Niños cada vez más obesos

Niños cada vez más obesos

En los últimos años se ha constatado un descenso en la práctica de la actividad física y un aumento de las actividades sedentarias vinculadas al desarrollo tecnológico

EL NORTE

Un 28% de niños y jóvenes de entre 2 y 17 años padece obesidad o sobrepeso en España, según se desprende de la última Encuesta Nacional de Salud del INE, que estima que hay más de dos millones de niños en esa situación. De estos, casi la mitad, en concreto 964.000, pertenece a familias poco cualificadas profesionalmente. Varios estudios constatan que existe una relación entre el nivel socioeconómico y la obesidad: cuantos menos recursos, más obesa es la población y a la inversa. La encuesta del INE constata que la cifra de hijos con obesidad de trabajadores no cualificados (un 13,1%) dobla la cifra de hijos con obesidad de directores y gerentes de grandes establecimientos y de profesionales tradicionalmente asociados a licenciaturas universitarias (un 4,9%).

No es la única encuesta que relaciona la clase social y el nivel de estudios con un índice de masa corporal (IMC) superior a los límites saludables. Otros estudios desarrollados en Europa y en Estados Unidos confirman la hipótesis de que, en países desarrollados, la obesidad está inversamente relacionada con el nivel educativo, la situación laboral y los ingresos netos que entran en los hogares.

La tesis 'Nivel socioeconómico y obesidad infantil. Hábitos dietéticos en niños europeos' explica que los niños de menor nivel socioeconómico se caracterizan por el consumo más frecuente de alimentos procesados ricos en azúcares, grasas, snacks dulces y salados, y refrescos azucarados. Y por el contrario, consumen menor cantidad de frutas, verduras y productos integrales.

Las profesoras de los Estudios de Ciencias de la Salud de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC) Anna Bach y Alícia Aguilar atribuyen estos datos a que las clases sociales más bajas «tienen más probabilidades de estar presentes en ambientes obesógenos», que no son otros que aquellos que favorecen la aparición y el mantenimiento en el tiempo de la obesidad.

Existen muchos factores (genéticos, biológicos, psicológicos, sociales y ambientales) que ejercen una gran influencia sobre las elecciones alimentarias y la actividad física que contribuyen a la obesidad, por ejemplo, vivir en un entorno que promueve un consumo de alimentos densamente energéticos y un estilo de vida sedentario; pero también influye la educación recibida, la escasez de tiendas con productos frescos alrededor, la falta de parques, y el hecho de vivir en calles muy transitadas o en climas muy extremos y que pueden favorecer que las personas sean menos activas, explican las expertas.

Los factores de un ambiente obesógeno

Un artículo publicado por la Asociación Internacional del Estudio de la Obesidad en la revista 'International Journal of Obesity' enumeraba los diferentes factores que condicionaban un ambiente obesógeno. Por ejemplo, en el campo del deporte y el ocio, eran factores condicionantes la falta de instalaciones escolares, pocas áreas urbanas de juego, calles inseguras y el fomento de poca actividad por parte de la familia.

La profesora Anna Bach, directora del máster universitario de Alimentación en la Actividad Física y el Deporte de la UOC, explica que en los últimos años han constatado un descenso en la práctica de la actividad física y un aumento de las actividades sedentarias vinculadas al desarrollo tecnológico. También han percibido una reducción en la proporción de niños que van andando o en bicicleta a la escuela y un descenso en las oportunidades que tienen los niños de hacer actividad física espontánea.

Un segundo pilar en el que se fundamenta un ambiente obesógeno es la promoción de alimentos ricos en energía y pobres en el plano nutricional. Bach explica que la publicidad dirigida a los niños en edad escolar de alimentos y bebidas ricos en energía y pobres nutricionalmente y el tamaño de las raciones contribuyen también al ambiente obesógeno. Esta especialista explica que se trata de alimentos con «calorías vacías», porque tienen un alto contenido en grasas saturadas, azúcares simples y un exceso de sal. Se trata de dulces, zumos, refrescos, bollería industrial, helados y aperitivos. Todo ello, dicen las expertas, ha favorecido el aumento del consumo de comida rápida y el hecho de estar constantemente picando.

Un tercer pilar es el de la familia, un espejo para los niños. La profesora Alícia Aguilar, también directora del máster universitario de Nutrición y Salud, explica que los niños que tienen padres con sobrepeso, que comen alimentos con un alto contenido calórico y que son inactivos, probablemente se convertirán en niños con sobrepeso y en adultos con sobrepeso.

Y el último pilar es la educación y la información. Según las expertas, en la escuela debería prohibirse la promoción de alimentos altamente energéticos y nutricionalmente pobres dirigidos a los niños, una restricción que ya se ha puesto en marcha en España.

Consejos para reducir las tasas de obesidad

Los expertos enumeran una serie de consejos que ayudarían a revertir las elevadas tasas de obesidad, que califican como 'la epidemia del siglo XXI', y que en España han pasado del 7% al 17% en tres décadas. Así, por ejemplo, recomiendan aumentar el consumo de alimentos de origen vegetal como frutas y verduras, así como legumbres, cereales integrales y frutos secos; limitar la ingesta de azúcares; limitar las horas de sedentarismo de los niños y fomentar desplazamientos a pie o en bicicleta a la escuela; hacer actividad física sobre todo en niñas a partir de los 11 o 12 años, edad en la que muchas dejan de hacer deporte; dormir suficientes horas, y hacer comidas en familia.

Las especialistas recuerdan que muchas enfermedades metabólicas, como algunos casos de diabetes o el colesterol alto, se inician de manera prematura durante la infancia. Bach y Aguilar explican que la mitad de los niños que padecen obesidad tiene lo que se conoce como síndrome metabólico pediátrico, un grupo de factores de riesgo que incluye resistencia a la insulina, hipertensión y otras anomalías metabólicas. Pueden sufrir también trastornos respiratorios como la apnea del sueño obstructiva y, las chicas, el síndrome de los ovarios poliquísticos.