La Segoviana supera al Mirandés B en el bautismo de Dani Abad (3-1)

Dani Abad conduce el balón en la jugada del primer tanto del partido. /Antonio Tanarro
Dani Abad conduce el balón en la jugada del primer tanto del partido. / Antonio Tanarro

El extremo acapara los focos en el cómodo triunfo del cuadro azulgrana, sólido y entretenido con el esférico

Luis Javier González
LUIS JAVIER GONZÁLEZSegovia

Manu González presume de los cambios que hace –no ha repetido alineación titular en 44 partidos oficiales con el club– pero su primera impronta de la temporada quizás sea el que no ha hecho. Había razones para justificar el relevo de Dani Abad tras un partido gris en Zamora, pero esa opción nunca estuvo sobre la mesa. Tras una temporada como actor de reparto, sin apenas minutos, el extremo había llamado a la puerta este verano y ayer aprovechó su ocasión. Fue su verdadero bautismo en La Albuera, amo y señor de una contienda en la que el Mirandés B, superado de principio a fin, tuvo que limitarse a contemplar sus virguerías. Su equipo aprovecha de paso los tropiezos de Arandina y Zamora para olvidar la derrota del pasado domingo en el Ruta de la Plata y recordar que luchará por todo.

3 Gimnástica Segoviana

Christian, Adrián, Rubén, Rui, Viti, Manu, Conde (Calleja, min. 46), Asier, Gómez, Borrego (Ivi, min. 71) y Abad (Arribas, min. 65).

1 Mirandés B

Alberto, Jonay, Eneko, Toni, Fer (Toura, min. 74), Santa, Lucas, Santo, Zunzu, Estéfano (Molpe, min. 83), More (Ibra, min. 46).

goles.
1-0 (min. 18) Dani Abad; 2-0 (min. 35) Dani Abad; 3-0 (min. 49) Asier; 3-1 (min. 54) Lucas.

Abad se postuló desde el pitido inicial. Todo un diablo por la banda derecha, el segoviano se puso ante sí los focos y quiso marcar diferencias cada vez que la pelota llegaba a su zona de influencia. Exhibió pronto todos los registros; primero, cabalgó veloz por la banda derecha y le regaló una asistencia propicia a Gómez, que no logró embocar; después, se perfiló hacia el centro y enganchó un potente disparo que se marchó pegado al palo izquierdo. Así las cosas, el gol era una consecuencia necesaria. Fue Abad quien leyó la trayectoria confusa de un cambio de orientación defensivo de los burgaleses. Tras anticiparse, se cosió la pelota, activó los propulsores por el carril central y batió a Alberto con un disparo pegado al palo.

Pese a todas las excusas de las rotaciones en una temporada con 40 partidos, la suplencia de Calleja es una llamada a una nueva generación. Borrego y Gómez se asociaron muy bien; jugadores con físicos diferentes y habilidades parecidas, notables a la hora de bajar cualquier balón aéreo y decisivos para oler sangre en el área. Primero fue el salmantino quien sirvió una asistencia propicia a su compañero en área chica. Después, Gómez le devolvió el favor tras una gran maniobra de espaldas para una acción similar que el meta repelió a córner.

La bisoñez del Mirandés B no planteó grandes incógnitas en La Albuera ante un eje intratable en el centro del campo azulgrana con Manu al timón, Asier como puente y Conde como estilista. Si los tres comparten minutaje, será complicado encontrar resistencia. La iniciativa era incontestable y la consecuencia, previsible. Abad avisó al filial de su destino con otro disparo peligroso que Alberto no consiguió embolsar y que Rubén embocó en fuera de juego. Poco después, sería el propio Abad quien canjearía en línea de gol una buena asociación de Gómez y Borrego, que le sirvió al segundo palo el pase de la muerte tras bajar el segoviano un preciso saque en largo de Christian.

Sin recursos, el Mirandés B vio tres amarillas en apenas diez minutos y empezó a desquiciarse ante la lección magistral de Abad, que sonrojó a Eneko –desbordado en el lateral izquierdo- con un caño; su par se hartó de perseguirle y le derribó sin miramientos. Síntoma inequívoco del monólogo azulgrana, que se fue al descanso con el partido en el bolsillo y Christian como espectador, sin una sola intervención reseñable.

González:«Si esta es su actitud, Abad tendrá toda mi confianza»

¿Cuántas dudas tuvo Manu González a la hora de incluir a Dani Abad en la alineación titular tras su tímido debut ante el Zamora? «Cero», contestó el técnico de la Segoviana. «Ha hecho una pretemporada formidable. Es un jugador joven, necesita minutos y si su actitud es la que está demostrando hasta ahora, de mí va a tener toda la confianza del mundo». Satisfecho con una primera parte muy completa y crítico con algún error evitable en la salida de balón en la segunda, el entrenador defendió la filosofía de proponer juego y resaltó lo difícil que es hacer de la victoria rutina. «Espero que la afición se dé cuenta de que no es fácil y que nos podemos llevar una sorpresa el día que no respetemos al rival».

El técnico del Mirandés B, Javier Bañueños, felicitó al rival. «En la primera parte no hemos estado. Sabíamos que eran muy buen equipo, que lo íbamos a pasar mal. Nuestro objetivo es mantener la categoría, el de la Gimnástica es completamente diferente». Lamentó la falta de acierto. «Qué pena en la segunda parte no haber metido alguna para haber estado en el partido».

Otro factor que definirá la temporada azulgrana será la salud de Conde, protagonista muchas luces del equipo el curso pasado pese a sus recurrentes lesiones. El talaverano sufrió una leve torcedura de tobillo en el calentamiento y, con los tres puntos casi en el marcador, González le dio el relevo en el intermedio. No tardó en hacer valer su presencia Calleja, que embolsó un saque de banda y le puso el lazo al balón para que Asier enganchara un proyectil a la escuadra desde el balcón del área. Su pegada legitima la apuesta del técnico por ponerle en esa posición de enganche. Fue la gran novedad del curso pasado en un mes y medio portentoso hasta su lesión de rodilla ante el Ávila.

Fue precisamente Asier quien facilitó el único tanto –y ocasión– con una pérdida que facilitó un mano a mano a Lucas, que batió por bajo a Christian. Abad ya se había ganado el sueldo en apenas media hora, pero siguió donde lo dejó con otras dos acciones de mago junto a la línea de fondo. Con su última intervención, esperando a la llegada del segundo defensor para colarse entre ambos como la fiambre en un emparedado, sirvió de epílogo. Así se marchó, ovacionado tras agotar sus últimas fuerzas. Suya fue una tarde que, espera, sea la primera de muchas.