El cineasta al servicio del relato

Javier Ocaña./Rodrigo Jiménez
Javier Ocaña. / Rodrigo Jiménez

Javier Ocaña aborda a uno de los últimos directores artesanos, Peter Weir, en el Curso de Cine de la UVa

Samuel Regueira
SAMUEL REGUEIRAValladolid

A día de hoy la cinefilia más exquisita reclama un cine de autor muy marcado, del que no se salva ni los pretendidos cantos a aquel cine clásico y de género ya muerto que se recogen en 'Érase una vez... en Hollywood'. En aquel clasicismo no eran tan reconocibles los tics y manías visuales y narrativas de cada cineasta, que en su lugar prefería servir al relato en lugar de que el relato le sirviera a él. Uno de estos últimos realizadores vivos, Peter Weir, fue el protagonista ayer del seminario de la 56ª edición del Curso de Cine de la Universidad de Valladolid, a cargo del critico y escritor Javier Ocaña.

«He tratado de reivindicar un tipo de cineasta director, que antes se llamaba 'artesano' de un modo un tanto peyorativo, pero yo denomino cineasta en el amplio sentido de la palabra», expuso Ocaña. Es un realizador capaz de todo, de tener estilo cuando así lo desea y que lo puede esconder cuando el material y la narrativa del tipo de película que tiene entre las manos demanda esa ausencia de estilo: «Cada vez quedan menos», se lamentó el conferenciante en declaraciones previas, si bien sí concedió que aún existían ciertos ejemplos vivos y en activo como Clint Eastwood, David Fincher o Jeff Nichols.

«Peter Weir es uno de estos cineastas, alguien que a día de hoy se encuentra al borde de la retirada», sentenció el crítico; «sería una suerte que volviera a hacer cine, pero es muy probable que no». Dijo quien echa de menos «esa flexibilidad y capacidad de adaptación para alquien que produjo a lo largo de cuarenta años catorce largometrajes de una solidez extrema» (quizá con la única excepción, por la mínima, de su último trabajo; 'Camino a la libertad').

«Weir llevaba al final a la perfección todo lo asignado, le infundía el estilo adecuado sin apriorismos, y con todo se logra hallar ciertos subtextos comunes; el más significativo, el del forastero que se introduce en un mundo extraño, que pretende cambiar los códigos o leyes de comportamiento de ese universo y que eventualmente no lo logra. Ese gran tema de la obra del cineasta se repite en numerosas ocasiones a través de películas tan diferentes como 'Único testigo', 'El club de los poetas muertos', 'Matrimonio de conveniencia' e incluso 'El año que vivimos peligrosamente'.

Encargos personales

A lo largo de la carrera de Weir se entremezclan productos más personales como 'La última ola', 'El fontanero' (también llamada 'El visitante') o la adaptación homónima de la emblemática novela 'Picnic en Hanging Rock' junto a encargos que él perseguía de antes y que logró, de algún modo, hacer suyos de un modo un tanto invisible: 'Sin miedo a la vida', 'El show de Truman', 'La costa de los mosquitos'... Con todo no se resiste tampoco a algunos guiños de marca propia visuales, explicó Ocaña, como su manera de definir a los personajes e introducirlos de cara al espectador con frases muy cortas o con elipsis de imágenes, con el ejemplo más emblemático en el arranque de 'Matrimonio de conveniencia'.

«Uno ve a Peter Weir y en él están William Wyler y Raoul Walsh», afirmó el conferenciante sobre un cineasta que considera era capaz de todo: «Sabe hacer un cine muy adulto, con dramas de cierta complejidad y trascendencia alrededor del ser humano, con temas que elevan el artificio de las aventuras».

'La estrategia de la araña', este jueves en Mergelina

El Aula Mergelina de la Facultad de Derecho de la Universidad de Valladolid concluye este jueves el ciclo que le ha venido dedicando al cineasta italiano Bernardo Bertolucci con la proyección de otra de sus películas más rabiosamente políticas y una de las más conseguidas de su trayectoria, 'La estrategia de la araña'. Basada en un cuento de apenas dos páginas firmado por el escritor argentino Jorge Luis Borges, 'Tema del traidor y del héroe', la película sigue el regreso al pueblo de un hombre, Athos Magnani, que sigue los pasos de su padre (también llamado así), y que fuera asesinado allí presuntamente por un fascista.

Pronto el protagonista empezará a descubrir cómo se puede repetir la historia con él mismo mientras desenreda la red de mentiras que se extiende en todo el pueblo y él termina atrapado, como una mosca, dentro de una telaraña mortal. Completa el reparto Alida Valli para una película rodada en 1970 durante unas seis semanas y estrenada casi al tiempo que el film 'El conformista'.