Releer los clásicos con mirada política

Tecla González Hortigüela, en la UVa. /Rodrigo Jiménez
Tecla González Hortigüela, en la UVa. / Rodrigo Jiménez

Tecla González desarrolla un análisis textual de 'Jane Eyre' en el Curso de Cine de la UVa

Samuel Regueira
SAMUEL REGUEIRAValladolid

Que un libro o una película no son solo buenos por sí mismos, sino en el momento vital y el ánimo con el que van a parar a los ojos del lector/espectador, resulta evidente. Pero además una mirada crítica y educada, con valores bien asentados en los tiempos presentes, pueden rescatar capas insólitas de clásicos de siglos anteriores, de cuyo estudio se desprenden numerosas y bien estimulantes relecturas políticas. Partiendo de esa base desarrolló la profesora Tecla González Hortigüela, de la Facultad de Ciencias Sociales, Jurídicas y de la Comunicación en la provincia de Segovia, un análisis textual de la emblemática novela de Charlotte Brontë 'Jane Eyre', así como de la versión cinematográfica dirigida en 2011 por el hoy cotizado Cary Fukunaga y protagonizada por Mia Wasikowska y Michael Fassbender.

El detalle que establece el texto original de la escritora, que vincula el cuarto rojo donde se encierra a Jane de niña con la habitación prohibida en la que Rochester tiene encerrada a Bertha Mason, no es, sostuvo la profesora en declaraciones previas a su conferencia en la 56ª edición del Curso de cine de la Universidad de Valladolid, una lectura que relacione a ambos personajes femeninos como un doble especular del otro, según se ha leído tradicionalmente en estudios sobre la obra de Charlotte Brontë, una conexión que vuelve a evidenciarse a través del filme protagonizado por Wasikowska, en un momento de su trayectoria fílmica en el que la actriz se había propuesto protagonizar un sinfín de adaptaciones de textos clásicos, desde 'Madame Bovary' de Gustave Flaubert, a las órdenes de Sophie Barthes; hasta las dos partes de 'Alicia en el país de las maravillas' y 'A través del espejo', a cargo de Tim Burton y James Bobin.

«La conexión entre el cuarto rojo y la habitación prohibida sitúa la huida como centro del relato», explicó González Hortigüela: «De niña, Jane Eyre no pudo huir del cuarto rojo, del mismo modo que Bertha Mason no puede salir de la habitación prohibida, pero a medida que siguen adelante en su vida cada una logra huir, a su manera, de ese encierro», explicó mediante ejemplos de las constantes conexiones entre el pasado y lo que sucede en el castillo que desplegara el prometedor Fukunaga, quien pronto consolidaría su talento en posteriores largometrajes como 'Beasts of no nation' o series televisivas como 'True Detective' y 'Maniac'.

Moral y sexualidad

Otro de los hallazgos que cumple la conexión entre el cuarto rojo y la habitación prohibida, explicó la conferenciante, es la manera en la que se consigue imbricar la pasión sexual y la violencia desde el punto de vista subjetivo de la protagonista: «Lo que hace el director, a partir de un guion espléndido de Moira Buffini, es poner en escena toda la problemática que gira en torno a la sexualidad de la mujer en este momento victoriano, en el que hay un absoluto predominio de la ley moral y religiosa».

En las adaptaciones cinematográficas anteriores no se hace un especial hincapié en esto. Tanto en la versión de 1946 protagonizada por Joan Fontaine y Orson Welles, a cargo de Robert Stevenson; como en la de 1996 dirigida por Franco Zeffirelli con Charlotte Gainsbourg y William Hurt en los papeles principales, se omitía una escena clave de la novela entre Eyre y el pastor protestante John Rivers, que Fukunaga recupera al «poner en primer plano la tensión, central en la novela, entre la pasión heterosexual de las mujeres y el discurso moral-protestante que está en el origen mismo tanto del capitalismo como del llamado 'feminismo de la igualdad'». Una lectura política que en los tiempos que corren hoy vuelve a cobrar su relevancia, y que el guion logra reintroducir a través de un artificio que rompe la cronología narrativa de la película.

Todavía más áun; en la película de 2011 se puede ver en numerosas escenas un cuadro de Psique y Cupido, en el que Jane Eyre se detiene varias veces: «Conecta la dimensión de la mirada entre Eros y Psique; Jane que quiere saber de qué va la sexualidad hasta el punto de que, en un momento dado, ella dice que teme que se le pase la vida de largo sin conocer a un hombre». El análisis textual desarrollado por González Hortigüela, que incluye alusiones al espíritu del Gytrash y al carácter vampírico de Mason, se vertebra más en torno a la enunciación que en torno al enunciado, y reivindica este trabajo de Fukunaga como «una obra de arte impresionante».