Welles y Shakespeare, la potencia de la imagen y la palabra

Jorge Praga, en la Casa de Cervantes. /
Jorge Praga, en la Casa de Cervantes.

Jorge Praga cerró el ciclo ‘Lunes de cine con Cervantes y Shakespeare’ en la Casa de Cervantes

VICTORIA M. NIÑO

Tres adaptaciones (y media) de Shakespeare por Orson Welles fue la conferencia con la que Jorge Praga cerró el ciclo Lunes de cine con Cervantes y Shakespeare en la Casa de Cervantes ayer. Si Paulino Viota, el director que le precedió en la cátedra, sostenía la imposibilidad de compatibilizar el denso verso del Bardo con el lenguaje cinematográfico, Praga vino a matizar cierto desacuerdo.

«Orson Welles es un director con un gran bagaje literario. Lee a Shakespeare cuando es pequeño. A los 14 años escribe una refundición de dos de sus obras; a los 16, lo representa; a los 20 hace varias produ-cciones de su teatro. Por otra parte tiene la fama, a partir de Ciudadano Kane, de cineasta rompedor. Es un director que, partiendo de su conocimiento de la palabra y de su concepción moderna del lenguaje cinematográfico, logra adaptar a Shakespeare, siendo fiel al texto», explicó Jorge Praga.

Comenzó por Macbeth, de la que proyectó dos escenas en las que «respetando la palabra y con un uso novedoso de la cámara, logra una imagen de gran poderío que demuestra la buena conjunción de ambos». Macbeth se rodó en apenas tres semanas y en seguida se montó y se estrenó. «No le dieron ningún premio entonces pero ha sobrevivido muy bien al paso del tiempo».

El bufón de Hollywood

Frente a la rauda carrera de Macbeth, Otelo le llevó cuatro años a Welles. «Fue un rodaje muy fragmentado porque no estaban los protagonistas, y usaba extras que ponía de lado. Se le acababa el dinero, se le cruzaban otros proyectos», explicó Praga. De ella utilizó dos escenas, una «la recreación de unos baños que había conocido en Marruecos, que tienen un trabajo de iluminación, recreación y montaje deslumbrantes» y la «muerte de Desdémona, con una gran contraste entre el negro Otelo y la palidez de Desdémona».

«Campanadas a media noche más que una adaptación es la suma de ocho o nueve obras de Shakespeare, protagonizadas por un personaje que también el inglés usó en varias, Falstaff. Orson Welles tenía 50 años, pero estaba lo suficientemente gordo y envejecido como para encarnarlo. Falstaff es un bufón, un payaso, al que se el encarga la educación del príncipe, las enseñanzas de la vida, aprender a beber, a conocer los prostíbulos. Cuando llega a ser rey, le despide. Hay quien ha leído eso como la situación del propio Welles en Hollywood, un bufón que entretuvo y luego fue expulsado». Praga considera esta «una película muy melancólica, triste, como de colofón, de una gran potencia visual y también de palabra. Es una versión libro que hace Welles, pero dentro del ambiente de la Inglaterra shakesperiana».

Y a las tres adaptaciones, Praga unió una «media» conformada por las imágenes encontradas de una adaptación de El mercader de Venecia y el documental que hizo sobre la grabación de Otelo. «Pero Welles es una mina de sorpresas, nunca se acaba de estudiar».

 

Fotos

Vídeos