Palabras y palabros: El origen de la expresión 'írsele el santo al cielo'

«Decimos que a alguien se le va el santo al cielo cuando alguien, en una conversación o discurso, pierde el hilo de lo que iba a decir»

MARIÁNGELES SASTRE

Decimos que a alguien se le va el santo al cielo cuando alguien, en una conversación o discurso, pierde el hilo de lo que iba a decir, se va por las ramas y se queda colgado sin acertar a volver al tronco de lo que estaba diciendo. La expresión parece que se tomó de un predicador que a mitad del sermón se olvidó del nombre del santo cuyas glorias cantaba y para solucionarlo dijo que se le había ido el santo al cielo.

Cuando alguien dice que se le ha ido el santo al cielo es que se le ha olvidado algo, ya sea algo que tenía que hacer o algo que iba a decir.

También se usa esa expresión cuando alguien va a decir algo y de repente se queda en blanco (otra expresión), es decir, se queda sin saber qué decir porque se le ha olvidado lo que iba a decir.

Con un sentido parecido decimos perder el oremus. En el origen de esta expresión está que en la celebración de la misa el celebrante, después de entonar el Oremus (recemos), recitaba no solo la oración del santo del día, sino otras oraciones de diversas conmemoraciones que debía ir buscando en el misal. Con frecuencia esta búsqueda resultaba difícil y a veces hasta infructuosa. Al verle pasar las hojas a un lado y a otro sin acabar de encontrar oración cuyo rezo había anunciado, los fieles decían que había perdido el oremus.

Como suele ocurrir en este tipo de expresiones, van ampliando su significado y hoy se aplica irse el santo al cielo a quienes pierden momentáneamente el conocimiento y perder el oremus a quien, por debilidad mental, le cuesta coordinar las ideas y seguir el hilo de la conversación. Y, por extensión, cuando alguien pierde el juicio o la cordura.