«Me moriré siendo 'el de los encierros'»

Javier Solano./
Javier Solano.

Javier Solano retransmite por vigesimonovena vez los Sanfermines, que arrancan hoy en La 1 de TVE con el chupinazo

JULIÁN ALÍAMadrid

Tres minutos de duración, segundos arriba, segundos abajo, le bastan a los Sanfermines para hacerse cada año con una cuota de pantalla cercana al 70% (1.618.000 espectadores y 68% de 'share' en 2018). Un año más, los encierros de Pamplona puede verse en La 1 de TVE, que arranca su programación hoy a las 11.00 horas con la emisión del chupinazo, que tiene lugar a las 12.00 horas. Y como no podía ser de otra manera, repite Javier Solano (Lerín, Pamplona, 61 años), que cambió «el periódico arrugado por un micrófono», y que en su vigesimonovena edición comenta que «es un espectáculo 100% televisivo» en el que «en tan poco tiempo suceden tantas cosas, y a tal velocidad, y con el fantasma de la tragedia volando, que cualquier persona que no sea aficionada puede querer verlo». «Los espectadores tienen una gran ventaja, y es que pueden verlo entero y en pijama desde el sofá de su casa, pero el ruido que meten las pezuñas de los animales sobre los adoquines, o el olor del ganado… eso no lo puede dar la televisión», dice.

- ¿Cómo se han preparado estos días?

- Esto es el lío padre. Pero lo es todos los años, porque hay que preparar muchísima infraestructura técnica para llevar a cabo las retransmisiones de los encierros y los programas que tenemos, que son en total, incluyendo el de hoy, más de doce horas en directo. Hemos hecho ensayos del chupinazo y de los encierros, porque la configuración de cámaras es distinta. Hay cámaras que tienen que trasladarse la tarde de hoy, porque han sido usadas en la plaza del ayuntamiento, y que tienen que colocarse en el recorrido del encierro.

- ¿Cómo es que le reconozcan por algo que solo hace una semana al año?

- Hay mucha gente que cree, erróneamente, que yo solo trabajo una semana al año. Pero no. Yo soy periodista de informativos y estoy todo el año haciendo cosas. Incluido ayer, que estuve haciendo piezas sobre el alcalde de Pamplona, en el aspecto puramente político, que no tiene nada que ver. A los cuernos, los bovinos, solo me dedico una semana al año, pero la verdad es que la inmensa mayoría de la gente me conoce por eso. Yo ya sé que me moriré siendo 'el de los encierros'. Lo tengo más claro que el agua, aunque no sea mi labor habitual ni muchísimo menos, pero sí la que tiene más trascendencia pública.

- ¿Qué recuerdos tiene como corredor?

- Esa etapa fue muy buena. Yo corrí el encierro de Pamplona quince años. Entre los 15 y los 30. Ya sé que a los 15 está prohibido, pero bueno, yo lo hice. Además, en aquella época había que tener 21, no 18, como ahora. Pero la gran mayoría de mis amigos, de mi cuadrilla, y de los adolescentes pamploneses corríamos el encierro, y los recuerdos que tengo son muy buenos. No tiene nada que ver ser un corredor de encierros con ser la persona encargada de las retransmisiones. Ahora lo hago en un plano puramente profesional y sometido la disciplina laboral de una empresa, y entonces lo hacía por el disfrute de poder estar al lado de un animal que te puede matar en cualquier momento, y que en cambio, en el 99% de los casos sales victoriosos de esa hipotética batalla entre el fuerte, que es el animal, y el débil, que somos los humanos.

- Las retransmisiones significaron su retiro.

- Claro, claro. De eso se alegró mucho mi mujer, porque yo cambié el periódico enrollado por un micrófono. Evidentemente, yo no podía estar repicando y en la procesión. Si estaba dentro de una unidad móvil haciendo una narración del encierro, no podía estar en la calle. Significó el fin de mi carrera de corredor.

- ¿Lo echa de menos?

- Lo echo de menos todos los días y todos los años. A mí me dan una envidia tremenda los corredores que están en la calle. Veo correr a mi hijo, a mi sobrino, a mi hermano, a amigos íntimos… Al final, conoces a mucha gente aunque venga de San Fermín en San Fermín, y terminas formando como una gran familia, aunque yo no esté sobre los adoquines en ese momento, sino en un set con 40.000 vatios de luz delante. Desde el punto de vista espiritual estoy con ellos, eso sí. Siempre me he considerado un corredor en excedencia.

- ¿Cómo ve el futuro de la celebración?

- Creo que tiene un futuro bastante incierto. No por sí mismo, porque está viviendo su época de oro. Nunca había tenido tanta atención, tanta participación y tanta difusión a nivel nacional e internacional, pero es curioso que puede morir de éxito. Tanta participación puede producir que un día la calle esté colapsada y no se pueda mover esa enorme masa de gente que está delante de los toros. Las cosas de este mundo desaparecen porque van poquito a poco decayendo, languideciendo, y el encierro, curiosamente, puede morir por lo contrario, por su enorme éxito. Y luego está el tema antitaurino, la hipotética revisión de corridas, que llevaría a la desaparición del encierro, porque es el elemento previo a la corrida de la tarde.