El Norte de Castilla

Fiestas de Valladolid

Homenaje a Palomo Linares

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Un momento de la homenaje a Palomo Linares en la Plaza Mayor de Valladolid. / Gabriel Villamil

  • El 19 de mayo de 1966 el diestro, que tenía 19 años recién cumplidos, tomaba la alternativa en Valladolid

Faltaban pocas horas para que se jugara su futuro como figura del toreo, y también la vida. Estaba hospedado en una habitación del antiguo hotel Conde Ansúrez de la calle María de Molina, esquina con Doctrinos. Era la hora de la siesta cuando llamaron a recepción para pedir que le subieran unos tebeos. Leopoldo San Juan conocido por todos como Poli, trabajaba en la sección de compras del hotel y envió a un botones al quiosco a por los ejemplares de la querida revista de historietas ‘TBO’. Era el 19 de mayo de 1966 y Sebastián Palomo Linares tenía 19 años recién cumplidos. De esta manera distraía el miedo y conjugaba el deseo de triunfo, porque esa tarde era una de las más importantes de su vida, tomaba la alternativa en la Plaza de Toros de Valladolid. En esa misma habitación, el diestro fue visitado ese día por Rafael Cordero Méndez y por Tiburcio López del Campo ‘Pocholo’, por entonces presidente y tesorero, respectivamente, de la Asociación Artístico Taurina Afición Vallisoletana, como atestigua una fotografía en estas páginas. La peña taurina más antigua de Valladolid ha rendido hoy un homenaje a Palomo Linares al cumplirse este año las bodas de oro de su alternativa en la Plaza de Toros de Zorrilla. Un reconocimiento que han organizado los socios Ángel Moralejo y Juan Ignacio Crespo, y que se ha hecho coincidir con el día de la patrona, la Virgen de San Lorenzo, dado que este año no ha habido feria taurina de San Pedro Regalado, en mayo.

«Aquella tarde fue la culminación del principio de mi carrera, a la que sucedieron días maravillosos. Fue una tarde completísima, de muchas emociones. Son momentos que no se olvidan nunca», aseguraba Palomo Linares a través del teléfono el pasado martes. El diestro considera Valladolid «una plaza emblemática», en la que dos años más tarde se encerró con seis toros de la ganadería de Mercedes Pérez Montalvo en una corrida a beneficio del Montepío de los Toreros. Una ciudad que ensalza como «cuna de la buena hostelería». Todavía recuerda los huevos fritos del antiguo Suazo (hoy Casa Tino) de la calle Manzana, «me encantaban», confirma.

Salida a hombros en Valladolid.

Salida a hombros en Valladolid. / CACHO

Un torero no olvida jamás ni la fecha ni la plaza en la que tomó la alternativa, puesto que es la que marca su antigüedad y, por lo tanto, el orden de lidia en los carteles. Hace cincuenta años, Sebastián Palomo Linares tomó la alternativa en el coso de Valladolid con Jaime Ostos como padrino, quien cedió la muleta y la espada, es decir, los trastos de matar, al nuevo matador de toros, mientras que el jienense entregaba su capote al de Écija, y con Juan García ‘Mondeño’ como testigo. Palomo Linares cortó dos orejas en su primer toro y otros dos apéndices en el último de la tarde, como corresponde al nuevo doctor en tauromaquia.

Valor tremendo

«El diestro jienense sería después una de las figuras más importantes de la Fiesta por su valor tremendo, su absoluta entrega, su indomable casta y la verdad desnuda de su toreo», en palabras del decano de los críticos taurinos vallisoletanos, José Luis Lera, quien se ocupó de las crónicas y columnas de toros en las páginas de El Norte de Castilla desde 1977. «En los corrales, seis ejemplares de Salustiano Galache esperaban a ser lidiados por esta terna de lujo. El primero en saltar al ruedo sirvió para hacer matador de toros a Palomo Linares. De nombre ‘Feíllo’ y marcado con el número 9, negro jirón de color y 468 kilos de peso, dio un juego muy pobre y fue pitado cuando se lo llevaron las mulillas. Pitado, pero sin las orejas, porque Palomo, en un alarde de profesionalidad, pundonor y vergüenza torera, puso la casta que le faltó al toro», continúa Lera. El cronista tenía entonces 35 años y recuerda el triunfo de Palomo Linares, «que estaba entonces muy de moda».

En Valladolid ya había triunfado como novillero en varias ocasiones aquel aprendiz de zapatero que se escapaba a los tentaderos y capeas desde los 8 años. Pero a partir del 19 de mayo de 1966, Sebastián Palomo Martínez (Linares es apodo por su lugar de procedencia) logró convertir en verdad el sueño que llevaba en la sangre desde que nació, el 27 de abril de 1947 en Linares (Jaén). El 19 de mayo de 1966 se ganó el derecho de alternar con otros matadores de toros en ferias y festivales. La Asociación Artística Taurina Afición Vallisoletana ha organizado hoy una comida en el hotel Silken Juan de Austria para homenajear al torero, que volverá a pisar la ciudad cuatro días después de acudir a Valladolid junto a su novia para asistir a la corrida organizada por la Fundación Toro de Lidia para recordar al matador de toros segoviano Víctor Barrio, el pasado domingo 4 de septiembre. «Es muy emocionante, estoy muy agradecido de que al cabo de los 50 años me tengan en su pensamiento», señaló un Palomo Linares convertido en pintor desde los años 90 del pasado siglo.