Manolo García se entrega sin artificios en Valladolid

Manolo García, al inicio del concierto en el Miguel Delibes de Valladolid. / Ramón Gómez

El cantautor catalán no defraudó con su marca de la casa ante un público de incondicionales que le sirvieron de coros de cada una de sus canciones

Liliana Martínez Colodrón
LILIANA MARTÍNEZ COLODRÓN

Camisa y pantalón vaquero, zapatillas de loneta, un pañuelo floreado atado al micrófono, una voz inconfundible forjada entre el rock y el flamenco, acordes de guitarra aderezados con ritmos árabes, letras que ahondan en lo lírico y el surrealismo y una conexión con el público más allá de lo físico... ese es el estilo Manolo García, la marca de la casa del cantautor catalán, una etiqueta que se ha forjado huyendo de las etiquetas en los más de cuarenta años que lleva su vida en amalgama con la música.

Anoche, ante las 1.700 personas que le adoraron en el Centro Cultural Miguel Delibes de Valladolid (esta noche repite concierto por aclamación popular en la taquilla), Manolo García fue más Manolo García que nunca y se entregó a sus incondicionales con la sinceridad de una música que les cedió sin artificios. Una franqueza contrarrestada con la misma franqueza de sus seguidores. Muchos le acompañan desde el punk de sus inicios, desde el 'Tú me sobrevuelas' de Los Burros, desde los incontables éxitos del 'El Último' y en los veinte años en solitario que cumple ahora con esta gira. Han crecido con él, han madurado con él, han reído y han llorado con sus canciones, se han enamorado y desenamorado y ayer solo deseaban cantar y sentir sus letras, y así lo hicieron.

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Corearon cada tema, empezando por el 'El frío de la noche' con el que inició el concierto, sentado en el escenario con tan solo su música y dos guitarristas a cada lado. Siguieron otros, como 'Por respirar', 'Las puntas de mis viejas botas', 'Humo de abrojos', todos de su último disco la 'Geometría del rayo', aderezadas por sones de sus álbumes más recientes como 'Junto a ti' ('Los días intactos') o 'Pan de oro' ('Todo es ahora'), 'Ardió mi memoria' ('Para que no se duerman mis sentidos'), 'Seré lo que yo quiera ser' e 'Irma, dulce Irma' ('Nunca el tiempo es perdido') o 'Los críticos amantes' ('Saldremos a la lluvia'). Aunque fue con 'Un giro teatral', cuando ya el concierto había quemado la primera hora, cuando el público no pudo más y se puso de pie, para corear letra por letra el «qué culpa tengo de que seas tan loca».

'Un alma de papel' acabó de encender la chispa, y ya nadie quería regresar al tedioso asiento.

Arriba, el cantautor sobre el escanario. A la izquierda, varias seguidoras entre el público. A la izquierda, junto a sus guitarristas. / Ramón Gómez

Y Manolo siguió feliz en la entrega. Y el hombre rockero se lanzó a cantar flamenco, y el hombre celoso de su intimidad compartió escenario con su hermana Carmen para entonar el fabuloso 'Ruedo, rodaré', y el poeta terminó cantando 'La Bamba' en una apoteosis del 'buenrollismo rockero'.

Entradas agotadas desde noviembre

La gira 'Geometría del rayo' se inició el 6 de abril con el cartel de entradas agotadas en 19 de los 33 conciertos programados. En Castilla y León, el artista catalán tocará en tres ocasiones: las dos de Valladolid el 4 y 5 de mayo (las entradas se agotaron ya en noviembre), y el 16 de junio en el Palacio de los Deportes Sánchez Paraíso.

Acompañan a Manolo García sobre el escenario -diseñado por el propio cantante y a cuyos lados se proyectan vídeos y fotografías tomadas también por él- una gran banda de músicos formada por Charly Sardà (batería), Íñigo Goldaracena (bajo), Juan Carlos García (teclados, voces, percusiones), Ricardo Marín (guitarra eléctrica y acústica), Víctor Iniesta (guitarra española, acústica y eléctrica), Olvido Lanza (violín) y Mone Teruel (coros).

Tampoco dudó -otra marca de la casa- en caminar entre el público, en besarles y dejarse besar, achuchar, querer... «Yo soy feliz con veros sonreír», dijo en algún momento de la noche. «Cuando estamos en casa sin giras nos acordamos de vosotros, es así», y aprovechó para pedir a sus fieles que vivieran ese momento único, «este instante pleno», sin las ataduras de los «putos móviles» y las redes sociales, sin artificios, solo Manolo García, su música y ellos.

Pero su público también atesoraba una exigencia. 28 canciones no eran suficientes. Si el cantautor quería enterrar definitivamente a 'El Último de la Fila' esa no sería la noche.«Insurrección, insurrección, insurrección...», coreaban desde las butacas de asientos.

Y el catalán no estaba por la labor de negar nada. Una guitarra y su voz. Y ese «dónde estabas entonces, cuando tanto te necesité» llegó con sabor a rebeldía, un poco a revancha, a desafío. «Pedís insurrección, ¿tal vez por el tema de las pensiones? Pues quiero decir que me parece justo que esas personas salgan a la calle, que reivindiquen lo que es suyo. Tienen razón y yo salgo con ellos a la calle también». Y una vez destapado el corcho de la insurrección, el cantante vertió nuevas peticiones, como buscar la poesía en la vida, no permitir más la pérdida de derechos, o tolerancia cero con la violencia de género. Porque de eso van las canciones de Manolo García, de la vida, del amor, del respeto, de la contemplación, de buscar caracolas en el fondo del mar, de convidar a la fragancia que viene del río, de fotos en cajas de galletas, de hacer pájaros de barro y echarlos a volar.

 

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