Gimnasia rítmica

Arte y fuego sobre el tapiz

Natalia Guerra, durante el ejercicio de aro en el Nacional. /El Norte
Natalia Guerra, durante el ejercicio de aro en el Nacional. / El Norte

La joven palentina Natalia Guerra acaba de alzarse con el bronce en el Campeonato de España

LÍA Z. LORENZO Palencia

De apariencia frágil, Natalia Guerra desprende fuego a través de sus ojos almendrados. Espigada, de clavícula marcada, esta palentina de 13 años es una de las jóvenes promesas de la gimnasia rítmica nacional. Lo ha demostrado en el Campeonato de España individual celebrado en Guadalajara, donde se ha hecho con el bronce júnior.

«Hice un buen Nacional, aunque es cierto que pude haber logrado la plata. Estuve a punto de ser segunda, pero hay que valorar el bronce en su justa medida», explica Natalia con su medalla de bronce aún colgada del cuello.

Asombrosamente madura para su edad, la palentina destila la peculiar elegancia de las gimnastas. Camina sobre el suelo casi como si flotara, a medio camino entre lo etéreo y lo real. Pero Natalia tiene los pies bien aferrados al suelo, consciente del esfuerzo que acumula y lo complicado que es llegar lejos en el mundo del tapiz. «Ahora estoy entrenando seis días a la semana, cuatro horas al día. Sé que renuncio a cosas, pero a cambio consigo otras diferentes», asegura ante la atenta mirada de su madre Charo González.

«Empezó a hacer gimnasia con tres años como una actividad extraescolar más. Pero enseguida se enamoró de ella y nosotros la hemos apoyado siempre. Porque lo que hacemos los padres es estar a su lado y tratar de ayudar. Porque somos un club pequeño y no tenemos presupuesto para un fisioterapeuta, un psicólogo o un preparador físico», destaca la madre. Porque Natalia pertenece al Gym-Pal, el equipo que dirige la ex gimnasta Cristina Valencia y que no deja de cosechar grandes resultados en las últimas temporadas.

Crecimiento

Y eso ha hecho que sean muchos los ojos que se han clavado en Natalia Guerra. Porque la gimnasia nacional está inmersa en pleno ciclo olímpico, con el equipo español centrado en los Juegos Olímpicos de Tokio 2020. Pero cuando la cita de Japón pase será el momento de renovar la selección, la gran oportunidad para las gimnastas de la edad de Natalia. El problema es el cuerpo de la gimnasta palentina. Porque las selecciones, no solo la española, cada vez buscan chicas mas espigadas, con un tipo de cuerpo que las convierta casi en juncos movidos por el viento. La búsqueda de la elegancia rusa hace que algunas gimnastas con un espectacular dominio de los aparatos se queden fuera. «No me hago ilusiones ni me planteo objetivos a largo plazo. Lo que quiero para esta temporada es conseguir mejorar en todos los aparatos y llegar al Campeonato de España sin lesiones. Una vez allí, mi deseo es conseguir el ascenso a la primera categoría», aclara la palentina. En su primer año de júnior, Natalia Guerra ya ha conseguido ese ascenso, pero ha decidido renunciar a él para seguir mejorando con los aparatos. «Me lo he estado pensando y prefiero estar un año más en la categoría júnior. En primera categoría hay mucho nivel y realmente creo que es mejor seguir un año más en júnior», afirma la gimnasta. Estudiante de sobresaliente, Natalia ha analizado su presente y su futuro antes de tomar esta decisión. Como sobre el tapiz, la gimnasta no quiere dejar nada al azar.

Con una vida marcada por el calendario de las competiciones, Natalia Guerra solo disfrutaba de la gimnasia. Hasta que en el 2012 algo cambió. «Fui a mi primer campeonato de España y quedé duodécima. Fue entonces cuando me di cuenta de que la gimnasia se me daba realmente bien. Aunque el año definitivo fue el 2015, cuando quedé campeona de España en manos libes, subcampeona en aro y tercera en la general individual», recuerda la gimnasta palentina.

Y desde entonces sigue disfrutando de la gimnasia, pero consciente de que tiene un don, una capacidad innata para transmitir a través de los aparatos. Porque en un mundo cada vez más polarizado entre los que defienden la búsqueda de la máxima flexibilidad y los que protegen el manejo limpio del aparato, Natalia es capaz de aunar esos dos universos que muchos se empeñan en enfrentar. Elegante con los aparatos, que parecen hablar a través de sus manos, la palentina resuelve sin problemas las dificultades de flexibilidad. Aunque como todas las gimnastas, Natalia disfruta más con unos aparatos que con otros. «Mi aparato favorito son las mazas y siempre sufro con la cinta», dice mientras mueve la cabeza y murmura que su respeto viene «por culpa de los nudos». Natalia no está sola en este aspecto. A lo largo de la historia, son muchas las grandes gimnastas que aún tiemblan pensando en esos seis metros de cinta que hay que mover constantemente sin que se enrede en ningún momento. Incluso las grandes gimnastas rusas, el innegable imperio de este deporte, han sufrido con una cinta en la mano.

Y solo podía ser rusa la gran referente internacional de Natalia. Aleksandra Soldatova es la última de una generación interminable de increíbles gimnastas que dominan el tapiz con la misma soltura que los aparatos. «Siempre me ha gustado su estilo. Aunque en la gimnasia nacional me quedo con Natalia García. Me encanta lo que arriesga y los ejercicios que ejecuta», reflexiona la gimnasta palentina.

Amigas y rivales

Si algo diferencia a la gimnasia rítmica española de la rusa, más allá de los títulos, es la relación que existe entre las deportistas. Lejos de la salvaje competitividad que se impone en tierras eslavas, la gimnasia nacional se caracteriza por la buena relación que existe entre las deportistas. «Lo que más me gusta de este deporte es todas las amigas que he hecho a lo largo de los años, lo que disfruto con la rítmica dentro y fuera del tapiz. Es verdad que en los grandes campeonatos es complicado gestionar las emociones, porque al final tienes que ganar a tus amigas. Pero lo llevamos bien. Es peor manejar los nervios antes de los ejercicios», reflexiona Natalia.

Los temidos nervios son uno de los obstáculos más duros que una gimnasta debe aprender a salvar. Al fin y al cabo, estas deportistas se juegan en un minuto todo el trabajo de la temporada. Y detrás de cada ejercicio hay horas y horas de repetición, de reincidir una y otra vez sobre los errores en la búsqueda de la perfección. Cuando saltan al tapiz, las gimnastas se expresan con su cuerpo, pero compiten con su mente. «Es un apartado en el que todavía tengo que mejorar. Antes de hacer el ejercicio pienso que las cosas no me van a salir del todo como quiero. Y eso hace que me ponga más nerviosa», reconoce Natalia.

Tras superar un esguince de tobillo y una rotura de fibras que la mantuvieron alejada del tapiz los meses de enero y febrero, la gimnasta palentina ha sabido afrontar el tramo fundamental de la temporada con tranquilidad y sin forzar un cuerpo que aún tiene margen de mejora. Ese es su gran objetivo para el 2019, conseguir dar ese salto de calidad que la coloque entre las grandes gimnastas del panorama nacional. Para ello seguirá trabajando alejada de los focos, rodeada de sus compañeras y entrenadoras, con el único fin de buscar sus límites a través de su talento natural para mezclar el arte y el fuego sobre el tapiz.

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