Aspace celebra en Palencia el Día Mundial de la Parálisis Cerebral

La presidenta de Aspace en Palencia, Carmen Calvo, lee un manifiesto con motivo del Día Mundial de la Parálisis Cerebral. / Antonio Quintero

Bajo el lema 'Atrévete a conocerme', la asociación pretende hacer más visibles a los afectados por este trastorno

MARCO ALONSOPalencia

'Atrévete a conocerme'. Ese es el eslogan que ha utilizado Aspace para poner el foco sobre las reticencias que aún existen en la sociedad para normalizar las relaciones con los afectados de parálisis cerebral, trastorno permanente no progresivo que celebra hoy su día internacional.

Carmen Calvo es la presidenta de Aspace Palencia y ha aprovechado la ocasión para solicitar a la sociedad palentina que no tengan miedo a acercarse a estas personas. «Hay gente que a día de hoy no se atreve a dirigirse a ellos y si lo hacen, se comportan con ellos como si fuesen niños pequeños, y muchos de ellos no lo son. Hay gente con 40 ó 50 años con parálisis cerebral y no tenemos que dirigirnos a ellos como si fueran niños», explica Carmen que es, además, la madre de Alberto, un joven de 14 años con parálisis cerebral.

La vida para las familias con alguno de sus miembros con este trastorno no es fácil, pero el trabajo de centros públicos de educación especial hacen que todo sea más llevadero. «Alberto va al cole todos los días desde hace dos cursos y para mí se ha abierto un mundo. Yo como madre me siento mucho más liberada porque en este cole él come y se ha adaptado muy bien. Tienes que dedicar tu vida a tu hijo, que no puede hacer nada con las manos, y que tenga un lugar en el que está atendido te permite valorar las cosas más pequeñas, como quedar con una amiga para tomar un café», afirma Carmen.

Ese cole del que habla la presidenta de Aspace Palencia es el Colegio Público Residencia de Educación Especial Carrechiquilla, al que acuden a diario 53 niños y jóvenes con diferentes deficiencias, de los cuales ocho tienen parálisis cerebral. «Intentamos que tengan una integración, que se puedan sentir felices y útiles a la sociedad. Porque estos niños y jóvenes son útiles, aunque no lo sean para determinadas funciones como la de un arquitecto o un médico. Pero los componentes afectivos y sociales que aportan estas personas son importantísimos porque tienen que ver con unos valores que están en desuso en nuestra sociedad», explica el director del Carrechiquilla, Alberto Sanz.

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