El Norte de Castilla

Cuba sin Fidel

La muerte de Fidel Castro abre muchos interrogantes sobre el futuro político de Cuba. Su hermano, Raúl, no ha podido evitar la emoción cuando ha anunciado en televisión el fallecimiento del Comandante en jefe de la Revolución a los 90 años de edad. La firmeza de Raúl Castro, presidente de Cuba desde 2006, tras la enfermedad intestinal que obligó a Fidel a ceder el poder, va a resultar clave a la hora de pensar en posibles cambios políticos en la isla caribeña. Aunque Fidel había criticado públicamente en su columna en el diario Gramma el acercamiento económico con los Estados Unidos y la visita de Barack Obama a La Habana, Raúl siempre había tenido un soporte sólido en el prestigio de su hermano que actuó con aparente lealtad tolerando una apertura económica imprescindible para sostener cierta estabilidad social en Cuba.

La salud de Raúl Castro no está para muchas emociones ni para demasiadas tensiones que pueda provocar la lucha por el poder que el controla desde hace años con apoyo fundamental de los altos mandos del Ejército y del Partido Comunista. Sobre todo, de una Fuerzas Armadas que son titulares de las mejores empresas cubanas relacionadas con los sectores de producción básicos para la precaria economía de la isla como son el turismo o el azúcar, entre otros. La caída del precio del petróleo ha obligado a su benefactor venezolano a reducir su apoyo económico que ahora se centra principalmente en el abastecimiento de crudo a unos precios simbólicos.

Cuba y la ambición de Fidel por extender la revolución a toda América Latina ha servido como ideólogos del movimiento bolivariano impulsado por el también fallecido Hugo Chávez y que está destrozando la nefasta gestión política y económica de su sucesor Nicolás Maduro. Hasta el punto de que otros satélites como Bolivia, Ecuador o Nicaragua han comenzado a practicar una política económica lo más autónoma posible al no contar como antes con el mismo subsidio venezolano. Los problemas económicos y financieros de Venezuela, con el recorte de su aportación a los regímenes simpatizantes y la presión popular de una sociedad cubana harta de miserias y represión política obligó a Raúl Castro a realizar un acto de pragmatismo al propiciar el acercamiento a los Estados Unidos.

Las relaciones han ido mejorando, pero hay una gran incertidumbre por el anuncio realizado durante la campaña electoral por el presidente electo norteamericano, Donald Trump, de revisar las relaciones con Cuba. Incertidumbre es lo que hay en este momento sobre el presente cubano sin Fidel y un futuro inmediato con un Raúl, débil de salud, rodeado de ambiciosos postulantes a lograr el poder. Hay que conjugar las voluntades del núcleo duro de poder en Cuba para certificar el camino a seguir, que puede comenzar en las próximas horas con una dura represión de los disidentes, pero que tiene difícil recorrido por el empuje y la determinación de una sociedad cubana que ha aprovechado la rendija de la apertura económica para ir planteando con más brío el final de la dictadura cubana. Un tránsito que es complicado, con una velocidad impredecible pero que tiene un punto fundamental: evitar el enfrentamiento entre cubanos, a pesar de la durísima represión ejercida por los resortes del régimen castrista.