El Valladolid Latino sopla diez velas

Concierto de Loquillo./
Concierto de Loquillo.

Loquillo, Rosendo y Mikel Erentxun fueron los protagonistas de la jornada rockera de anoche

ROBERTO TERNEVALLADOLID

Elegancia, clase y distinción por parte de un Loquillo, como siempre, exultante para cerrar una noche de nombres frecuentes en los escenarios castellanos y leoneses de los últimos años. Quizás de ahí proceda en parte el bajón de público que anoche tuvo el arranque del Valladolid Latino en su décimo aniversario. En cualquier caso, ello no supuso un problema para que a medianoche la Feria de Valladolid celebrara aniversarios, años de carretera y demás ceremonias que los veteranos artistas de la jornada de rock de anoche llevan conmemorando en sus últimos años. Mismamente, Rosendo el pasado año con un concierto en Las Ventas en memoria de sus treinta años de servicio.

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El rock español veterano sigue teniendo fuelle y de hecho tanto Loquillo como Rosendo perfilaron un repertorio dorado ante un público venido arriba en los últimos momentos de la noche. Por parte del rockero condal, elegancia y clase como siempre. No se vino con los Blue Nile, la banda con la que ha grabado su reciente Código rocker en plan vintage y revival rockabilly. Se vino con sus Trogloditas de los últimos años y eso supuso presencia por los cuatro costados con un Igor Pascual comandando la sección de guitarras tanto en lo musical como en la actitud. La primera parte del repertorio estuvo repleta de canciones fuera de un guion de manual como Memoria de jóvenes airados o Linea clara. Sin embargo, poco a poco llegaron los temazos. Rompeolas, Feo, fuerte y formal o Voy de negro. Al cierre de edición también hubo sorpresas. Por ejemplo, ese rescate del archivo de Burning tocando con la sensibilidad a flor de piel ¿Qué hace una chica como tú en un sitio como este?. Sin duda alguna, fue uno de los momentazos de la noche del Latino Rock.

La empatía de Rosendo

Antes del broche con Loquillo, tuvimos sobre el escenario del Valladolid Latino a otro habitual por estas tierras. Poco que añadir para Rosendo respecto a lo que exhibió el pasado año en Músicos en la Naturaleza y hace dos años en la misma Feria de Valladolid. En eterno formato de trío, sacó brillo a clásicos tanto de su carrera en solitario como de su etapa en Leño. Festejó con el público sus 30 años de carrera desempolvando ¿De qué vas?, Loco por incordiar y Quincalla o no, entre otros. Le pilló el toro y tuvo que precipitar su retirada con Maneras de vivir. Como siempre, el formato trío le sigue sentando genial. Y es que la sombra de Leño continúa siendo arriesgada. Rosendo sigue exhibendo empatía con toda una generación de público más que veterano, aunque hay que decir que lo de anoche también tuvo su toque intergeneracional. Rockeros de diferentes edades se repartían con facilidad por el escaso área de ocupación de público de la Feria de Valladolid.

En definitiva, una buena jornada de rock, cuyo punto crítico se para en la frecuencia con la que cada uno de los artistas de anoche se han dejado caer durante los últimos años por ciudades y provincias de Valladolid. Quizás algo poco exclusivo para lo que debería de ser la celebración del décimo aniversario del festival.

Mikel Erentxun comenzó a calentar una noche que comenzó con un flojo aforo

Menos de un centenar de espectadores recibieron ayer tarde el arranque del Valladolid Latino. Si se quiere, el pistoletazo más flojo en toda la trayectoria del festival pucelano que este año ha celebrado su décimo aniversario con la programación más estándar de su carrera. Los locales Sharon Bates fueron los encargados de abrir fuego ante un patio central de la Feria de Muestras con un ambiente tan despoblado como inflamable en cuanto a temperatura. Similar ocupación para Rodrigo Mercado. Fue ya con Mikel Erentxun cuando la ambientación tomaba formas de concierto aunque no de macro-festival. Según la organización, unas 2.500 personas ocuparon anoche la hora de máxima audiencia con Rosendo y Loquillo. La vista de pájaro no era tan generosa.

A la espera de los acontecimientos de la jornada pop de hoy sábado, el Día Rock de anoche tuvo a Loquillo como estrella principal del cartel. Antes hubo seis horas protagonizadas por rock cervantino y mayoritariamente veterano. Los 45 minutos de los vallisoletanos Sharon Bates se resolvieron con entrega y fidelidad. El cuarteto exhibió su habilidad para moverse entre el pop y el rock más vitamínico y locuaz en cuanto a textos. Por aquello de aprovechar metros de escenario, la primera línea del grupo estuvo frenética, especialmente su cantante Cristian. Cerraron con su último video-clip, Mil intentos, destacando títulos como Pierdo el control y Simsiri. Rodrigo Mercado, hijo del rockero carabanchelero templó la temperatura con un repertorio basado en su ópera prima, Puntualmente demora. Lejos de la actitud puramente rockera de su padre, Rodrigo aplicó sonidos y ritmos cálidos en el horario más inflamable de la jornada.

Cumpliendo el guión, Mikel Erentxun salió aescena para defender Corazones, su trabajo más reciente. En la banda, el guitarrista Joseba Irazoki y el bajista de Deltonos Fernando Macaya. Solo se marcó dos clásicos de Duncan Dhu como Cien gaviotas y En algún lugar, interpretándolos de una manera básica con olor a madera y club. Excelente Mañana, rescatado de Ciudades de paso, Un corazón llamado muerte y la óptica rockabilly de Corazones. Mikel sigue haciendo canciones diez y está en plena forma.

 

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