Relaciones humanas en tinta azul

Una visitante contempla una de las obras de la muestra. /Henar Sastre
Una visitante contempla una de las obras de la muestra. / Henar Sastre

Renato Costa presenta en la galería Javier Silva una obra multidisciplinar que reflexiona sobre problemáticas sociales

SAMUEL REGUEIRA Valladolid

Hace cuatro meses, el Instituto Aragonés de Arte y Cultura Contemporáneos (IAACC) acogió la primera parte del proyecto ‘Inkless’, un trabajo multidisciplinar del artista Renato Costa (Río de Janeiro, 1974) que, a través de imágenes extraídas de medios de comunicación, vídeos y pinturas, trataba de poner de manifiesto la concepción general que comprende la figura del otro -la alteridad-, las relaciones humanas, la capacidad de empatizar... Toda una problemática compleja de la idiosincrasias que, a día de hoy, parecen hacer cada vez más insostenible el sistema en el que vivimos. La galería Javier Silva acoge a partir de hoy y hasta el 4 de marzo un nuevo punto de vista de este trabajo, exclusivamente pictórico, en el que las piezas ya no dependen de un texto o de un diálogo cruzado, como sucedía en Zaragoza, sino que permiten reflexionarse a título individual.

«Lo que en el IAACC era como un grito de actualidad, una colección de imágenes, procedentes de distintos medios, que mostraban una humanidad caminando a la sombra de sus propias posibilidades, adopta aquí un nivel más de ensoñación, mucho menos conectado con la realidad de hoy y más con el pasado y la memoria colectiva», explicó Costa. Construidas estas nuevas propuestas a partir de su propio imaginario personal, casi con un espíritu autobiográfico, suscita siempre las preguntas sin llegar a conceder las respuestas, a lo largo de una serie de desafíos al visitante, donde se le muestra que el principal problema del ser humano descansa en su ausencia de una ética común a la hora de relacionarse. «Desconoce cómo actuar frente al otro por una serie de cuestiones, cuyo origen radica en ese mismo trato entre las personas». Para Costa, «existen una serie de muros y barreras creados por la mano del hombre; hay gente que se siente de un país distinto, de una religión distinta, con un idioma distinto...». El sometimiento a esas sombras que se ciernen sobre el entendimiento global se traduce, visualmente, en esa predominancia del azul que remite al bolígrafo BIC y «a una tinta en el trabajo».

Es por eso un problema social no solo de índole filosófica, también política: «Todo problema político es una cuestión humanística», afirma, y se sirve del ejemplo del sentimiento nacionalista; «va en contra del progreso, levanta fronteras en lugar de acabar con ellas y hablar de un concepto más universal y global». Pero la cuestión no pasa tampoco por establecer un pensamiento único o acabar imponiendo una única lengua, nación y credo. «El sentimiento de desconexión que hay tras todo esto se traduce en que vemos las imágenes o acontecimientos de tragedias que tienen lugar en otros países y nos parecen lejanísimos».

 

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