Miguel Ángel Tobías lleva al papel la historia de un milagro y su relación con la muerte

El escritor y cineasta Miguel Ángel Tobías. /El Norte
El escritor y cineasta Miguel Ángel Tobías. / El Norte

El escritor y cineasta hablará en los Cines Broadway de su último libro,'Renacer en Los Andes', prologado por Nando Parrado

SAMUEL REGUEIRAValladolid

A lo largo de su vida, el cineasta y autor Miguel Ángel Tobías ha estado muy cerca de la muerte en tres ocasiones; dos en África, a punto de perecer ahogado y envenenado, y una más en Arequipa (Perú), cuando sobrevivió milagrosamente a un descenso imposible que hizo sin guía, movido por una taquicardia, del seismil Nevado Chachani. El cómo lo consiguió, hace trece años, es la clave que vertebra su libro ‘Renacer en Los Andes’; un relato motivacional y reflexivo sobre el sentido mismo de la mera existencia a partir de aquel «milagro», como Tobías lo llama, que su creador presenta hoy a las 19:30 horas en los Cines Broadway en compañía del director de El Norte de Castilla, Carlos Aganzo.

«Fue una historia que sucedió con dos amigos –Carlos y Willy– durante un viaje de aventura al Perú», explicó previamente Tobías a este medio, tras un descenso por un rio de nivel cinco –el más alto nivel de peligrosidad–». Llegados a Arequipa, la intención inicial de hacer un turismo cultural relajado y sin pretensiones pronto se disipa ante el nuevo reto de coronar la cumbre del gran Nevado Chachani en un tiempo récord: «Por encima de los tres mil metros, el cuerpo necesita una aclimatación térmica de un día cada trescientos metros», explicó el autor. «Nosotros pretendíamos subir a la montaña en un solo día».

Transformaciones

Pese a sentir, hoy lo admite, un «extraño presentimiento en aquel momento», que trató de disuadirle de emprender tan peligrosa hazaña, Tobías confiesa que entonces se dejó arrastrar: «Sin tiempo, sin la ropa adecuada, finalmente llegamos hasta los 5200 metros una hora antes de que anocheciera». La intención del guía era acampar a esa altura, subir a las cuatro de la mañana y volver a bajar a toda velocidad. «A las siete era ya noche cerrada y empecé a sentir una fuerte taquicardia», relata el escritor, «pensé que se solucionaría pronto pero no disminuyó, y solo sabía que si me quedaba allí, en aquel momento, mi corazón se detendría y moriría». A las ocho, tras discutir con el guía, Tobías abandonó al grupo y emprendió el descenso en solitario: sabía que no estaba preparado para orientarse sin ayuda, era muy consciente de que, en el fondo, se dirigía a la muerte.

«El instinto de supervivencia me hizo pensar, decidí detenerme y comprender que mi lucha no era contra el frío sino contra mí mismo», detalla. Aquella fatídica noche se durmió por dos veces, y en ambas ocasiones notó «una mano» que le despertaba e impedía que el sueño fuera la rendición de su mente. «Al despertar la mañana siguiente, me vi rodeado de picos de los Andes, sin comida ni bebida ni manera de llegar hasta abajo». Fue entonces cuando decidió hablar con ‘Dios’, «el dios que cada uno quiera interpretar», al que le pidió cinco cosas, que se fueron cumpliendo sucesivamente, tal y como detalla el libro, hasta que Tobías llega sano y salvo de vuelta al pueblo.

«Lo más terrible de aquello fue tener que despedirme mentalmente de mi familia y visualizar el horror de cuando encontraran mi cadáver«, narra Tobías. Su momento de transformación se extiende al propio guía, que llega con sus amigos tiempo después. «Estaba seguro de haber perdido a un hombre en la montaña. No tenían intención, me dijo, de buscarme, solo de recuperar mi cadáver». Para Tobías, trotamundos conocedor de todo tipo de culturas y religiones, esta experiencia le demuestra «la existencia de Dios de una forma amplia que es capaz de encuadrarse en la creencia de cualquier persona; es algo extraordinario que sucede sin que uno lo pueda explicar».

El libro se encuentra prologado, además, por Nando Parrado, uno de los supervivientes de la tristemente mítica Tragedia de los Andes de 1972: «Cuando le conocí, lloramos juntos», cuenta Tobías. «Me dijo que ellos tuvieron la suerte de que eran dieciséis, pero yo me encontraba solo». El autor también señala que los derechos del libro van a parar a su fundación Historias que deben ser contadas, con la que ha creado numerosos proyectos audiovisuales de carácter social.

 

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