Juan Manuel de Prada: «El amor es una brecha que nos transforma»

Juan Manuel de Prada./
Juan Manuel de Prada.

«En la rareza y malditismo florece el artista, que ha de estar en contra de su tiempo», dice el autor de 'Lucía en la noche', una intriga amorosa sin temor a lo cursi

Miguel Lorenci
MIGUEL LORENCIMadrid

Un autor en horas bajas que dejó de escribir 'resucita' gracias al amor de una joven. Pero acabará conociendo su secreto más terrible tras la desaparición de su amada en un accidente aéreo. En estas líneas está la nueva novela de Juan Manuel de Prada (Baracaldo, 1970), autor que no deja indiferente a nadie y que regresa con ganas al mundo de la ficción con 'Lucía en la noche' (Espasa). Alejando Ballestero, su protagonista, tiene bastante que ver con De Prada, que en medio de la peor crisis vital y creativa estuvo a punto de tirar la toalla. Pero se rearmó. Se reafirma ahora como «raro y maldito» y asegura que no callará jamás. Que dirá lo que piensa «hasta el final de mis días y aunque arda Troya».

Advierte De Prada que su novela «no es un thriller de esos en los que la intriga es una gran confabulación financiera o tecnológica que amenaza a la humanidad». «Es una novela de misterio a la antigua usanza, en la que el misterio nace del ser humano», dice de una «ficción intimista sobre una obsesión amorosa y la necesidad que tenemos de desvelar todo». A veces en la vida, como en la novela, «nada parece lo que es; los que parecen héroes son villanos y viceversa», advierte. Un misterio que está en todos «porque todos escondemos una vida secreta tras nuestra nuestra vida aparente, como pasa en 'Vértigo', la película de Hitchcock: lo misterioso es Kim Novak. Aunque luego sepamos que está involucrada en un timo, el misterio surge de la atracción que ejerce en James Stewart».

«El amor es como una brecha que se abre en nuestras vidas, que no tenemos prevista, pero que nos arrastra y nos transforma. Necesitamos vincularnos y nos enamoramos», asegura De Prada, reconociendo cómo el amor le cambió la vida y lo sacó del hoyo en el momento mas negro. «Todos necesitamos que alguien irrumpa en nuestras vidas como un elefante en una cacharrería», admite.

No niega, pues, que su experiencia amorosa esté «en mi novela más autobiográfica». «De forma sublimada, habla de una etapa de mi vida en la que estaba descentrado, hundido, renegando de mi vocación tras cinco años sin escribir un libro». «El amor transformó mi vida y de aquella crisis salí reforzado», confiesa. «Pensé que dejaría de escribir. Había perdido la alegría de fabular y pensé que me bastaba con decir las mayores burradas. Sufrí una profunda descomposición espiritual y moral que superé a través del amor», confiesa. «Puede sonar cursi, pero como decía Ramón Gómez de la Serna, lo cursi abriga». «Hay que recuperar lo cursi», propone ahora alabando el poder «catártico, regenerador, redentor del amor». «Yo lo he vivido así y lo que cuento tiene mucho de mi experiencia vital, de mi penitencia y resurrección anímica y personal a través del amor».

Estirpe de malditos

Raro por naturaleza, heredero orgulloso de una estirpe de malditos, De Prada se considera un «verso suelto» en el panorama literario español. ¿Se ha acomodado al papel de perro verde nuestra literatura? «Envejecer es acomodarse, pero para acomodarme necesitaría un cama de faquir, porque elegí un puesto my inhóspito», ironiza. Y ahí piensa seguir, orgulloso de su marginalidad, diciendo 'sus' verdades como puños. «Fui raro desde mis inicios y aveces me regodeo en mi disparidad. Pero hay un momento en tu vida que no puedes dar marcha atrás. Si me adscribiera a una línea ideológica moderna, resultaría inverosímil. Si defendiere posturas liberales o socialdemócratas, sería inconsistente», analiza.

«Para bien o para mal descubrí que mi camino era una refutación del mundo moderno y me mantendré fiel a eso. Es donde me siento más verdadero y es la manera que tengo de aportar algo a mi generación», dice este autor y articulista refractario a las modas que remonta las corrientes dominantes. «Desde la rareza, desde el malditismo, florece el temple de artista, que debe estar en contra de su tiempo. No entiendo al intelectual que se siente hospitalariamente recibido en una adscripción ideológica», señala.

«Me moriré siendo escritor y diciendo lo que pienso aunque arda Troya y nadie me publique o me pague por ello», promete De Prada. «Decidí que debía decir lo que pienso y lo hago a pesar de todo y de todos. El día en que no haya un escritor tocando los cojones la sociedad se va a pique», agrega. Pesimista esencial, cree, como Edward Gibbon sobre Roma, que vivimos momentos de «decadencia y caída». «El mundo que surgió de las dos guerras mundiales toca a su fin. Está es una era de hundimiento, de abatimiento, de fin, de acabamiento y desenlace», enumera. «Ya veremos si vamos al abismo o al renacimiento, pero para renacer necesitamos una 'metanoia', que decían los clásicos, una conversión, una transformación radical. Tenemos que renegar de muchas cosas con las que nos han sobornado y tener la valentía de confrontarnos con la verdad. Con la propia y con la del mundo, que es lo que ocurre en esta novela». «No hay otra solución», concluye el escritor.

 

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