«Los poetas de la experiencia rompieron el puente natural con América Latina»

El poeta José Kozer. /El Norte
El poeta José Kozer. / El Norte

José Kozer, escritor cubano exiliado en EEUU, participa con Antonio Gamoenda en un recital poético en la Biblioteca de Castilla y León este martes

Victoria M. Niño
VICTORIA M. NIÑOValladolid

Tiene el corazón mestizo y eso le llena de «vitalidad y gozo». José Kozer (La Habana, 1940) se exilió «más por razones personales que políticas» a los 20 años. Aquel «muchacho inquieto» se fue a Nueva York, adonde le siguieron después su hermana y sus padres. Este «blanco de apariencia» es un cubano de origen judío cuya mano escribe desde los 14 años los poemas que destila su cuerpo, sin que él intervenga. Es budista y eso mismo le pasaba a su maestro, no hay voluntad en el hecho de la escritura, sino «trance poético» al que se entrega.

José Kozer fue profesor de literatura comparada y traductor. La práctica, prescrita por el budismo, es la única razón que encuentra para su 'guinness', la gran cantidad de libros y versos que le preceden. Premio Iberoamericano de Poesía Pablo Neruda, se sabe más conocido y leído en América Latina que a este lado del Atlántico. «Los señores de la poesía de la experiencia, Chus Visor y compañía, crearon unas divisorias en los noventa que antes no existían», explica. «Estos poetas, muy politizados, levantaron unos Pirineos altísimos. Y aún no sé la razón, pero eso hizo que me dejaran de invitar en España. ¿De qué tienen miedo?», y la suavidad oriental se torna en acendrada argumentación. «A los escritores hay que juzgarles por su obra literaria. Me gusta la literatura de Céline, pero era un ser humano repugnante, antisemita, como Dostoievski o Quevedo, que me encanta como poeta». Eso se extiende a los jurados de los premios.

El Cervantes

«Recientemente supe que era candidato al Cervantes; como todo acto humano es un premio que ha señalado a excelentes autores con Guillén a la cabeza y a otros que no lo son tanto. En seguida me descartaron, pero ¿cómo pueden juzgar mi poesía dos miembros del jurado que son novelistas y no saben nada de mi obra?», se pregunta el Kozer budista que desdibuja deseos y destierra una probable frustración.

De admitir alguna etiqueta, no le parece del todo mal la de «neobarroco», aunque en seguida apunta que «no existe eso de la poesía difícil, es una falacia. Se ha creado ese mito de que hay poeta ilegibles que son demasiado abstractos para que el pueblo los entienda». «A mí –añade– me meten en ese saco. Yo no admito conceptos como el pueblo o la gente. Sí concibo un acto de comunicación regido por el respeto humano y el intento de entenderse. Ahora está todo en contra, la gente está olvidando leer y escribir. Hay un presidente en Estados Unidos que utiliza Twitter para demostrar su falta de ideas. Todo eso destruye lo único que tiene el ser humano, lo que nos permite comunicarnos, el lenguaje».

Kozer ha comprobado que «un país que pierde la poesía, pierde todo, su capacidad para el misterio, para la extrañeza ante lo nuevo que todos debemos sentir, para entender lo sibilino. Un país que no lee su poesía está muerto».

Le gusta volver a Góngora y a los clásicos para admirarse de la riqueza de esa lengua que le permite esa maleabilidad a la hora de escribir. «He vuelto a leer 'La lozana andaluza' y mi mujer me reprocha que le hablo en 'lozanoandaluz'. Debo ser el último mohicano».

Esa mujer que cita es su segunda esposa, la española Guadalupe, a la que recientemente le confesó que era su nombre la palabra más repetida en su poesía, para después rectificar: era Cuba. La poesía es para Kozer «una cuestión de salud» que nada tiene que ver con la visión romántica del poeta «suicida, alcohólico, drogadicto, eso ya pasó». «No sé en qué consiste ser poeta, pero sí se que no escribo al dictado de ningún dios, sino más bien al revés, de lo que surge del fondo de la tierra. La poesía es concentración y disponibilidad, una forma de religiosidad que necesita del talento». Pero ya se sabe que muchos son los que lo intentan y pocos los elegidos por la criba del tiempo. «Sobreviven en nuestra memoria diez gatos del gran acontecimiento cultural de este país que fue el Siglo de Oro. De la generación del 98 quedan cuatro y otros cuatro de la del 27, que era una generación de poetas a la que aspiraban a pertenecer 500.000».

«Soy un poeta monógamo, de matrimonio feliz, no como Rubén Darío», dice quien ha «sido muy pobre»: «Lo perdí todo, pero siempre intenté ser decente».

Recital

La Biblioteca Pública de Castilla y León acoge este martes la lectura pública de dos poetas, que son amigos desde hace casi medio siglo, José Kozer y Antonio Gamoneda. 'Distinto y junto' es el nombre del encuentro organizado por la Fundación Jorge Guillén y la Asociación Artilunios, que estará presentado por Jorge Tamargo y que comenzará a las 19:30 h. El escritor leonés, que se prodiga poco en actos públicos en la actualidad, viajará a Valladolid a encontrarse con su colega cubano. Kozer describe a Gamoneda como un gran poeta y «un ser humano excepcional, decente».

El último libro que ha publicado ha sido 'La prisión transparente' (Vaso Roto), mientras se suceden las antologías. Por su parte Kozer, que se sabe menos conocido en España que en América Latina, elegirá poemas de sus primeros libros para ir avanzando en una obra más densa. «No me gusta decir difícil, pero sí quizá más sintética», y es que para Kozer «es fundamental el respeto al público. Los poemas no son asequibles en una lectura en voz alta. La lectura de la poesía es siempre misteriosa, íntima, que requiere una repetición y una concentración. Eso no es posible en un acto público, por eso yo siempre recomiendo que escuchen, que no esperen entender, que reciban la sensación poética. Solo aspiro a eso. Vuelvo a leer a San Juan o a Jorge Manrique, releo y releo y cada vez entiendo algo más, me pierdo menos», explica el escritor.