Vadim Repin, un siberiano en el Miguel Delibes

Vadim Repin, en Valladolid. /Henar Sastre
Vadim Repin, en Valladolid. / Henar Sastre

El virtuoso ruso toca el concierto de Glazunov con la OSCyL en Valladolid y en Madrid, bajo la batuta de Gourlay

Victoria M. Niño
VICTORIA M. NIÑO

El «interesante y complicado juguete» que le pusieron en las manos a los tres años se convirtió en su vida. Vadim Repin (Novosibirsk, 1971) ganó su primer concurso a los once y a los catorce debutaba en media docena de capitales europeas y asiáticas tras ser el ganador más joven del concurso Reina Elizabeth. Esta semana vuelve con la Orquesta Sinfónica de Castilla y León, a las órdenes de su director titular, Andrew Gourlay, para interpretar el ‘Concierto para violín’, de Glazunov. Y lo hará en la tercera cita de abono de esta temporada en el Miguel Delibes y el próximo martes, en el Auditorio Nacional, en Madrid, dentro del ciclo de Grandes Orquestas de Ibermúsica.

«Es una obra muy virtuosística tanto para el solista como para la orquesta», explica Repin, «por eso se programa poco. A la orquesta le permite mostrar todos sus colores». Glazunov fue como el propio Repin un músico prodigio comenzando a componer a los once años. Alumno de Rimsky-Korsakov, pronto logró un entorno que le facilitó la composición y después en ingreso como docente en el Conservatorio de San Petersburgo. Repin no asistió a ninguno de los dos centros neurálgicos de la escuela rusa, ni siquiera ha vivido en sus dos capitales. Fue alumno del célebre Zakhar Bron al igual que su colega Maxim Vengerov. Ha debutado con las grandes orquestas europeas, ha vivido en media docena de países y ha grabado los conciertos de Prokofiev, Brahms y Tchaikovsky. Su alma rusa no olvida el frío y la comida siberiana a pesar de su cosmopolita vida y su actual residencia en Viena. «Desde hace tiempo mis amigos me proponían hacer algo en Novosibirsk, que aunque está muy lejos de Moscú y San Petersburgo, es la tercera ciudad más poblada en Rusia. A raíz de hacer una nueva sala de conciertos se me ocurrió la idea del Trans-Siberian Art Festival, un festival que quiere tender puentes entre distintas artes y distintos países. Ahora que estamos en un momento en que la gente se separa, este es un intento de unir. Todo es cíclico, después de la constitución de la UE y todos juntos, ahora lo contrario y dentro de unos años, tenderemos a unirnos de nuevo». El Trans-Siberian lleva su programación a varias ciudades de Rusia, Japón, Corea, y otras europeas. «También llegaremos a América. Hacemos encargos a compositores, conciertos para niños en la música y de fuera de la música, exposiciones, danza, documentales y también la comida es importante». Entre sus últimos encargos, una banda sonora para la película ‘Love’, de Greta Garbo.

Repin reconoce que este tipo de iniciativas es la huella que puede dejar un músico en su eterno, «más allá de las grabaciones, que es lo único que queda». Profesor honorífico de dos universidades chinas, celebra «la explosión de la música clásica en Oriente. Se ha puesto de moda, ser músico es popular. Hay que lograr que todo el mundo tenga la oportunidad de descubrir su riqueza de colores y emociones». Quien fue admirado por Yehudi Menuhin cambia frecuentemente de violín. Ahora toca el ‘stradivarius Rode’, de 1733. «Rode fue un violinista de la fama de Paganini en tiempos de Napoleón. No es fácil encontrar el instrumento que colme tu idea de sonido. Estoy contento con este».

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