Loa al alcalde eterno de Valladolid

Vicente Garrido Capa, Irene Santamaría y Víctor Caramanzana. / H. SASTRE

La Cámara de Comercio de Valladolid hace entrega a Tomás Rodríguez Bolaños de la Medalla Corporativa de Honor de Oro a título póstumo tras su fallecimiento el pasado mes de noviembre

Lorena Sancho
LORENA SANCHOValladolid

Cuenta Óscar Puente, alcalde socialista de Valladolid, que se resiste a no seguir encontrándose a Tomás Rodríguez Bolaños paseando por las calles de Valladolid con toda su «bonhomía» a cuestas. Que le echa de menos. Tanto, que se emociona cada vez que el correo ordinario lleva aún al Ayuntamiento alguna publicación a nombre del exregidor. «Agradezco el error de la persona responsable de que ese nombre siga ahí», admite. Porque su inesperada muerte, a mes y medio de soplar el primer aniversario, dejó esa sensación agridulce de «no haberle hecho los reconocimientos en vida». «Pero la muerte le sorprendió a él y a todos, porque nadie esperábamos que nos fuera a dejar tan pronto».

Pero sus paisanos, su gente, se congratuló Puente, le brindaron el cariño día tras día, «y eso nos alivia». Y aún así, son muchas las instituciones que han querido reconocer a título póstumo la labor que el que fuera el primer alcalde de la Democracia realizó para transformar su ciudad. La última ha sido la Cámara de Comercio, que este jueves entregó a su mujer, Irene Santamaría, la Medalla Corporativa de Honor en su categoría de Oro por el apoyo que Tomás Rodríguez Bolaños brindó a la institución cameral y a la Feria de Valladolid. «Vicente Garrido Capa –expresidente de la Cámara– siempre cuenta que se fueron a Bruselas con Tomás y que volvieron con tres mil millones de las antiguas pesetas para mejorar la feria y construir esta Cámara», señaló el actual presidente del ente, Víctor Caramanzana.

En el acta que el pleno aprobó por unanimidad quedan reflejados los numerosos motivos por los que la Cámara quiso entregar la quinta medalla de su historia al exalcalde de Valladolid, sustentados en el reconocimiento público que hizo de su labor, en el diálogo permanente que abrió con el Ayuntamiento y en su contribución al desarrollo y modernización de la Feria de Valladolid. «Lo que más se acerca a lo que Rodríguez Bolaños significa para esta institución es que ha sido un ejemplo, porque su excelente trabajo transformó esta ciudad», añadió Caramanzana.

Al alimón con el expresidente, Vicente Garrido Capa, entregaron el reconocimiento a Irene Santamaría, y a sus tres hijos, Pablo, Jorge y Marta, que ayer, tras ser de sobra conocedores de la «humildad» que desprendía su padre, recogieron con «orgullo» el reconocimiento al «empeño y valentía que tuvo de apostar por los empresarios y las instituciones locales en pro de alcanzar un mejor bienestar para la ciudad», señaló Jorge Rodríguez, su hijo. «Ahora nos damos cuenta de sus grandes logros, que sus ideas fueron apoyadas más allá de colores políticos en pro del bien común», añadió.

De elogios y anécdotas llenó el escenario del salón de actos de la Cámara de Comercio su amigo, el exsecretario autonómico del PSOE, Jesús Quijano. Y lo hizo «con gusto y con nostalgia», porque Rodríguez Bolaños era «una persona normal, ni altivo, ni pretencioso, ni engolado. Antes, durante y después. El cargo no alteró su carácter». Dio fe de ello José Luis Rodríguez Zapatero, expresidente del Gobierno, quien se congratuló de que ayer le invitaran a participar en un reconocimiento a Tomás Rodríguez Bolaños, quien elogió, como vallisoletano de nacimiento, que el exregidor marcara un antes y un después en la ciudad. «Recordar a Tomás es fortalecer la Democracia, la promesa democrática de nuestro país y para Valladolid es reconocer a quien sin duda alguna está vinculado a esta noble, histórica y prometedora ciudad».

De Rodríguez Bolaños destacó Zapatero que siempre fue «un caballero» con él. Y ahí, dijo, lleva marcado y guardado el recuerdo del primer día que se encontraron después de ser elegido presidente del Gobierno: «Sus lágrimas de alegría en el abrazo que me dio». «De la generosidad uno nunca se arrepiente en la vida, seamos generosos», apoyó Rodríguez Zapatero, porque si algo caracterizó al primer alcalde de la Democracia fue «su capacidad de tender siempre la mano a un lado y a otro, con un carácter abierto, talante y una seguridad en sí mismo que expresaba con austera humildad».

Valladolid suma así un nuevo homenaje al hombre que «hubiera sido gran alcalde en cualquier época», destacó Caramanzana. Al regidor eterno que en un par de semanas perpetuará su nombre un poco más en la ciudad con el bautizo del Parque Juan de Austria como Tomás Rodríguez Bolaños. «Así, le seguiremos sintiendo cerca», deseó el alcalde.