Los capuchinos ponen en venta la iglesia y el edificio de siete plantas de la Plaza de España

La crisis vocacional obliga a la orden a sacar al mercado el inmueble y marcharse de Valladolid

LORENA SANCHOValladolid

El padre Ángel camina por los pasillos con sigilo. Abre una puerta tras otra, una celda, después otra, el salón, el refectorio, la biblioteca, la capilla...Todo está intacto. Como si nadie viviera allí. «Cada vez somos menos», se lamenta. La crisis vocacional pasa factura. También aquí, en el centro de la ciudad, en el convento que los padres capuchinos levantaron hace medio siglo junto a la ostentosa iglesia de Nuestra Señora Reina de la Paz, la del arco de la Plaza de España que mide casi cuarenta metros. Así que la consecuencia es clara: «La situación es insostenible». Los superiores de esta comunidad han dado la orden de cerrar este inmueble y de que los hermanos que lo moran sigan un destino en alguna de las casas de la orden fuera de Valladolid. Para hacer efectiva la decisión, ofertan el convento y la iglesia para aquella congregación religiosa o empresa interesada en darle algún tipo de uso a uno de los edificios más céntricos de la ciudad.

El templo de la Paz, sus siete plantas de convento y sus dos sótanos están en venta, o en alquiler. Los padres capuchinos están dispuestos a negociar incluso la cesión de uso. «Escucharemos las ofertas, pero hasta que no consigamos darlo un uso no se cerrará, no estamos dispuestos a abandonar el edificio por lo que pueda pasar, es peligroso», comenta el vicario provincial, el padre Francisco Luzón.

Unos grandes almacenes y una institución perteneciente a la Iglesia Católica se interesaron en su día por el inmueble, pero no hubo acuerdo. Entonces la comunidad mantenía varios hermanos entre sus muros. «La decisión de cerrar la casa se tomó hace tiempo, pero ahora la situación ya es insostenible, tenemos un grupo de hermanos que vamos renovando y venimos de vez en cuando para acompañar a los de la comunidad, porque son pocos, pero es inviable», añade.

El padre Ángel, varias décadas al frente de la comunidad en Valladolid, entiende la decisión de cerrar esta casa, la única que los capuchinos poseen en la ciudad. «Los tiempos han cambiado», dice con resignación. En las dos misas diarias que dicen en esta iglesia de Plaza España apenas alcanzan los treinta feligreses. De hecho, hace ocho años que el templo dejó de ser parroquia ante las numerosas iglesias que se levantan en el entorno; El Salvador, San Andrés, Santiago y Las Calderonas (en Teresa Gil). «Entre los años 87 y 90 bauticé a 38 niños, casé a 13 parejas y tuve 90 defunciones, eso refleja bien el perfil de los habitantes del centro, donde la mayoría de los edificios son funcionales, bancos u oficinas», añade el padre Ángel.

El Arzobispado, aseguran, está al corriente de la decisión de cerrar este inmueble. De ser una congregación religiosa la que lo adquiera o alquile, la iglesia, una de las más grandes de la ciudad, permanecerá abierta al culto. «Si es una empresa comercial o vinculada con el turismo no creemos que le interese mantener el templo».

Junto a Nuestra Señora de la Paz, por donde a diario pasan numerosos fieles a rezar, se erige el edificio que los capuchinos levantaron hace medio siglo a su regreso a Valladolid.

16 habitaciones

En los sótanos, ofrecen sede a la Red Íncola y al servicio de Banco de Alimentos. Aquí también prestan el servicio de ropero para los más necesitados. Ya en las plantas superiores se encuentran las dependencias. La biblioteca, con vistas al interior de la propia iglesia, alberga en la tercera planta innumerables libros que una vez cerrado el convento irán a parar probablemente a Salamanca. Una planta más arriba, en la cuarta, se encuentra el salón, la cocina y el refectorio. Su capilla, la de los religiosos, se encuentra en la planta quinta, con un vía crucis de Antonio Oteiza. Los pisos sexto y séptimo están reservados para las 16 habitaciones o celdas de los hermanos, cada una de ellas con un dormitorio, baño propio y estudio. A ello se suma una pequeña azotea con vistas a gran parte de la ciudad. Todo está prácticamente nuevo.

En la parte trasera, la que comunica con Divina Pastora, los capuchinos mantienen dos pisos que, de momento, no se incluyen en la oferta. «No hemos fijado un plazo para marcharnos, porque no vamos a cerrar el edificio sin oferta, pero la decisión es firme. No hay vocaciones, no tenemos quién venga aquí a relevar a los hermanos», concluye el vicario provincial.

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