Raúl Arévalo, el director tranquilo

Raúl Arévalo. en 'Tarde para la ira'./
Raúl Arévalo. en 'Tarde para la ira'.

El cineasta está dando muestras de ser alguien con las ideas claras y el temple suficiente para llevarlas a cabo

ANGÉLICA TANARRO

Llegó y venció. Sí. No hay riesgo en afirmarlo aun cuando su película sea de momento solo una candidata sólida a llevarse el principal galardón en la presente edición de los Goya. (Si se hace caso a las estadísticas el premio Forqué recientemente obtenido le hará pisar la alfombra con más seguridad). Raúl Arévalo, director de 'Tarde para la ira' seguramente suscribiría la frase aun sin premio. No es fácil dar el salto desde la interpretación a la dirección (ocho años han pasado desde que empezar a escribir el guión y cuatro desde que empezara a considerar posible su estreno). No es fácil echarse a la espalda una película a priori poco comercial y es mucho más difícil que todo eso llegue a buen puerto. Que se estrene en Venecia (el aplauso de la sala durante la proyección le supo a gloria), que obtenga el favor de la crítica y que el producto no caiga en los excesos y obviedades que suelen acompañar a una opera prima es un logro para enmarcar.

Todo eso lo ha conseguido Raúl Arévalo (Madrid, 1979) pero no por casualidad y solo en parte a causa de esas dosis de buena suerte que son necesarias cuando una empresa depende de tanta gente. Arévalo está dando muestras de ser alguien con las ideas claras y el temple suficiente para llevarlas a cabo.

¿Qué quedará de ese chaval que, aún velando armas en las Escuela de Cristina Rota (a la que tanto deben el cine y el teatro español), obtuvo su primera papel en televisión? La serie 'Compañeros' fue su trampolín, pero otros muchos estaban allí y no llegaron. Él parece haber comprendido que en su oficio la popularidad puede desinflarse pronto y que es mejor dar pasos cortos pero medidos. Y no rendirse.

Con un físico que no destaca por ningún rasgo especial, Arévalo es eso que podríamos definir como un chico de barrio y él mismo confiesa que su infancia y adolescencia en Móstoles, la popular barriada de Madrid donde su padre regentaba un bar, le ha sido de gran ayuda a la hora de ambientar en todos los sentidos 'Tarde para la ira'. Aunque si tiene que ponerse el esmoquin lo defiende con soltura como lo demostró en la alfombra roja de la pasada edición de la Seminci, de la que fue padrino. Entonces supimos que prepara ya su segunda película y que, como director, pone aún más pasión que cuando actúa. Aunque externamente parece un chico frío, de los que contienen sus emociones.

Hablando de bares, de camarero hizo en su debut cinematográfico de la mano de Joaquín Oristrell en 'Los abajo firmantes'. Era el año 2003 y desde entonces muchos otros directores han confiado en su capacidad para encarnar esos papeles que lo sitúan casi siempre en el lado de los perdedores o al menos en el de esa silenciosa mayoría que trampea como puede la vida, unas veces (pocas) de cara y casi siempre dando tumbos.

Esa nómina es ya, cuando tiene solo 37 años, muy larga. Ha trabajado con Sánchez Arévalo, Gómez Pereira, José Luis Cuerda, Antonio Banderas, Gracia Querejeta, Almódovar... y su nombre ha aparecido en los títulos de crédito de algunas películas con pedigree de nuestra historia reciente 'AzulOscuroCasiNegro', 'Siete mesas de billar francés', 'Los girasoles ciegos' y sobre todo 'La isla mínima'.

En todos esos títulos, incluido 'Che', de Soderbergh, su incursión hasta ahora más internacional, estaba para algo más que resolver su papel, estaba para observar. Y esas dotes de observación le han ayudado a elegir con precisión el reparto de su primera película como director, sin duda uno de los grandes aciertos del film. Callejo, De la Torre, son colegas pero a Arévalo no le ha cegado la pasión. Sabe que es la única manera de llevar a buen puerto lo que quiere. Y ha acertado plenamente.

Convendría no perderle como actor. Pero su debut en la dirección hace concebir grandes esperanzas

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