«Nunca imaginé que la ilustración sería mi trabajo»

Marta Altés, en su estudio. /El Norte
Marta Altés, en su estudio. / El Norte

Marta Altés triunfó primero en el Reino Unido antes de conquistar mercado internacional y participa en el IV Vilustrado que comienza hoy en el LAVA

Victoria M. Niño
VICTORIA M. NIÑOValladolid

La Escuela de Arte de Cambridge le cambió la vida. Marta Altés estudió diseño gráfico y trabajó en un estudio de Barcelona durante cinco años hasta que decidió cumplir dos sueños: estudiar fuera y que la disciplina fuera su pasión, el dibujo. Pidió un crédito y desde entonces Altés (Barcelona, 1982) no ha parado de ilustrar libros y cubiertas. Uno de los últimos libros, 'La niña invisible', de Puño, otro ilustrador que participó como profesor y como alumno en dos ediciones de Ilustratour. Marta imparte un taller en el IV Vilustrado.

Lectora de álbumes y cómics, acudió fiel cada fin de semana de su infancia a la cita con Mortadelo pero «nunca imaginé que la ilustración podría ser mi trabajo». Y es que Altés recuerda sus dibujos antes de ir a Londres como «figuras palo, sin movilidad. En Cambridge tenía tiempo, allí desarrollé mi lenguaje». No sabe decir si su conexión con el público británico es por su formación allí o natural, pero desde la primera propuesta prendó a los editores. «Me dicen que mi ilustración se vende bien tanto en Gran Bretaña como en los países del Este. Eso les interesa por la posibilidad de coedición. También se distribuye en España, Francia, Dinamarca y otros países. Pero no sé a qué se debe, si tuviera esa receta la vendería». Altés lleva siete años trabajando para la editorial MacMillan, «se puede decir que es mi casa».

Allí ha publicado sus álbumes para primeros lectores, en los que todo lleva su firma, pero también ilustra clásicos como 'Just so stories', de Rudyard Kipling reescritas por Elli Woollard. Ese libro será traducido en breve en España por Blackie Books, precisamente con este sello ha publicado 'Pequeña en la jungla'. Altés hará girar su taller en torno al elemento que la resulta más definitivo en su trabajo: los personajes. «Cuanto más los conoces, pasa con las personas en el trabajo de los actores, más historias te cuentan. Son narraciones que viven en ellos, en nosotros y que se concretan a través de los personajes. Cuando se conoce todo del personaje, cuando uno se sacia de él, al final te habla él». Y eso llevado al extremo acaba conectando con la biografía del creador. «Todas las historias que yo quiero contar tienen algún punto en común conmigo. Si pienso en '¡No!' (Thule) sé que ese cuento tiene que ver con mi perro, o 'Mi abuelo' (MacMillan), con el mío en la realidad. Cuanto más personal es un relato, más universal puede resultar porque más gente ha sentido algo así o ha vivido de forma similar esa situación».

En cuanto a su estilo, «creo que va evolucionando. Si veo el álbum '¡No!' y el último, 'La pequeña invisible', sí noto las diferencias, porque cambiamos nosotros y cambian las imágenes que nos representan». También se toma con humor sus primeros fracasos «animales», cuando «pintar un camello o mi primer caballo solo arrancó carcajadas a la directora de arte de la editorial». Hoy sus camellos, sus hombres prehistóricos o sus niñas son requeridas por varias editoriales.

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