«Escribir sobre sexo en Latinoamérica ha sido más peligroso para las mujeres»
/ Mónica Ojeda, en la librería Oletvm de Valladolid. Ramón Alonso

«Escribir sobre sexo en Latinoamérica ha sido más peligroso para las mujeres»

  • La escritora ecuatoriana Mónica Ojeda presentó en Oletvm 'Nefando', su segunda novela

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Compagina Mónica Ojeda (Guayaquil, Ecuador, 1988) sus clases de Literatura en la Universidad Católica de Santiago de Guayaquil con la escritura. Su estreno con la novela 'La desfiguración Silva' fue reconocido con el Premio Alba Narrativa 2015, lo mismo que su debut poético con 'El ciclo de las piedras', que le valió en su país el Premio Nacional de Poesía Desembarco 2015. Ayer presentó en la librería Oletvm de Valladolid 'Nefando' (Candaya), su segunda novela, resultado de pensamientos recurrentes que en los últimos tiempos han estado rondándole la cabeza. «Lo que he escrito tiene que ver con la idea del cuerpo como lugar de experiencias múltiples, un espacio donde ocurren episodios traumáticos, pero también hay espacio para el placer», refiere la autora.

Sobre la idea de la corporalidad como ambivalente espacio de fragilidad y fortaleza indaga en una narración en torno a la convivencia de seis jóvenes que comparten piso en Barcelona y desarrollan un videojuego relacionado con la pornografía infantil. Se ha dejado llevar en este libro la escritora ecuatoriana por «la atracción de investigar el cuerpo como lugar de experiencias traumáticas que marcan nuestra forma de conocer el mundo, además de la identidad». En la novela profundiza en el territorio más íntimo de los seis personajes y en cómo en conexión con el proceso creativo de un videojuego afloran episodios de su infancia y pubertad.

Ojeda se halla inmersa en una investigación sobre literatura latinoamericana, que tiene su origen en un trabajo que realizó para la Universidad Carlos III de Madrid sobre textos pornoeróticos de escritoras del Cono sur que en los años ochenta se decantaron por este tipo de narrativa en el contexto de las dictaduras militares que gobernaron en los países de la zona.

«Hay relatos de esas escritoras que no se pueden catalogar como eróticos ni pornográficos porque participan de ambas categorías; son literaturas escritas por mujeres suda- mericanas como reacción a dictaduras políticas de la época muy conservadoras», expone Mónica Ojeda. Aunque ambos géneros tienen que ver con la sexualidad humana, su diferencia viene determinada, en su opinión, en que «lo obsceno es propio de la pornografía; en cambio, si la sexualidad es normativa, no escandaliza a nadie, es erotismo; el concepto tiene que ver más con la reacción que genera en el público lo que se muestra que con lo que se representa».

Entre las escritoras que han trabajado el cuerpo lo mismo como lugar de deseo sexual que de reivindicación política cita a la argentina Griselda Bambaro y a la poeta uruguaya Delmira Agustini. «En Latinoamérica ha sido más peligroso hacer literatura sobre el sexo para las mujeres que para los hombres –aduce–; Griselda Bambaro tuvo que exiliarse y Delmira Agustini murió a manos de su exmarido».