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El apeadero de la Universidad, del lado de Juan Carlos I –el de enfrente está clausurado–. / Ricardo Otazo

¿Quién mantiene el apeadero de la Universidad?

  • La UVA intenta que el gestor ferroviario asuma su mantenimiento al carecer en la práctica de uso para el Campus Miguel Delibes

La Universidad de Valladolid (UVA) asumió en 1992 la construcción y el mantenimiento a perpetuidad del apeadero habilitado aquel año en las inmediaciones del actual Campus Miguel Delibes, que debía servir para acercar a los estudiantes de Valladolid y Palencia a la hora de desplazarse a sus facultades. Pero a día de hoy, 24 años después, el autobús se ha impuesto al tren para realizar estos trayectos y la obligación adquirida entonces por la UVApesa ahora como una losa sobre sus presupuestos anuales, ya que, en teoría, es la Institución académica la responsable de cuidar tanto el apeadero en sí como el oscuro paso subterráneo para peatones que une el paseo de Juan Carlos I, del lado de Pilarica, con el barrio Belén, así como la iluminación del entorno.

Eso a pesar de que apenas hay estudiantes que utilicen esta infraestructura, según explican fuentes de la UVA, y de que uno de los lados del apeadero, el más próximo al campus y al barrio Belén, está clausurado en la actualidad desde la puesta en marcha del Ave a Palencia y León –en este punto solo paran media docena de trenes regionales al día–.

Así que la Universidad, a través de su vicerrector de Infraestructuras, Luis Manuel Navas, ha retomado su reclamación, casi histórica ya, para que Adif, el gestor ferroviario, asuma la conservación del apeadero al entender que se trata de «una cuestión de seguridad». Navas se reunió ayer con los concejales de Urbanismo y Seguridad, Manuel Saravia y Luis Vélez, y consiguió, de momento, arrancarles su compromiso de mediar con la compañía ferroviaria para «buscar una solución consensuada al tratarse de un problema urbanístico y de seguridad, pero que deben resolver entre ellos», según apuntaron fuentes municipales.

La cuestión no es menor si se tiene en cuenta el volumen de atropellos, en su mayoría voluntarios, registrados en este punto y el volumen, a su vez, de vecinos que transitan por el lúgubre paso peatonal, blanco habitual de grafiteros y frecuentado también por indigentes y toxicómanos.