Rosas blancas para Cervantes y para el cervantista Pérez-Mínguez

Un momento del concierto del trío Rigoletto, con la estatua de Cervantes al fondo y la plaza de la Universidad repleta de Publico/
Un momento del concierto del trío Rigoletto, con la estatua de Cervantes al fondo y la plaza de la Universidad repleta de Publico

El trío Rigoletto puso música del XIX a la velada en recuerdo al fundador de ‘El avisador’

VICTORIA M. NIÑO

Tarde noche de calor que invitaba a quedarse en la calle. Los que habitualmente hacen tertulia en los bancos de la Plaza de la Universidad se vieron acompañados por muchos otros ciudadanos que quisieron recordar a quien encargó la estatua que les mira cada día. Ese Cervantes de bronce nació del empeño de Mariano Pérez-Mínguez, famacéutico de rebotica donde se gestaron sus ideas ilustradas y su pasión por el autor de El Quijote.

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A ese cervantista entusiasta estuvo dedicada la velada. Carlos Aganzo, director de El Norte de Castilla, glosó la figura de aquel antepasado lejano en el cargo. Además de sus múltiples iniciativas y cargos en su oficio, que en su caso estaba en la calle Santiago, sembró sus escritos en varias publicaciones. El avisador que fundó en 1854 se unió a El Correo de Castilla para trasformarse en la cabecera del diario decano de la prensa española, El Norte de Castilla, que organizaba el acto junto al Ayuntamiento.

Aganzo se refirió a la pasión del boticario por el alcalaíno y su empeño por recuperar su casa, por crear la Sociedad de la Casa de Cervantes que también fue un ateneo cultural, y posteriormente, no contento con todo ello, soñó eregir una estatua con la ayuda de otros cervantistas. A la hora de recaudar, se quedó solo. «Me da vergüenza hablar de Cervantes y Valladolid, porque nunca estamos a la altura del escritor. En este año de Cervantes, estoy en una exposición importante en Castilla-La Mancha, pero eso es el Quijote. Cervantes es Valladolid y Madrid», lamentó Carlos Aganzo.

Quiso recordar al sobrino del protagonista de la noche, Fidel Pérez-Mínguez, que fue concejal en Madrid y quien puso nombres cervantinos a varias calles además de mandar esculpir al Quijote y al Sancho que presiden la emblemática Plaza de España madrileña.

El alcalde, Óscar Puente entregó un simbólico ramo de rosas blancas a otra descendiente, Rocío Pérez-Mínguez Escobar, a la sazón periodista. El Trío Rigoletto, formado por Beatriz Mier (piano), Katrina Penman (flauta) y Sara Santirso (flauta), hicieron sonar la música del XIX, quien sabe si la que oyó el propio Mariano. La banda sonora de un siglo en el que a falta de electrónica, se multiplicaba el presente y había tiempo para respetar el pasado.

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