La llama literaria de Delibes pervive

Vivienda familiar de Miguel Delibes en la calle Dos de Mayo, de Valladolid, con el escritorio del novelista a la derecha, presidido por el retrato de su esposa, Ángeles de Castro. /
Vivienda familiar de Miguel Delibes en la calle Dos de Mayo, de Valladolid, con el escritorio del novelista a la derecha, presidido por el retrato de su esposa, Ángeles de Castro.

Homenajes de recuerdo, tesis doctorales, publicaciones, congresos, actividades escolares y exposiciones marcan la estela del novelista vallisoletano un lustro después de su muerte

JESÚS BOMBÍNVALLADOLID

«A mi padre le hubiera emocionado tanto afecto aun sabiendo que lo tenía». Con estas palabras, el biólogo Miguel Delibes agradeció en la misa funeral de su padre, Miguel Delibes Setién, el torrente de muestras de cariño recibidas desde que se supo de su fallecimiento a los 89 años en esa amanecida nublada del 12 de marzo de 2010 que dejó en el aire algunos copos de nieve. Cinco años después perviven en el recuerdo las muestras de aprecio y cariño, algunas imborrables, estampadas en libros de condolencias en los que más de 1.400 personas dejaron constancia caligráfica de sus sentimientos de gratitud y dolor.

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Hoy se cumplen cinco años de aquellos días en los que el novelista vallisoletano recogió tal cosecha de afecto. Desde entonces rara ha sido la semana o el mes que su nombre y su hacer literario no han sido evocados en actos literarios, congresos, entrevistas o actividades escolares. La estela de uno de los grandes de las letras españolas permanece avivada por el eco de su legado literario. Una sensación que comparte Elisa Delibes, presidenta de la Fundación Miguel Delibes, a medida que en su familia van digitalizando documentos e imágenes que les devuelven momentos de discursos y actos públicos protagonizados por su padre. «Estamos poniendo al día cosas de televisión que le mandaban cuando salía en programas, o le dieron el Premio Cervantes, y cuando las veo me emociono», confiesa. El paso de los días le lleva a recordar la dureza de los doce últimos años. «Mira que es triste padecer una enfermedad, pero a él le partió por medio; esos últimos años fueron durísimos; ahora, cuando veo todo con más serenidad, soy consciente de la personalidad tan atractiva que tenía». Este tiempo ha servido también para disfrutar más de los recuerdos que dejó. Así lo percibe Adolfo Delibes, que ve cómo la Fundación Miguel Delibes asume el papel de mantener viva su memoria. «El nombre de Miguel Delibes tiene muchos seguidores y nos parece importante que su obra se conozca; a él no le gustaban las cosas rimbombantes, pero desde la Fundación se realizan actividades para recordarle».

El hacer de la esta entidad se ha enfocado a conservar su legado material y a divulgar su obra. El fondo documental del autor se ha descrito, inventariado y organizado con la idea de constituir su archivo, que se ha trasladado desde su domicilio a la Casa Revilla. En él figuran manuscritos de todas sus novelas, correspondencia diversa, cuadernos de apuntes así como material videográfico y de fotografías. La siguiente fase es hacer lo mismo con su biblioteca. El archivo particular del escritor está pendiente de su digitalización, que patrocina Vega Sicilia, un proyecto que comenzará a hacerse realidad en los próximos días.

Otro frente es el de la divulgación y el fomento del estudio y conocimiento de la obra del escritor con la idea de traspasar fronteras. «Uno de los retos es la internacionalización», cuenta Alfonso León, director de la Fundación, consciente de que la mayor parte de la producción literaria de Delibes se gestó en unos años de «aislamiento cultural y político, lo que ha condicionado el conocimiento de su obra en el extranjero. Es un ámbito en el que podemos hacer una gran labor».

Con la vista puesta en que las nuevas generaciones de lectores no pierdan el rastro de quien también fue director de El Norte, se ha buscado incentivar la investigación de su obra en el ámbito universitario a través de tesis y estudios, textos para público infantil como Mi primer Delibes, la traducción de sus obras o promover encuentros académicos en el extranjero, como el celebrado con la Academia Brasileña de las Letras y la Universidad Fluminense en Río de Janeiro, en noviembre de 2011.

En la universidad italiana de Udine se celebraron unas jornadas que, en palabras de Alfonso León, «generan publicaciones tanto en castellano como en italiano y son una forma de entrar en el universo de Delibes». Una colaboración con el Instituto Cervantes ha llevado la exposición Patria común. Delibes ilustrado a sus sedes de Nueva York, Praga, Belgrado, Bucarest, Cracovia, Varsovia, Lion y Toulouse. Miguel Delibes-Gonzalo Sobejano: correspondencia 1960-2009 es otra de las publicaciones que contribuye a hacer más presente el espíritu del escritor, al igual que Miguel Delibes, dibujante en El Norte de Castilla. Las exposiciones El viaje de los libros prohibidos con motivo de los 15 años de la publicación de El hereje y Cazando imágenes, con fotografías de Francisco Ontañón, han ayudado a trascender aún más su figura. Al igual que las Aulas de Cultura de El Norte y el programa Delibes en el aula, con el que se muestra al profesorado las virtudes de trabajar con sus textos en los centros de formación de personal docente.

En el catálogo de reconocimientos hay uno muy especial: el homenaje que le tributó la Real Academia Española en su sede un mes después de su muerte, con un salón que se quedó pequeño para albergar a todos cuantos se sumaron a un acto en el que el mundo de las letras, familiares y lectores evocaron el reino literario del narrador, del que brotaron Daniel El mochuelo, niño sabio de Las ratas; Quico, el pequeño de El príncipe destronado; o Cipriano Salcedo, protagonista de El hereje. Son muchas las vidas de personajes y peripecias vitales las que dejó para el recuerdo.