Emilio de Justo, en otra dimensión

Juan Bautista y Emilio de Justo salen a hombros en la plaza de toros de Valladolid./Ramón Gómez
Juan Bautista y Emilio de Justo salen a hombros en la plaza de toros de Valladolid. / Ramón Gómez

El extremeño cuajó la tarde con una interesante corrida de El Pilar y salió a hombros con Juan Bautista, en una tarde con dos tercios de entrada

Lorena Sancho Yuste
LORENA SANCHO YUSTEVALLADOLID

Cargaban con Emilio de Justo a cuestas cual Mesías en la Resurrección. Asomaba su sonriente gesto por la calle Coso como quien resurge de sus cenizas tras más de una década de lucha muda. El extremeño, con tres orejas en las estadísticas vacías del toreo, era dueño del poso con el que acababa de impregnar sendas faenas en una interesante corrida -aunque desigual presentada- de El Pilar. Suya era la torería, el no sé qué que llegó a los tendidos, la pureza en la que se embrocó y la elegancia con la que reclamó su sitio.

Andaba eolo enredando en el camino hacia una anunciada tormenta cuando Emilio de Justo recibió a Mirador. Verónicas hieráticas, cosidas al alma, en una suavidad con la que después moldearía también la muleta. Fueron tandas cortas pero precisas, con detalles clásicos pero enraizados en sus inicios, hace ya once años.

Con el segundo de su lote, quinto bis tras la lesión del titular, fue otro cantar. Una media verónica lenta, eterna, como el puyazo que después recibió en varas antes de derribar al picador. 'Mirabajo' puso fijeza y recorrido en las telas del extremeño, primero a media altura, después, con otro aire, metido en cadenciosos derechazos, con un remate milimétrico del pitón midiendo el pulso en la cadera. Rodó con descabello el animal, ovacionado. Y dos orejas para refrendar su buen hacer.

Más allá de estadísticas de trofeos de la tarde, algunos excesivos, en su salida a hombros le acompañó Juan Bautista, excelente lidiador que cimentó sus faenas sobre una pulcra técnica pero cuyo peso, por la Puerta Grande, no valía igual. Con el primero, largo como un tren, aprovechó la codiciosa embestida del toro para ligar cuatro tandas por el derecho que le valieron una oreja. Con el cuarto arrancó el trofeo a base de entrega y constancia ante un flojo oponente.

Intentó extraer agua de un pozo seco López Simón con el sexto manso. Quiso cortar el segundo apéndice que le valiera su salida a hombros tras una desigual faena al primero. Se pegó el arrimón y marró con la espada. Se fue a pie.

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