El sambódromo pucelano cogió ritmo al caer el sol

Integrantes de La Torzida, de Valladolid, a su paso por la calle Cascajares. / Ramón Gómez

Grupos del IX Encuentro Nacional de Batucada desfilaron por las calles del entorno de la Catedral

J. B.Valladolid

Calor y una ciudad semidesierta con estampida vacacional o de fin de semana a los pueblos recibieron el IX Encuentro Nacional de Batucadas. A las siete y media de la tarde y con el público buscando la sombra, la percusión del Bloco Charro desperezaba a vecinos y viandantes del entorno de la Catedral, animándoles a sumarse a su letanía de tambores, caixas y timbas.

De la calle Núñez de Arce partían los blocos con La Torzida vallisoletana como la más poblada de efectivos. Jugaba en casa y apadrinaba un desfile que congregó a cientos de personas a medida que caía el sol y las terrazas de los bares se poblaban de clientes.

Aplausos, 'selfis' y mucha foto con el móvil a la comparsa festiva, aplaudida por un público en el que los más jóvenes se animaban a bailar al zarandeo de ritmos afrobrasileños que imponían los grupos Samborejo, de Córdoba; Zumbalé, de Madrid; Ta! Quiritkitá!, de Alcoy (Alicante). Por la mañana la plaza de Portugalete acogía la batuchiqui para público infanti, y el área recreativa de La Hípica hacía hueco a los los talleres de batucadada.

Por la tarde, el pasacalles festivo era recibido por la parroquia de resistentes en la ciudad con aplausos o cerveza en mano a la puerta de bares y terrazas, mientras la música invitaba a la complicidad bailona. Con un público remiso al principio y más participativo a medida que el repicar de la percusión hacía su efecto, las sombras iban ganando al sol y la gente salía del letargo veraniego disfrutando de un espectáculo que daría paso al concierto de Balkumbia en la plaza de la Universidad.