Pistoletazo de salida hacia la autonomía

Junta del Consejo Ganeral en la Diputación de Palencia./Archivo Reol Tejada
Junta del Consejo Ganeral en la Diputación de Palencia. / Archivo Reol Tejada

En el verano de 1978 se constituyó en Monzón de Campos el Consejo General de Castilla y León, presidido por el burgalés Reol Tejada y encargado de preparar el Estatuto

Enrique Berzal
ENRIQUE BERZAL

Era algo así como la meta volante a la que todos ansiaban llegar para acelerar, definitivamente, hacia el pedestal de la autonomía regional. La aprobación del Consejo General de Castilla y León, el 22 de julio de 1978, abrió formalmente el proceso hacia la creación de la comunidad autónoma. Ocurrió hace 40 años en el castillo palentino de Monzón de Campos, pero no puede entenderse sin sus antecedentes inmediatos.

El más evidente, el imparable proceso de regionalización del Estado abierto con la Transición, a raíz de la aprobación, en Cataluña, del Consejo General y la Asamblea de parlamentarios, en febrero y junio de 1977 respectivamente y en la reposición de la Generalitat en septiembre. También en junio de 1977 fueron restauradas las Juntas Generales y las Diputaciones Forales de Guipúzcoa y Vizcaya y se reguló la nueva organización de la Junta General de Álava; el Consejo General del País Vasco apareció formalmente en enero de 1978.

Este proceso autonómico iniciado en Cataluña y País Vasco, consideradas «nacionalidades históricas» junto a Galicia por haber plebiscitado sus propios Estatutos de Autonomía durante la Segunda República, despertó tantos recelos como deseos de emulación en muchos otros territorios. También, desde luego, en Castilla y León, donde hacía tiempo que existían demandas y organizaciones en pro de la autonomía y de igualarse a catalanes y vascos. Tras la proliferación de Asambleas de parlamentarios, primera instancia política para el desarrollo autonómico, el Gobierno decidió extender las preautonomías a todo el territorio nacional por el procedimiento del decreto-ley.

En las provincias de Castilla y León, donde las elecciones generales del 15 de junio de 1977 ofrecieron una amplia victoria de la Unión de Centro Democrático (UCD) liderada por Adolfo Suárez, la Asamblea de Parlamentarios se constituyó el 31 de octubre de 1977 en la Feria de Muestras de Valladolid. Inicialmente contó con la presencia de representantes de todas las provincias de Castilla la Vieja y de León, y con una amplia mayoría política de la UCD. Inmediatamente, sin embargo, el proceso se encontró con la evidencia de que Santander y Logroño se decantaban mayoritariamente por la opción uniprovincial. El caso de León, en cambio, se convirtió en una incógnita, pues en esos momentos el PSOE no tenía una postura decidida y la UCD, dirigida por Rodolfo Martín Villa, ministro de la Gobernación hasta abril de 1979, había optado por mantenerse a la expectativa, sin definirse aún por la autonomía uniprovincial.

Así estaban las cosas cuando, en la Asamblea de Parlamentarios celebrada en Ávila el 18 de febrero de 1978, UCD y PSOE consensuaron el texto preautonómico para negociarlo con el ministro Clavero Arévalo, negociación en la que ya no participaron los parlamentarios de Santander, Logroño y León. Finalmente, el 13 de junio de 1978, un Real Decreto-Ley concedía la preautonomía, definía un ámbito potencial de actuación formado por once provincias y establecía el Consejo General de Castilla y León como órgano político-administrativo encargado de preparar el acceso al régimen autonómico: Logroño y Santander no llegaron a incorporarse la preautonomía, y León tardó dos años en hacerlo.

«Ente» preautonómico

La sesión oficial de constitución del llamado «ente» preautonómico se celebró en el castillo palentino de Monzón de Campos y suponía la materialización de aquel Real Decreto-Ley 20/1978, firmado el 13 de junio, que justificaba la concesión de la preautonomía porque «Castilla y León es una de las partes más amplias y representativas de España». Integrado por el Pleno y la Junta de Consejeros, aquel ejercería la potestad normativa, aprobaría los presupuestos y controlaría al resto de órganos, mientras que la Junta de Consejeros se encargaría de las funciones de gestión y administración y de otros cometidos que le delegara el Pleno. El artículo 2, por cierto, establecía un ámbito territorial formado por once provincias, las nueve actuales más Logroño y Santander, que ya habían optado por la autonomía uniprovincial.

Aquel 22 de julio de 1978, en el castillo de Monzón de Campos, Juan Manuel Reol Tejada, licenciado en Farmacia y militante de UCD, resultó elegido presidente del Consejo. Doce días antes, los parlamentarios centristas, reunidos en Madrid, lo habían designado único aspirante frente a las candidaturas de compañeros de militancia como Francisco Vicente, Luis Miguel Enciso y Alberto Borrego.

Reol procedía del Partido Liberal de Enrique Larroque y desde 1977 era diputado por Burgos. Además, ejercía el cargo de director general de Ordenación Farmacéutica, del que cesó para pilotar la autonomía castellana y leonesa. En su discurso de toma de posesión, el burgalés atacó al centralismo y se mostró muy crítico tanto con el regionalismo historicista como con el separatismo leonés, se congratuló porque «Castilla ahora ni va a hacer, ni deshacer, ni hacerse en España, sino que va a ser España», y terminó con un llamamiento «de reencuentro, a nuestros hermanos de León, Rioja y Santander. Vosotros sois dueños de vuestro destino, pero Castilla y León son imposible de entender sin León, cuna del Condado Castellano; Logroño origen de la Lengua y Santander punto de partida».

Lo cierto, sin embargo, es que la actividad del Consejo, cuya sede se estableció en el Palacio burgalés de La Isla, vino marcada por la precariedad: contaba con poco más de 66 millones de pesetas de presupuesto y sólo el presidente tenía un sueldo asignado. La toma de posesión de Reol se verificó al día siguiente, 23 de julio de 1978, en la Diputación Provincial de Burgos.

«En aquel momento contábamos con un presupuesto mínimo, lo justo para pagar a un personal muy reducido. Yo tenía dos secretarias, el interventor era el de la Diputación Provincial de Valladolid y había un secretario. El sueldo que disfrutaba era el mismo que tenía como director general de Ordenación Farmacéutica, en torno a las 150.000 pesetas, aunque no lo recuerdo muy bien», recordaba hace unos años el propio Reol.

Una semana después, quedó establecida en Salamanca la primera Junta de Consejeros, que contó con ocho representantes de UCD (Francisco Vicente, Modesto Fraile, Alberto Borrego, Eduardo Moreno, Pedro Carazo, Jesús Hervella y Modesto Alonso), y cuatro del PSOE (Vicente Gutiérrez Pascual, José Luis González Marcos, Demetrio Madrid y Esteban Granado).

Obviado el tema de la capitalidad para, según declaró el mismo Reol a un medio de comunicación, «evitar introducir elementos de disgregación en un momento de despegue dificilísimo», el Pleno se reunió de manera itinerante por las distintas provincias de Castilla y León.