Médicos Sin Fronteras alerta de la «criminalización» de la ayuda humanitaria

Ana Tomás, adjunta a la delegada de Médicos sin Fronteras Castilla y León, y el cirujano vallisoletano Javier Atienza, presentan la memoria de actividades de esta ONG. / Rubén Cacho

El cirujano vallisoletano Javier Atienza asegura que su labor en países en conflicto es más un estilo de vida que un trabajo

El Norte
EL NORTEValladolid

Médicos Sin Fronteras (MSF) España alertó hoy en Valladolid de la «criminalización» de la ayuda humanitaria, por lo que la delegada autonómica de la ONG, Ana Tomás, mostró su preocupación. «Antes había un gran respeto por nuestro trabajo pero cada vez somos más objetivo», sentenció tras recordar el bombardeo que sufrió el centro de cólera de MSF en Abs (Yemen) a las pocas horas de ser inaugurado pero también los secuestros y los chantajes al personal desplazado a los lugares de conflictos. Pese a esas amenazas, aseguró que «no hacer nada no es una opción» porque los trabajadores de Médicos Sin Fronteras son «gente tozuda», por lo que continuarán prestando atención sanitaria allí donde sea necesaria.

Algo que sabe muy bien el vallisoletano Javier Atienza, un cirujano de guerra que trabaja con MSF y que desde el año pasado ha estado desplazado en la República Democrática del Congo, Yemen, Gaza y Camerún, a donde regresará en unos días. «Más que una profesión es un estilo de vida», confesó hoy en la rueda de prensa que sirvió para que la ONG presentara su memoria de actividades en 2018. No en vano, explicó que a todo el mundo se le pasa por la cabeza, en algún momento, dejar todo y ayudar a los más necesitados, aunque no reconforte a familiares y amigos. «Comencé yendo tres meses para ir a África y ya llevo cinco años», apuntó.

Fue uno de los empleados de Médicos Sin Fronteras que sufrió el bombardeo del hospital de Yemen, aunque relató que, afortunadamente, no había pacientes en ese momento. Antes del verano, estuvo seis semanas en Camerún, país afectado por un conflicto en la frontera con Nigeria en la zona anglófona que fue a peor, con la criminalización de los pacientes y la atención médica fue un blanco más. «Éramos los únicos que estábamos atendiendo la emergencia humanitaria en ese lugar. Con una violencia continua, nos llegaban pacientes que necesitaban cirugía reconstructiva avanzada«, afirmó Javier Atienza. Esta crisis provocó cientos de miles de desplazados, muchos de ellos en zonas inaccesibles, pero la organización logró llegar hasta ellos para implementar programas de atención primaria y apoyar a los centros de salud.

15 horas al día de quirófano

Atienza señaló que solo estuvo seis semanas en su última misión en Camerún porque necesitaba descansar después de encadenar misiones desde marzo de 2018, con muchas jornadas de hasta 15 horas de quirófano. Relató que en la mayor parte del continente africano no hay hospitales con atención gratuita. «Un paciente con apendicitis clásica debe pagar antes las suturas, el anestesista y el cirujano», precisó. De ahí la importancia de los centros de ONGs como Médicos Sin Fronteras o de organizaciones religiosas. Este vallisoletano recordó que la cirugía reconstructiva por heridas de armas de guerra obliga a realizar entre quince y veinte operaciones, por lo que es un coste «inasumible» para los heridos y sus familias. A todo ello se suma que apenas hay profesionales para acometer cirugías plásticas, sobre todo en países africanos.

El cirujano de guerra manifestó que, una vez pasado el proyecto de emergencia, el personal de MSF trata de formar a los profesionales médicos locales. «Es la única manera de evitar crear un monstruo porque es imposible que estemos siempre en esos países», expuso.

La intervención en Camerún fue una de las mayores acciones de MSF España, junto con la de Etiopía, donde la violencia interétnica provocó que casi millón y medio de personas huyeran de sus casas en Gedeo, en el peor desplazamiento del año. La organización reaccionó lanzando una intervención de emergencia para proporcionar atención pediátrica, vacunación, agua potable y salud mental a la población. «Lo que más mata a la gente no son las balas sino las consecuencias del conflicto como la malnutrición, las enfermedades y las epidemias», añadió Atienza.

Presencia en 28 países

Médicos Sin Fronteras estuvo presente en 28 países el año pasado y destinó el 88 por ciento del total de su gasto a la misión social como dar asistencia médico-humanitaria en los proyectos y realizar actividades de sensibilización ciudadana. Los ingresos de la organización (186 millones de euros) procedieron en un 99 por ciento de fuentes privadas como socios, donantes privados, empresas, herencias y fondos propios de la entidad. El origen de estos fondos, apuntó Ana Tomás, garantiza mantener la independencia de la acción médico humanitaria de MSF. La ONG cuenta con un total de 569.022 socios y colaboradores en España, de los que 24.840 son de Castilla y León.

MSF España también asistió en 2018 a población desplazada y en movimiento en América Central y del Sur. Y en el Sahel, luchó por llegar a las zonas más aisladas y llevó clínicas móviles a zonas donde los centros de salud habían cerrado, como en Diffa y Douentza, en Níger. La atención a víctimas de violencia física y violencia sexual fue también una prioridad el año pasado. En el primer caso, aumentó especialmente entre los refugiados sursudaneses que llegaban a Gambela (Etiopía) y los rohingyas huidos de Myanmar a Bangladesh, cuyo éxodo masivo cumple esta semana su segundo aniversario.

La República Democrática del Congo afrontó nuevamente diversas crisis y fue el país al que más fondos destinó MSF España. La organización atendió en diversas provincias a las comunidades afectadas por enfrentamientos armados, que causan grandes desplazamientos y un número importante de agresiones sexuales. También respondió a muchos brotes epidémicos, como el ébola, que cumple ahora un año.

Los equipos de Médicos Sin Fronteras España prestaron 2,2 millones de consultas externas, hospitalizaron 197.357 pacientes y atendieron unos 48.000 partos.

Mediterráneo

En cuanto a los rescates en el Mar Mediterráneo, Javier Atienza subrayó que nadie se quiere marchar de su país y arriesgar su vida para llegar a Europa. «La gente de esos países sufre violaciones, ejecuciones y decapitaciones a diario, por lo que no tienen nada que perder», sentenció. El cirujano de guerra opinó que no hacer nada no es la solución y reclamó a la Unión Europea cumplir con sus obligaciones de rescatar a los inmigrantes náufragos así como actuar en sus países de origen. «Por supuesto que hay mafias que se aprovechan de esas personas pero lo que importa son los refugiados que se ven obligados a marchar», sentenció.

En el mismo sentido se pronunció la delegada autonómica de MSF al reclamar a la UE mecanismos de desembarco para las ONGs que rescatan a personas en el mar, su reubicación rápida en los países y bloquear la colaboración con Libia. «No es un lugar seguro porque hay extorsiones, torturas y detenciones, por lo que no devolveremos a estos individuos a ese país del norte de África», significó.