El Norte de Castilla

Así ha acabado Medina del Campo con los excrementos de los estorninos

David, el joven cetrero, con el águila en el paseo de Versalles.
David, el joven cetrero, con el águila en el paseo de Versalles. / FRAN JIMÉNEZ
  • El Ayuntamiento ha recurrido a la cetrería para evitar los elevados gastos de limpieza que generaban los pájaros

Fue objeto de multitud de reclamaciones vecinales. Caminar a ritmo lento o sentarse a ver pasar las horas del reloj por los jardines más céntricos de Medina del Campo, el paseo de Versalles, durante la primavera y el verano, era misión imposible. El gasto en limpieza se disparaba durante varios meses y la pérdida de clientes de los establecimientos de restauración del entorno eran más que evidentes. ¿Y todo por qué? Pues por la enorme cantidad de excrementos que, a diario, caía sobre bancos, papeleras, las terrazas o el mismo firme, por culpa de una impresionante colonia de estorninos.

Desde hace meses, todos estos contras se han convertido en pros. Este paseo –paralelo a la ribera del cauce seco del Zapardiel– es uno de los puntos de encuentro de los vecinos. Carritos de niños, familias o grupos de jóvenes son algunos de los múltiples perfiles que han decidido ocupar (hacer suyo) este espacio urbano gracias a la presencia de una rapaz que con sus vuelos rasantes ha conseguido que los estorninos sean un mal recuerdo del pasado.

«El año pasado decidimos poner en marcha una acción en firme contra la plaga de estorninos que teníamos en Medina y decidimos apostar por una novedosa iniciativa: la utilización de aves rapaces», explica la concejala de Presidencia, Servicios, Desarrollo Local y Económico, Raquel Alonso, quien, vistos los resultados, mostró su satisfacción al comprobar cómo uno de los principales espacios verdes de la localidad ha dejado de ser un cementerio de bancos, papeleras, farolas y heces de pájaros para convertirse en el punto de encuentro de muchos vecinos, y además, en una zona de aprovechamiento para la realización de diversas actividades, como ocurrió durante las pasadas fiestas patronales de San Antolín, cuando el mercado de puestos ambulantes se situó a lo largo del paseo.

El tratamiento, que se realiza desde el inicio de la temporada estival y se alarga hasta la poda de los árboles tiene un coste mínimo, ya que este programa disuasorio contra la ocupación nocturna de los estorninos en la zona arbolada se incluyó en el nuevo pliego de limpieza. A pesar de que la administración local no tuvo que lamentar gastos extras en el cambio de mobiliario urbano, sí que ha solicitado, hasta el pasado año, la puesta en marcha de servicios de limpieza específicos (a presión del suelo, bancos y papeleras) en la zona para intentar borrar el rastro de estos pájaros, que a pesar de tener vuelos sincronizados de belleza, su presencia era más que molesta para los vecinos de la zona.

Durante los meses de verano de 2015, la administración local decidió poner en marcha este nuevo sistema a modo de experiencia piloto. Ese verano, la labor fue realizada por dos halcones que pasaron desapercibidos a los ojos de los medinenses, ya que la ocupación del paseo aún no estaba en su momento más álgido. Después de varios meses de vuelos, los estorninos, en gran medida, dejaron de visitar los arboles más frondosos.

Este año, la encargada de la misión fue una águila harris de siete años de edad que, durante tres horas diarias, de lunes a viernes, volaba de farola a farola, de árbol a árbol y de cornisa a cornisa. Y se convirtió en el protagonista del paseo.

«Son aves muy territoriales, por lo que su labor en este tipo de acciones es fundamental y tiene muy buenos resultados», aseguró el joven cetrero David de la Varga, quien con un simple silbido o mostrando comida a varios metros de distancia conseguía que el águila descendiera y se posara en su guante de cuero ante la atenta mirada de los paseantes.

Entre vuelo y vuelo y algún problemilla con los perros –en esta zona de la provincia es muy común tener como mascotas perros de caza por lo que los ladridos y arranques contra el águila estaban asegurados– la rapaz ha conseguido que los estorninos huyan. A pesar de ser aves peligrosas, al estar criadas en cautividad, las águilas se adaptan al ruido urbano y a la presencia humana.

El chico del pájaro, como las ancianas denominaban al cetrero, ha realizado a juicio de los empresarios hosteleros «una labor que no esta pagada». «Era poner las sillas y las mesas de la terraza y a los dos minutos estaban llenas de cagadas de pájaros», explicó José Ángel Gil, hostelero de la zona, quien después de tres años en el barrio por fin ha visto como los estorninos han dado un respiro a todos los vecinos.

Además de las terrazas, las quejas también se extendían a cualquier persona que dejara el coche aparcado en las inmediaciones, ya que «en veinte minutos estaban perdidos». Los problemas se agudizaban con las lluvias: «El olor era parecido al del amoniaco y, además, era abrasivo, ya que se comía el color de los bancos y de la pintura de los coches».

Aunque no faltan voces críticas contra esta medida, ya que algunos aseguran que no sería la más precisa:«Sin pájaros habrá más mosquitos», aseguran.