo de ayuntamientos como el de Ayllón o Ribota, de grandes empresas como Bankia, diversos locales de hostelería y empresas de maquinaria o autoescuelas de Madrid y Segovia, valora la humildad del 'powerlifting' y de sus competidores. «Lo que más me ha sorprendido es que la gente más humilde es la que más arriba está. Han visto todo lo que conlleva, que no es un deporte fácil». Levantar pesas para levantar una vida.

 

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