Ciencias ocultas en el cine español

Jesús Palacios, en la Universidad de Valladolid. /Rodrigo Jiménez
Jesús Palacios, en la Universidad de Valladolid. / Rodrigo Jiménez

Jesús Palacios aborda el fantaterror patrio en el Curso de Cine de la Universidad de Valladolid

Samuel Regueira
SAMUEL REGUEIRAValladolid

El Curso de Cine de la Universidad de Valladolid arrancó ayer su segunda semana con un nuevo género en torno al cual vertebrar sus jornadas de proyecciones; el séptimo arte fantástico y patrio, y lo hizo acompañando su selección de títulos de todas las décadas con un seminario acorde a lo propuesto. Fue el escritor y crítico Jesús Palacios, experto que ya ha abordado diferentes aspectos de esta clase de cine en el Curso, como cuando dedicara su conferencia al terror erótico (o erotismo terrorífico) nipón, el 'eroguro', hace dos ediciones. Palacios ha optado para abordar la faceta concreta de cómo las películas españolas han abordado el mundo de lo paranormal, el esoterismo y las ciencias ocultas, desde los albores del celuloide a la época actual.

De entre estos ejemplos se detiene el conferenciante en «aquellos ejemplos que el cine ha podido servir como medio para transmitir el espiritismo o la teosofía», citando como ejemplo la hoy olvidada, por su equívoco título, 'El sexto sentido' (1929). «Fue aquella una época de gran eclosión del espiritismo y del principio de estudios científicos sobre aquellos ámbitos más allá de la vida, que suscitaron el interés incluso de intelectuales de la bohemia española de las Generaciones del 98 y del 27», expuso en declaraciones previas a su seminario, en las que citó los nombres de Jacinto Benavente, cuya obra teatral 'Más allá de la muerte' fuera trasladada a la gran pantalla de la mano de Benito Perojo, o Eduardo Zamacois, responsable de 'El otro'.

Diferentes aproximaciones culturales a un concepto tan desconocido como en boga, espoleado por los avances de los estudios en psicoanálisis y psicologías profundas que desarrollaran Charcot y Freud, entre otros, y que abordasen terrenos antes inexplorados como los sueños, las premoniciones y, en definitiva, «todas las realidades de un mundo invisible». A esto cabría sumar el desarrollo desde un punto de vista físico de nuevos aparatos y tecnologías no ópticos, las investigaciones que en Francia y en Inglaterra influyeron en concepciones y teorías sobre la vida después de la muerte y sobre lo fantasmagórico, o la acuciante necesidad de comunicarse con aquellos familiares y amigos fallecidos víctimas de los estragos de la I Guerra Mundial: «Se aplicaba un punto de vista pretendidamente científico a estas experiencias basadas en la existencia de un alma y en aquellas percepciones de algo más allá de la muerte».

Pero si de contextos se trata no resulta posible obviar la incidencia que en este país tuvieran tanto la Guerra Civil como la posterior dictadura franquista, que «se encargó de frenar la eclosión de lo fantástico en el país», ya que la mirada de nacionalcatolicismo inherente al régimen golpista no veía con buenos ojos todo lo relacionado con espiritismo y teosofía: «Todo eran farsas, o antirreligioso, o directamente diabólico», expuso Palacios, quien pese a todo encuentra un insólito ejemplo en el particular clásico 'La torre de los siete jorobados', rodado por Edgar Neville en 1944 a partir de una novela de Emilio Carrere, y que ayer se pudo ver durante la tarde en el Aula Mergelina de la Facultad de Derecho.

Tras este forzado hiato, los sesenta y los setenta conocen una de las primeras nuevas olas del fantaterror en el país, con nombres tan emblemáticos como los de Paul Naschy, Jacinto Molina, Jesús Franco (en menor medida), Amando de Ossorio o Leon Klimovsky, quienes además despliegan una idiosincrasia inequívocamente española: «En todo el tema de la relación de los fenómenos paranormales, el ocultismo y la teoría esotérica hay un anticlericalismo, una rebelión contra la religión establecida que retrata la filosofía ocultista como algo negativo, y donde juega un papel de relevancia la represión sexual».

Frente a la censura

«Todas usan el erotismo más exagerado, dan mucho pábulo al sexo, abundan los desnudos», remarca Palacios como esa toma de postura frente a la censura católica de entonces que incluso trocaba la película en dos versiones; una mutilada para público nacional y otra íntegra para mercado internacional. Pronto llegaría un segundo 'boom' del surrealismo fantástico, que propicia el reafloramiento de temas como los alienígenas y las presencias televisivas de figuras como Jiménez del Oso, a quien posteriormente tomaría el testigo Iker Jiménez.

Filmes como 'Escalofrío', 'Exorcismo' o 'El hombre perseguido por un ovni' traerían a nuevos talentos e inquietudes al tiempo post-Transición, que daría luz verde a cineastas modernos ('Arrebato' de Zulueta) hasta un segundo boom que ya divide el fantaterror entre lo cariñoso pero esperpéntico (De la Iglesia) y lo directamente serio, «que puede confundirse con el cine de Hollywood». Obras como 'Luces rojas', pero también de identidad propia como 'Verónica'.