La alegría de la escritura

Carlos Pujol en una fotografía de 2005./Toni Albir - EFE
Carlos Pujol en una fotografía de 2005. / Toni Albir - EFE

Menoscuarto rescata 'Los secretos de San Gervasio', de Carlos Pujol

Angélica Tanarro
ANGÉLICA TANARROValladolid

En los últimos años de su trayectoria, el escritor Carlos Pujol, hombre vinculado a la editorial Planeta durante toda su vida y miembro del jurado de su premio más internacional, confió sus novelas a la editorial palentina Menoscuarto. En este sello fueron apareciendo títulos como 'Fortunas y adversidades de Sherlock Holmes' (2007), 'Antes del invierno' (2008), 'El teatro de la guerra' (2009) y 'Los fugitivos' (2011). Pujol, que falleció en 2012 en su Barcelona natal, fue, además de escritor y editor, un reputado traductor y crítico literario, gran conocedor del género policiaco. Pero por encima de todo eso, un hombre de gran cultura y trato exquisito. 'Los secretos de San Gervasio' apareció por primera vez hace 25 años y el sello palentino lo ha rescatado a modo de homenaje, como el que le rindió recientemente la Universidad Internacional de Barcelona en el que la novela fue uno de los ejes. Un prólogo de Andrés Trapiello y un epílogo del propio Pujol sobre el género negro dan personalidad a la nueva edición.

'Los secretos de San Gervasio' es el homenaje a Pujol a uno de los personajes clave del género, Sherlock Holmes y su inseparable Watson. Es un divertimento. Uno de esos libros con los que, además de experimentar el placer de la lectura, somos capaces de comprobar y compartir la alegría con la que fueron escritos. Pujol despliega su sentido del humor y su ironía como un homenaje a la ironía del autor, un Conan Doyle que hace un cameo en esta historia. La trama, en la que no falta el consabido cadáver sin el cual no se entiende el género, transcurre en Barcelona como lo atestigua el subtítulo de la novela, en un tórrido verano. La razón del inesperado viaje tiene que ver con la más inesperada aún llegada de dos jóvenes catalanas a la residencia del detective, en plena madrugada, con el objetivo de que les ayude a encontrar a su padre, un rico fabricante de telas, que ha desparecido sin dejar rastro.

Así comienza una trama en la que lo de menos son los acontecimientos, pues personajes y ambientes diestramente trazados, como sin esfuerzo, le sirven a Pujol para no solo parodiar las novelas policiacas, al modo en que El Quijote (que también es mencionado en sus páginas) parodiaba las de caballería, sino para reflexionar sobre los límites de la ficción, su conexión con la realidad y sobre el hecho mismo de la escritura.

En el remate del breve ensayo con el que concluye este volumen Pujol afirma del género que tanto estudió y disfrutó: «Es un juguete para mayores al que solo se le puede pedir lo que a los juguetes: que divierta y que funcione bien». Y se aplica el cuento en esta novela, excelente puerta de entrada para leer a un autor que merecería mayor reconocimiento.